"La vida me enseñó que a veces no es posible seguir agarrado a las cosas hasta que duelan las manos, hay que saber soltar a tiempo, antes que el dolor sea caro para las manos y las cosas." Sammy Szusterman (1951-) argentino, arquitecto y amigo

miércoles, 11 de marzo de 2009

dar testimonio

Artist's Hands Nancy Mueller Sheperd

Nací en el 59, en una familia porteña de clase media. El componente judío en su cosmovisión sionista se me fue inculcado lenta pero inexorablemente, por mandato paterno. Tan inexorable como la tan necesaria y determinante separación entre judaísmo y sionismo que se fue operando a lo largo de mi vida, y de la cual hoy quiero dejar mi testimonio.

No me inspira el rencor, ni el desprecio, ni tan siquiera el más leve repudio a la figura o a las ideas de mi padre, al que aún en su ausencia sigo amando. El formó parte de un tiempo y un espacio, en el cual el mundo se debatía entre las afirmaciones nacionalistas de múltiples signos junto con profundos anhelos de igualitarismo y liberación social.

Ese mundo hoy ya no existe. Pero uno de sus sueños, Israel, emblema trascendente del hogar nacional del pueblo judío se ha realizado. Muy a pesar de mi padre, el Estado sionista se ha transformado en una pesadilla, tanto para los judíos que han decidido vivir allí, como para el resto de nosotros, a muchos de los cuales no nos representa, ni nacional, ni política, ni espiritual, ni emocionalmente. Pero sobre todo una pesadilla sin fin para los árabe-palestinos, que viven a merced de su intransigencia, su arrogancia y su brutalidad.

Sin embargo, desde muy pequeño, y dentro de un marco muy sensible y amoroso fui educado en los valores judíos que mi padre creía indisolublemente ligados a la ideología sionista.
Concurrí a una escuela judía, que gracias a los desaciertos y complicidades de la dirigencia judeo-argentina de los 90, hoy ya no existe.
Guardo bellos e intensos recuerdos de mi infancia allí, pero dos, por su particularidad e intensidad aún mantienen la fuerza de su impacto.

El primero veo un aula con poquísima iluminación.
Al fondo seis enormes velas encendidas que me estremecieron (supongo que mis seis años las habrán visto gigantes) .
Conmemoraban los seis millones desaparecidos en la hoguera de la Shoa, algo decididamente incomprensible para un niño, inexplicable para un adulto. Esas velas estaban para recordar un holocausto, pero también para inculcar una temprana victimización.

El segundo recuerdo llenaba un patio con niños corriendo, jugando, divirtiéndose.
Junio del 67. Guerra de los seis días. Maestras en una escalera escuchando las últimas noticias. Que Israel estaba siendo atacada, que nuestra condición judía estaba en peligro, que tantos aviones derribados, que tantos tanques destruidos, que el enemigo sufría el nuevo heroísmo y la flamante valentía judía.
De pronto dos milenios de persecuciones, infamias, progromos, hogueras y hornos habían concluido. La perfecta construcción del mito sionista.

En la secundaria empezaron los problemas. El mundo acristalado de mi niñez se había roto. Y salí asperamente al mundo, cargado de ambigüedad y confusión.
Y fui lanzado como una flecha tendida al infinito por deseos y anhelos ajenos. Israel era el destino frustrado de mi padre. Y de pronto me encontré perdido entre diferentes lealtades y afectos. Mis compañeros y amigos se habían dividido entre mi juvenil militancia sionista y la escuela pública, laica, conflictiva e incluyente a la vez.

Cual era mi nacionalidad? Cual mi religión? Cual el sentido de mi existencia al fracturarse allá por mis catorce, mi conexión existencial con ese Dios único, acogedor y omnipotente a la vez?

La guerra del 73, la del iom kippur, volvió con la agitación de la supervivencia nuevamente amenazada. La infamia árabe al atacar en un día sagrado.
La propaganda manipuladora continuaba.

Llegué al clímax sionista en el 80 en mi primer y único viaje a Israel. En dos idílicos meses observé un país maravilloso, pujante, emotivo, inundado de vergeles y hombres y mujeres orgullosas. El otro país, Palestina, con sus habitantes sojuzgados, sus miserias inducidas, sus dolores, sus humillaciones me fueron deliberadamente ocultados.

Y esa otra realidad irrumpió abruptamente dos años después, cuando recibimos noticias del Líbano, donde Israel ya no era un país victimizado y agredido, sino incomprensiblemente agresor.
Aliado a brutales falangistas cristiano-libaneses. Cómplice imperdonable de éstos en los campos de Sabra y Chatila, que con sus niños y ancianos asesinados, revelaban que la crueldad ya no anidaba únicamente en los otros. Mi fe monolítica se resquebrajó.

Pasaron muchos años para comprender que Israel jamás había sido víctima de perfidia arabe alguna, que la agresión expansionista fue su norte, que la conquista territorial y nacional su fin.
Paradojas de la modernidad. La ideología sionista, extraña amalgama inspirada indirectamente en los bordes del bolchevismo y del nacionalismo ruso del siglo XIX se constituía en el último estado neocolonial del XX.

Descubrí la existencia de otro pueblo, otros derechos, otras realidades. Me alegraba cuando la paz se acercaba, seguida de una nueva e iterativa decepción. Comprendí que había otro Estado que reclamaba su existencia. Comprendí y comprendo que por los caminos del nacionalismo y la división, la paz es irrealizable.

Y en mi juventud y adultez fui optando por mi verdadera nacionalidad hispanoamericana, desarrollando un intenso afecto por mi país.
Argentina, tierra de inmigrantes, conflictiva, indisciplinada, creativa, culta, moderna y atrasada, expulsiva y contenedora. Un país con más futuro que pasado. Ejemplo presente de multiculturalismo, encuentro de religiones y creencias. Áspero para la política, ameno para la convivencia. Aunque pocos lo comprendamos y valoremos en su justa dimensión, imbuidos del presente abusivo de la sinrazón mediática.

Mis creencias íntimas fueron transmutando en un dulce y pendular agnosticismo que anega hoy en día, todos mis afectos, emociones, sentimientos y pensamientos. Libertad para sentir y amar. Anhelo de verdad y conocimiento. Disolución de todo velo manipulador y engañoso.

Había abandonado para siempre el gueto autoimpuesto, el clan acogedor, el muro divisorio, la condición victimizante, la frontera sectaria, la frágil caja de cristal y porcelana.

Ese abandono es el que me permite disfrutar y potenciar la libertad para y desde mis hijos, valorar la amplitud y variedad de mis amigos, apreciar y amar el cristianismo débil, bello y amoroso de mi mujer. Nunca le había contado, hasta hace unos pocos meses, mi historia en ese patio de escuela y no puedo olvidar su asombro, indignación y extrañeza ante algo que a mi siempre me pareció natural. Niños y maestras pendientes de una guerra tan extrañamente propia como brutalmente lejana.

Amar la diversidad, amar el islam, tan cercano al judaísmo, adorar el "choque de culturas y civilizaciones". Adorar los maravillosos momentos en que la humanidad fue una y diversa a un tiempo, como la España luminosa de sus dorados siglos, muy a pesar de un tal Aznar y sus notorios nostálgicos del monocromatismo.

Israel y el "pueblo judío" fueron quedando paulatinamente, cada vez más lejos. Para ser más claros, Israel quedó cada vez más lejos de mi, de tantos otros judíos, como del judaísmo mismo, al que visceralmente siempre rechazó.
Sin embargo, a medida que se iba descascarando mi sionismo, aún seguía creyendo que, aún con sus errores y horrores, Israel, era garantía de supervivencia para los millones de judíos diversos que vivimos integrados a cientos de países.

Hoy estoy convencido, sin ser el único dentro del complejo universo judío, que la verdad es decididamente inversa. La políticas sionistas de la nación israelí junto con el modo de su esencia étnicamente segregacionista constituyen el mayor riesgo, peligro y desafío para la existencia y coexistencia de judíos piadosos o asimilados, laicos o ateos, agnósticos u ortodoxos, liberales o socialistas, vivan estos dentro o fuera de los confines de la Tierra Santa.

Amén de constituir una amenaza perenne para la comunidad arabe-palestina que cohabita el mismo suelo.

El plomo fundiendo Gaza fue el molde que confirmó el oximorón de concebir a Israel como una nación democrática y judía. Es un Estado Sionista y punto, estandarte artificial de la discontinuidad con la tradición y los valores cosmopolitas del judaísmo. Mis ideas han seguido evolucionando desde mi post del 29 de julio del 2008 (ser judío) al punto de rechazar plenamente todas sus políticas. Creo que la partición de Palestina por la ONU en el 47 fue un fracaso, por lo que la creación de un Estado Árabe Palestino seguirá esa misma aunque evitable hoja de ruta. Me aproximo a los que sostienen que sólo la disolución pacífica del Estado hebreo que anteceda al nacimiento de un único Estado binacional , democrático, integrador e inclusivo de toda diversidad étnica, social y religiosa será la solución más realista al larguísimo dolor de Palestina. Vaya utopía.

La persistencia del conflicto, las vidas inútilmente perdidas de ambos bandos, los atentados en Jerusalém, Madrid o Buenos Aires, han sido hitos que, junto con los libros a los que me he ido animando, poblados por recientes descubrimientos arqueológicos y profundas investigaciones desmitificadoras, muchas de ellas desarrolladas por los nuevos historiadores israelíes, me motivaron a ver otra realidad y dar testimonio de ello.


Testimonio que necesito dar para intentar derramar algo de luz, antes de que la barbarie termine por imponer su lógica de hierro, la de responder con más barbarie para acabar con ella.


PD: Estoy terminando un libro apasionante, profundo, riguroso y esclarecedor, (que en un próximo post voy a comentar) de un catedrático judío de la Universidad de Montreal, Yakov Rabkin, (Contra el Estado de Israel, Historia de la oposición Judía al sionismo). Me espera la Historia de la Palestina Moderna y Limpieza Étnica en Palestina del prestigioso "nuevo historiador" israelí Ilan Pappe y el libro recomendado por el Dr. Freud, aún no editado en la Argentina, Como y Cuando se Inventó el pueblo judío de Shlomo Sand, libro cuestionador del mito sionista, paradojicamente éxito de ventas por meses en la mismísima Israel.

domingo, 22 de febrero de 2009

hommo videns, ex sappiens


Gaza ya fue abandonada por la prensa. Su espacio es hoy ocupado por la ola de calor que agobia Buenos Aires, los incendios e inundaciones australianas, las ominosas declaraciones negacionistas del obispo Williamson, las caricaturas racistas del New York Post de un tal Murdoch, las reiteradas caídas de la riqueza de los inversionistas anónimos de Wall Street y los bellísimos elefantitos siameses de Tailandia.

- Pero si no han nacido elefantes siameses en Tailandia.

- Si no han nacido, pues, ya nacerán.

- Pero es que Ud. lo comenta como una noticia verdadera.

- Vaya escéptico, acaso son verídicas las otras que le comenté? Y verdadera se escribe con b larga, imbécil !!!

La humanidad correrá otra página de sus crónicas cotidianas. Así seguiremos construyendo "istorias" sin haches ni mayúsculas. Sin comas, ni pausas, sin signos de admiración, esperanza, interrogación u horror. Sin sentido alguno. Hoja sobre hoja, texto sobre texto, confundiendo, ocultando, eludiendo. Mirando telediarios de 24 horas.

- Es deber suyo estar informado y conocer todo lo que ocurre en el mundo. Es propio de toda persona culta, instruída y actualizada.

- Pero, para qué quiero enterarme de los elefantitos siameses de... donde queda Tailandia?

- Y para que quiere saber lo wall street, robert murdoch, el obispo ese que no me acuerdo que estaba negando y el otro joven negro que se las da de presidente. Para pertenecer al mundo, idiota!!

- Pero, ... y Gaza? Los muertos, los heridos, los niños, el abandono, el miedo, el dolor, el valor, el ....

- Ya fue, zopenco, y ocupese de lo nuevo que le estamos informando.

Y así pasarán gaza bombardeada y los trenes equivocados de atocha y el tsunami con sus pobrecitos europeos y sus desconocidos asiáticos y la demolición controlada del 11/9 y unos extraños terroristas espolvoreando londres y policías londinenses equivocándose en las tripas de un inútil brasilero e irak cargada de furia y pavura y afganistán con sus montañas evaporadas y los tutsi asesinados en ruanda y el napalm pintando vietnam y y los khmer rouges despachándose burgueses y la plaza tian am men inundada de rojo y el ejercito rojo violando alemanas y el zar iosif congelando propios y extraños en sus rojos gulags y los arios y rubios ese ese llenando hornos y obturando fosas comunes con judíos y gitanos y adolfo limpiando de dementes y paralíticos la tierra sagrada del reich y alemanes por un lado y rusos por el otro devorándose poblados polacos con sus niños adentro y millones de ucranianos aplastados por el hambre primero y por los tanques después y las incursiones británicas de los mil bombarderos chamuscando dresde y hamburgo y cuanta carne viva se interponga y el enola gay desparramando lluvia negra y muchísimo calor en la soleada hiroshima y los ustachas croatas acogotando malditos serbios y los malditos serbios limpiando de su etnia a los sucios bosnios y la otan bombardeandolos a todos y el joven mussolini fusilando partisanos y el viejo franco limpiando comunistas y los comunistas despellejando curas y los curas despachando hogueras y esa parte humana tan humana construyendo divina humanidad.

Y también pasarán al olvido hannah arendt y y margarite buber-neumann y albert einstein y jonas salk y albert schweitzer y albert sabin y miguel angel y leonardo y groucho marx y walt whitman y cristoforo colombo y alba tomas edison y miguel de cervantes y william shakespeare y miles davis y john lennon y mozart y erik satie y alfred hitchcock y vassili grossman y primo levi y mahatma ghandi y ava gardner y frank sinatra y simon bolivar y san martín y mariano moreno y danton y victor hugo y alejandro dumas y jean jacques rousseau y nelson mandela y martin luther king y malcom x e ingmar bergman y federico fellini y enrique santos discepolo y astor piazzolla y federico garcia lorca y fernando fernan gomez y luis buñuel y victor frankl y baruch spinoza y ray charles y billie holiday y louis armstrong y duke ellington y roberto goyeneche y miguel angel asturias y j.r.r. tolkien y paul klee y joan miró y le corbusier y george gershwin y juan xxxiii y averroes y ali ibn arabí y moisés de leon y alfonso x y san francisco de asis y george harrison y jimmie hendrix y cole porter y vasili kandinski y walter gropius y antoni gaudí y winston churchill y buster keaton y walter benjamin y ludwig van beethoven y oscar wilde y vincent van gogh y y farncisco goya y paul gaughin y pablo picasso y johann sebastian bach y jorge luis borges y miles, miles y miles de futuros desconocidos que de tanto en tanto algún oscuro editor de televisión rescatará en 4 veloces segundos, el aporte invalorable que nos han legado.

Junto a los encantadores elefantitos siameses de un país llamado tailandia. Ubicado en la lejana europa.

viernes, 30 de enero de 2009

sobre idas y retornos

joan miro (1893-1983), paisaje (la liebre)
óleo sobre lienzo, otoño 1927


Serán solo quince días.
Quince días de efímera distancia hacia mis amigos.
Quince días para extrañar la apertura del blog y encontrar alguno de vuestros anhelados comentarios, que me acompañan, me enriquecen, me complementan, me alimentan.
También serán quince días en que no husmearé en las páginas hermosas y cautivantes de vuestras bitácoras. Que leo constantemente aún cuando deje pocos rastros.

Quince días que perderemos nuestro cálido contacto interoceánico.

Los buscaré ansioso a mi regreso, levemente bronceado quizas.

Dejo latir con vosotros un trazo de música y una pequeña selección de mis notas.


Dedicado a la ampliación de nuestra pequeña e inmensa comunidad.






Discover La Portuaria!



Discover Jobim & Elis!







Discover Mercedes Sosa!



Discover John Lennon!



Discover John Zorn!



Discover Cecilia Bartoli!



Discover Aníbal Troilo!





1. el lenguaje, constructor de la cultura

2. discriminar es una buena acción

3. ser agnóstico

4. la banalidad del heroísmo

5. ser judío

6. nuestras otras vidas

7. proclama contra la tolerancia

8. juventud o la pérdida de un tesoro mal buscado

9. las trampas de la memoria

10. de fragilidades y fracasos

martes, 27 de enero de 2009

el poder en los tiempos de la arrogancia

El poder, sugirió Brelin, 1 en realidad no era "sino espejos y humo azul. Si alguien te dice como debes mirar, puedes ver en el humo formas magníficas, castillos y reinos (...). El poder es una ilusión".
Parte de la ilusión es que el poder existe solo mientras los demás crean que lo tienes. En cuanto dejan de creerlo, desaparece rápidamente.

Anthony Summers 2


Anthony Summers (1942-), antiguo corresponsal de guerra y periodista de la BBC ha escrito una biografía fundamental para comprender el ascenso y la caída de uno de los líderes más cuestionables, perniciosos y peligrosos que han tenido los EEUU y por transición el mundo entero.

Resulta fascinante el acceso a las vidas de aquellos personajes siniestros y crueles, como los casos de Hitler, 3 Mussolini, 4 o el mismísimo Josip Stalin, los tres líderes que marcaron a sangre y fuego el siglo pasado. Impacta observar la maliciosa construcción del poder, la divinización del líder, la tosquedad en la toma de decisiones, la brutalidad para tratar a amigos y enemigos, la manipulación social y política.

El mayor aporte que nos lega Nixon, La Arrogancia del Poder, es constatar como parte de ese universo, propio de dictaduras totalitarias o estados policíacos, con las obvias diferencias del caso, no ha sido ajeno a la historia íntima de la institución presidencial americana, siempre tan proclive a la idolatría, mistificación o a la simulación más lisa y llana posible.

Afecto a las mentiras más despiadadas, a la más implacables persecuciones políticas a opositores reales o imaginarios, al pensamiento conspirador por excelencia, Richard Nixon construyó una imagen idealizada de sí mismo, brutalmente alejada de la realidad. Realidad que los americanos, creyeron, acompañaron y apoyaron, sobre todo en la reelección presidencial de noviembre de 1972 al ofrendarle más del 60 % de sufragios, a pesar de que el escándalo Watergate ya se había consumado.

A menudo tendemos a recordar la famosa incursión, robo y allanamiento en las oficinas del Comité Nacional Demócrata ubicada en los modernos edificios Watergate como un simple y desafortunado intento de espionaje político.

Sin embargo, está no fue sino la punta de un ovillo más profundo y complejo que involucraba a RN y sus hombres con una sucesión de delitos destinados a subvertir el orden constitucional y violar los más elementales derechos individuales.
Delitos y conspiraciones que no fueron ajenos a RN a lo largo de toda su extensa vida política, que desplegó y cristalizó con una arrogancia y un cinismo implacable desde su fallida presidencia.

Su implicación en Bahía Cochinos, los intentos por asesinar a los hermanos Castro, el sabotaje a las conversaciones de paz promovidas por su antecesor Lyndon B. Johnson entre las dos Vietnam, sus íntimas e intensas vinculaciones con la mafia, el delito de aceptar dinero de regímenes extranjeros para su reelección presidencial, sus relaciones con la dictadura de los coroneles griegos, el espionaje sexual, fueron algunas de las causas y circunstancias que rodearon al infame Watergate.

Así como su mayor legado estuvo en el campo de las relaciones internacionales, con su encuentros con Leonid Brezhnev y Mao Zedong y su afán por lograr una distensión entre el mundo capitalista y el socialista, ahí también se establece uno de los paradigmas más feroces de su presidencia y que se define con un sólo nombre: Vietnam.

Su afán guerrero, su oscuro anticomunismo, la crueldad al imponer furibundos e indiscriminados bombardeos sobre la población civil de Vietnam del Norte, sus secretos e ilegales ataques aéreos sobre Camboya, su apoyo incondicional al régimen corrupto y poco democrático del survietnamita Nguyen Van Thieu y la obstinada negación al ver que el fracaso militar era irreversible fueron la marca de hierro de una administración inflexible y arbitraria.

Impacta constatar esa condición humana tan propia de todo poder absolutista, que es la pasión por el secretismo, el ocultamiento, el engaño y la manipulación de la verdad. Y la íntima sensación que baña toda alma y cuerpo poderoso: la impunidad.

RN la llevó a niveles exasperantes y paranoicos al haber ordenado la grabación de su propio accionar gubernamental, disponiendo la instalación de micrófonos en todos los despachos presidenciales desde el Salón Oval, hasta el Executive Office Building, pasando por la Sala del Gabinete o su estudio en Camp David. Todo visitante extranjero, todo asesor, todo secretario de estado fue grabado secretamente por RN, incluyéndose a sí mismo.

Y si bien otros presidentes, como Johnson, asentaban algunas conversaciones que por su importancia merecían la grabación oficial, Nixon llevó su paranoia a límites increíbles al registrar íntegra y automáticamente todas las vicisitudes de su presidencia.
Su impunidad fue también la marca indeleble de su fracaso. Esas grabaciones finalmente contribuyeron a su ostentosa caída.

Es asombroso comprobar que en la actualidad existen casi 4.000 horas de grabaciones y que sólo 60 horas fueron proporcionadas a la Watergate Special Prosecution Force, luego de una áspera batalla legal que llevó más de un año, allá por 1974. De esas 60 horas, sólo 12 y media (y solo en forma de transcripción editada) fueron puestas a disposición del público, seis años después del Watergate. !!!
En los noventa fueron publicadas otras 851 horas, "gracias a un mandato del Congreso para que el público conociera toda la verdad sobre los asuntos, definidos por el archivero de los Estados Unidos, como un abuso de poder gubernamental". 5
La última desclasificación, por parte del National Archives, de las comprometedoras cintas fue realizada el 2 de diciembre del 2008, llevando la cifra a 2.217 horas. Aún toda la verdad no se encuentra disponible.

Gracias a las primeras 864 y junto al testimonio de más de 1000 entrevistas a personajes imprescindibles de aquella época, como secretarios de estado, asesores presidenciales, agentes del servicio secreto, jefes de estado mayor, congresistas y senadores, periodistas e investigadores más los propios ladrones del Watergate, Summers logra un acabado retrato no sólo del perfil político y personal de RN, sino una visión amplia y contundente al interior de uno de los escenarios más concentrados del poder en el siglo XX.

El dirigido derrocamiento de Salvador Allende, la muy poco conocida crisis nuclear entre EEUU y la Unión Soviética durante la guerra arabe-israelí de octubre de 1973, el empleo de la violencia contra sus detractores, los maltratos físicos infligidos a su mujer Pat, su adicción al alcohol y algunas drogas son algunas de las explosivas revelaciones logradas en esta muy documentada biografía.

Destacadísimos son sus últimos capítulos donde se describe magistralmente la caída final de la presidencia de RN con la profundidad, intensidad y suspenso propias de un eficaz thriller político.

Para graficar su inestabilidad psíquica y emocional valen las notables afirmaciones realizadas por el psiquiatra que atendía secretamente a RN, Arnold Hutschnecker quién recomendaba que "los líderes potenciales deberían ser sometidos de antemano a chequeos exhaustivos por parte de médicos y psiquiatras". Proponía que el gobierno tuviera siempre a mano un médico capacitado "para levantar la voz cuando las ambiciones humanas, la codicia y el abuso de poder empezaran a escapar de control". Había que "explorar las posibilidades de nuestros líderes más allá de lo puramente político para garantizar que los más brillantes sean también los más sanos mental y moralmente". 6

Han pasado casi 35 años de su debacle, cualquier semejanza con una realidad más próxima a nuestro tiempo es pura, cínica y forzada coincidencia.

Cuantos años deberemos esperar para desclasificar a su mejor discípulo?

NOTAS AL PIE
1 El escritor y periodista neoyorquino Jimmy Breslin (1929-), fue columnista del New York Herald Tribune y ganador de un premio Pulitzer. Junto con el gran dramaturgo Norman Mailer se presentaron a las elecciones de la alcaldía de New York en 1969,
como independientes, sin lograr el objetivo, durante la primera presidencia Nixon.
2 Summers, Anthony, Nixon, La arrogancia del poder, Ediciones Peninsula, octubre de 2003, pg. 575.
3 Para comprender el desarrollo de la personalidad, el ascenso, la construcción del Fürher y la brutal caída de Hitler, junto a una comprensión del funcionamiento del Tercer Reich, recomiendo la monumental biografía en dos tomos del profesor Ian Kershaw, el más completo análisis del nazismo y su caudillo. Kershaw, Ian, Hitler 1889-1936, Edición Península, 2001 y Kershaw, Ian, Hitler 1936-1945, Edición Península, 2001
4 Para una descripción del fascismo y la figura absorbente de su Duce, Mussolini recomiendo la biografía del australiano Richard J. Bosworth, en línea con la metodología de Ian Kershaw. Muy interesante es el capítulo inicial, donde se marcan diferencias y similitudes con el Fürher. Bosworth, R.J., Mussolini, Edición Península, 2002
5 Summers, Anthony, Nixon, La arrogancia del poder, Ediciones Peninsula, octubre de 2003, pg. 437
6 Ibídem, pg. 564

miércoles, 21 de enero de 2009

la guerra de las palabras


Habitualmente trato de desarrollar ideas o posturas filosófico-políticas con mis propias e humildes palabras.
Pero habiendo encontrado la horma justa de mis zapatos en los certeros y potentes conceptos del gran filósofo argentino Tomas Abraham, no me queda más que linkear su gran nota.

Coincido en un todo con sus palabras, nos une los resabios humanistas de nuestra condición judía, por lo que compartimos misma repulsa y misma aversión a la política militar israelí aplicada cruelmente en la mitad de la vieja y futura tierra palestina, llamada Gaza.

Compartimos también, mismo rechazo por las "buenas conciencias". Esos oscuros exaltadores del odio, propagandistas del eterno conflicto humano, progresistas de salón, miserables ocultos tras bellas, agradables y correctísimas máscaras.



La Guerra de la Palabras
Nota de Tomas Abraham publicada en Perfil 16-01-09

viernes, 16 de enero de 2009

de fragilidades y fracasos


Vivir muy lejos de la tragedia, es colocar mi corazón lo más cercano posible junto a las personas que sufren y lloran por la lógica cerrada de la guerra.
Entendida ésta como el más implacable fracaso humano.

Fracaso al disolver toda convivencia.
Fracaso al abandonar la imaginación.
Fracaso al negar sensibilidades comunes.
Fracaso al amnistiar la propia miseria.
Fracaso al vaciar de humanidad el cuerpo del otro.

La guerra congela el odio, enaltece la venganza, premia la crueldad, pero nos humilla con la eternidad de su fracaso.

Somos envases muy suaves y frágiles para aceptar resignadamente la descarga de su furia incontenible, su ceguera absoluta, su verdad indiscutida, sea en la forma expansiva de una bomba de racimo o de un cilindro de dinamita adherido a la piel.

Y si alguna vez pudo haber sido justa guerra alguna, si sus nobles causas la justificaran, si la pura y mera supervivencia la absolviera, es justo también testimoniar a la vista de todos nosotros, que el fracaso que le impone al futuro, en la sangre vertida de un niño siempre inocente, la condena implacablemente.

La guerra castiga a los vencidos con el virus del resentimiento, pero condena a los victoriosos con el pecado mortal de la arrogancia. Estelas del circulo vicioso y rutinario del fracaso.

Romper su esclavizante rutina, requiere de coraje, valentía y temeridad, no de heroicos y audaces soldados, sino de hombres dispuestos a tender la mano al otro, a apreciar su divina subjetividad, a subvertir la propia y mentirosa verdad.

Hombres dispuestos a tolerar la propia fragilidad.

"Si la piedra cae sobre el cántaro, desdichado cántaro; si el cántaro cae sobre la piedra, desdichado cántaro; de cualquier manera es siempre el cántaro quien sufre."
Talmud
(comentarios y explicaciones de las tradiciones orales judías)


jueves, 8 de enero de 2009

el retrete de la dignidad

Sencilla, intimista, con una estética y una fotografía minimalista, acompañada de un trabajo actoral estupendo.

Pocas palabras para definir esta maravillosa película uruguaya, una perla oculta entre el maremágnum estival de bodrios americanos, inundados con efectos especiales y fuegos fatuos.

El Baño del Papa, relata las peripecias de un humilde pueblo de la frontera uruguaya con el Brasil, revolucionado ante la inminente visita de Juan Pablo II en 1988.

Los habitantes de Melo, alentados maliciosamente por la televisión local, deciden invertir todos sus recursos para ofrecer alimentos a los supuestos peregrinos brasileros (calculaban 40.000) que llegarían con la visita de su santidad. Así hipotecarán sus casas, gastarán todos sus ahorros, pedirán créditos con la sutil esperanza de abandonar "para siempre" esa pobreza provinciana que los asfixia.

A la vuelta de la esquina aparece el sueño de alcanzar la salvación material, gracias al golpe de suerte que les ofrece la visita del príncipe viajero de la cristiandad, vendedor de otras salvaciones.

Beto, un contrabandista hormiga, decide invertir todos los dineros de su mujer, para construir un pequeñísimo baño que pueda atender las necesidades de los visitantes, en lugar de poner un puesto de comida como el resto del pueblo. Así echará por tierra tanto su anhelo de comprarse un ciclomotor que le permita aliviar el enorme esfuerzo de recorrer en bicicleta 160 km diarios para ganarse unos miserables pesos, como los sueños montevideanos de su hija que desea convertirse en locutora radial, y así escapar de la cotidiana mediocridad.

Las hechos que se van sucediendo construyen un film cargado de ternura y humanidad, tragicómico por momentos, que a la manera del neorrealismo italiano, va desplegando toda la intensidad, la idiosincrasia y la esencia popular latinoamericana, vistas desde la particular expresividad oriental.

El cotidiano abuso de poder, la corrupción extorsiva del oficial aduanero, las lealtades de amigos y vecinos, la aguda conflictividad familiar, son algunas de las pinturas que van perfilando la fragilidad de ese universo pueblerino.

No es un film ideológico, no baja línea, ni hace una exégesis de la pobreza. Tampoco es una película costumbrista y banal. Nos permite adentrarnos en ese mundo carenciado, nos alienta a compartir sus contradicciones, sus asperezas, sus miserias, sus esperanzas, sus valores.

La visita papal será como una ráfaga de arena en el desierto, dejará al descubierto las falacias mediáticas, las fantasías y las vanas ilusiones. Dejará en pie sólo un retrete.




El retrete de la dignidad.







EL BAÑO DEL PAPA

FICHA TECNICA Dirección: Enrique Fernandez y Cesar Charlone Países: Uruguay, Brasil y Francia Año: 2007 Duración: 97 minutos Interpretación: Cesar Troncoso (Beto), Virginia Mendez (Carmen), Virginia Ruiz (Silvia) y otros Guión: Enrique Fernandez Producción: Elene Roux Música: Luciano Supervielle y Gabriel Casacuberta Fotografía: Cesar Charlone Montaje: Gustavo Giani Dirección artística: Ines Olmedo Vestuario: Alejandra Rosasco Estreno en Uruguay: 3 agosto 2007 Estreno en España: 25 abril 2008 Estreno en Argentina: 2 enero 2009

martes, 23 de diciembre de 2008

las trampas de la memoria

Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla.
George Santayana (filósofo hispano-americano, 1863-1952)

Gracias a que la manipulación de la memoria histórica está en boga, tanto en nuestro país como en la madre patria, debo reconocer que esta remanida, gastada y abusiva frase me produce un profundo rechazo y una indisimulable aversión.

Paradigmática bandera de aquellos que usan y abusan del pasado, frase preferida de la corrección política por antonomasia (PPC) está, sin embargo, cargada de falsedad, malicia y engaño. Podemos también encuadrarla dentro de una concepción "moralmente" correcta.

Según el critico literario, filósofo e historiador búlgaro Tzvetan Todorov, el pensamiento moralmente correcto involucra todo aquello que las buenas conciencias determinan como valorable, creando una especie de hipócrita división entre justos y pecadores, entre "pseudo-progresistas" y "símil-reaccionarios".

"Como reconocer a un moralizador? Designo con esta palabra a quien se enorgullece de identificar públicamente las manifestaciones del bien y del mal. Ser moralizador no significa en absoluto, ser moral. El individuo moral somete su propia vida a los criterios del bien y del mal, nociones situadas más allá de sus satisfacciones o sus placeres. El moralizador, en cambio, quiere someter a esos mismos criterios la vida de quienes le rodean, y obtiene beneficios de ello: el de encontrarse del lado bueno de la barrera. (...) Lo que define al moralizador no es el contenido de sus convicciones, sino la estrategia de su acción. (...) Convoca a la memoria, y especial a la memoria del mal, para aleccionar mejor a sus contemporáneos". 1

Si somos "un pueblo que no olvida el pasado "estamos condenados al éxito", si no lo recordamos de acuerdo a los cánones hegemónicos del presente seremos arrojados al leprosario de los reaccionarios, los indiferentes, los inmorales.

Es correcto pensar que la obligatoriedad del recuerdo histórico nos hace inmune a la repetición de las tragedias del pasado?
Cual es la condena a pagar por el olvido?

Vayamos por parte.

La memoria como fenómeno individual
Empecemos por desentrañar el fenómeno personalísimo de la memoria. Justo es plantearlo crudamente: Los humanos somos más propensos al olvido que a la memoria.
No es un capricho indigno ni un planteamiento amoral, es una condición indispensable para transitar nuestro tiempo con dignidad, alegría y coraje.


Einstein decía que "la única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez". Al reconocer que el tiempo es un poderoso remedio contra los dolores del alma, estamos aceptando la magia curativa del olvido.


Existen dolores intensos e insoportables, ocultos en los pliegues de nuestra vida, que gracias a alguna metodología terapéutica o religiosa, merecen volver al olvido una vez cargados de sentido, liberados ya del traumático encierro.

Pensemos que ambos sentidos, tanto el de olvidar como el de recordar, no están trazados en la misma dirección, no forman parte de ninguna autovía de doble mano, ni están gobernados por alguna directriz volitiva. La voluntad es un comando estéril para dominar las pulsiones del olvido o del recuerdo.

La memoria viene adjuntada con el poderoso don de la selectividad y la imprevisibilidad. No somos nosotros quienes recordamos, es nuestra memoria quien nos recuerda.

Afortunadamente, el olvido resulta ser una indispensable panacea para soportar los múltiples presentes y los cautivantes e inciertos futuros que nos acechan. Como contrapartida el regreso inesperado de lo recordado puede transformarse tanto en un potente retardo de nuestro crecimiento como en una piadosa oportunidad para resignificar nuestra existencia.

Cual es la parte más positiva de la memoria personal?
Pues aquella que no podemos controlar, la que nos sorprende y nos invita a reflexionar y emocionarnos, la que nos ayuda a fortalecer nuestro porvenir, la memoria que nos recuerda que debemos poblar de sentidos nuestras vidas, sin abandonarnos melancólicamente sobre la falsa añoranza por tiempos pasados que distorsionen amargamente el presente.

El meollo no se encuentra en el sustantivo ni en el verbo, sino en los adverbios.
No vivir de, ni para los recuerdos, sino con los recuerdos, siempre que ellos quieran acompañarnos. Imposición y memoria no son compatibles.

La memoria como fenómeno colectivo
Empecemos por comprender que la memoria colectiva como tal, no tiene una entidad precisa, unívoca ni definitiva. Obviamente que existen grandes o pequeños acontecimientos históricos que involucran a cientos, miles o millones de personas. Personas que pueden tener componentes comunes de pertenencia social, política, religiosa o nacional.

Pero eso no construye taxativamente "una" sola memoria colectiva, ya que dependiendo del lugar y el tiempo de cada uno, esa rica combinación de lo vivido individual y colectivamente determina "muchas" memorias históricas, en planos múltiples y diferenciados que nos acercan al relato común y nos invitan al análisis de los hechos, sus circunstancias y sus lecciones.

La historia es una ciencia que intenta develar el pasado, pero no está inmóvil, ni ha sido ya predeterminada y fijada. Avanza lentamente gracias al aporte de nuevos documentos, algunos descubiertos, otros desclasificados, otros tantos aportados por nuevos y valientes testimonios. No actúa mágicamente para comprender el presente, ni siquiera permite predecir el futuro. Está llena de signos e interrogantes que nos invitan a la reflexión constante.

Todorov, señala que "...el pasado histórico, al igual que el orden de la naturaleza, no tiene sentido en sí mismo, no secreta por sí solo valor alguno; sentido y valor proceden de los seres humanos que los examinan y los juzgan. El mismo hecho, como hemos visto, puede recibir interpretaciones opuestas y servir de justificación a políticas que se combaten mutuamente". 2

La historia es siempre versional, subjetiva y va transformándose junto con las circunstancias y mandatos del presente.
Acercarse a la historia implica una voluntad de comprensión y conocimiento, pero no puede imponerse arbitrariamente, con un único sentido. Si la visión sesgada y tendenciosa del pasado es impuesta por el poder, es un deber ciudadano resistir y cuestionar, ampliando la visión comprehensiva de los hechos por sobre la tendenciosa y limitada definición del manipulador.

La memoria como herramienta
Puede el pasado repetirse banal e iterativamente como cruel castigo a nuestra ignorancia histórica?
Que es lo que debemos recordar para evitar el maleficio?

Sabiamente Todorov, nos remite a los tres actores necesarios para reconstruir las huellas del pasado: los testigos, los historiadores y los conmemoradores, poniendo el acento en la peligrosidad del tercero. En esta última categoría entran la escuela, los medios de (in) comunicación, los discursos políticos y parlamentarios, el poder.

"La conmemoración se alimenta, claro está, de elementos aportados por los testigos y los historiadores, pero no se somete a las pruebas de verdad que se imponen a unos y otros. (...) Por eso, mientras que testigos e historiadores pueden complementarse fácilmente unos a otros, hay entre el historiador y el conmemorador una diferencia tanto de objetivos como de métodos, que hace que sus andaduras sean difícilmente compatibles. Esta oposición merece ser subrayada, tanto más cuanto el conmemorador quisiera aprovechar la impersonalidad de su discurso (en efecto, no habla de sí mismo) para darle una apariencia de objetividad, de verdad. Pero no es en absoluto así. La historia complica nuestro conocimiento del pasado: la conmemoración lo simplifica, puesto que su objetivo más frecuente es procurarnos ídolos para venerar y enemigos para aborrecer. La primera es sacrílega, la segunda, sacralizante. 3

Y esto nos da pie para pensar que la historia no debe ser ni banalizada ni sacralizada. 4

El riesgo de banalizarla es asimilarla acríticamente al presente, borrando texturas y diferencias, debilitando el impacto del presente y sus inherentes causalidades, sugiriendo que lo pasado puede repetirse mágicamente. A su vez al sacralizar una circunstancia excepcional de la historia, la alejamos radicalmente de la actualidad, aislándola cual acontecimiento único e irrepetible, desalentando las lecciones que la trascienden y valorizan.

Construir sentidos desde la historia es un derecho de ciudadanía, no un deber impuesto por alguna esterilizante frase, como la que intencionadamente utilice en el acápite de este texto.

Los riesgos de repetir las tragedias del pasado (guerras mundiales, matanzas colectivas, terrorismos de estado, genocidios ) no se reducen por el mero recuerdo o la cíclica conmemoración. El genocidio armenio de 1915 (Hitler lo recordaba muy bien antes de instigar el suyo) no evitó el Holodomor 5 de 1932-33, ni impidió el Holocausto, ni éste el de Ruanda en 1994.
No hay fórmula mágica que evite la reiteración de la crueldad sistematizada.

Extender las fronteras de la libertad y el compromiso, esclarecer los variados signos del pasado, construir sentido y desarrollar valores comunes son algunas de las pequeñas e inmensas tareas que nos comprometen si queremos edificar ciudadanía en lugar de pertenecer a la impersonal y cómoda categoría de "pueblo".

Siendo una categoría tan difusa y vaga, (merecerá algún análisis para otra oportunidad) definirlo como único gerenciador de la memoria histórica es, cuanto menos, una irreverencia. Ninguna obligatoria interpretación de la historia, basada en el sujeto "pueblo", por más bien intencionada que sea, construye herramientas aptas y útiles tanto para comprender lo actual como para anticipar el porvenir.

En Argentina, la imposición sesgada y abusiva de la doctrina de los derechos humanos, sólo como repudio parcializado de uno de los períodos más trágicos de nuestra historia, se ha transformado en un revulsivo, incluso para quienes hemos batallado contra la infamia y la barbarie de esos años, gracias a una grácil manipulación ejecutada junto a un banal bastardeo de valores, sentimientos y sentidos. Mal que les pese a los aún bienintencionados, la metralla sistemática y repetida de hechos y circunstancias, alienta en personas poco o levemente esclarecidas reacciones inversamente proporcionales a las buscadas.

Conclusiones finales
Terminemos con Todorov:
" El pasado podrá contribuir a la constitución de la identidad, individual o colectiva, como a la formación de nuestros valores, ideales, principios, siempre que aceptemos que éstos estén sometidos al examen de la razón y a la prueba del debate, en lugar de desear imponerlos sencillamente porque son los nuestros. Este vinculo con los valores es esencial; es, al mismo tiempo, limitado. El pasado puede alimentar nuestros principios de acción en el presente; no por ello nos ofrece el sentido de este presente. El racismo, la xenofobia, la exclusión que afectan, hoy, a los demás, no son idénticos a los de hace cincuenta, cien o doscientos años, no tienen las mismas formas ni las mismas víctimas. La sacralización del pasado le priva de cualquier eficacia en el presente; pero la asimilación pura y simple del presente al pasado nos ciega sobre ambos y provoca, a su vez, la injusticia. El camino entre sacralización y banalización del pasado, entre servir al propio interés y dar lección de moral a los demás puede parecer estrecho, y sin embargo existe." 6

Si descontamos que no hay una única y excluyente interpretación de los hechos del pasado, ni tampoco agente exclusivo de ese recuerdo, no hay condena anticipatoria alguna para reiterar idénticas e inexistentes circunstancias por venir.

Se recomienda el pasado en sabias dosis, que no intoxiquen ni contaminen el presente, para hacer más viable y esperanzador el futuro.



Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)...

Jorge Luis Borges (Funes el memorioso)


NOTAS AL PIE
1 Todorov, Tzvetan, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Península HCS. 2002, pg.229.
Cualquier maliciosa semejanza con la oscura realidad política argentina, léase monarquía matrimonial reinante, es pura y tendenciosa casualidad.
2 Ibidem pg. 211
3 Ibidem pg. 159
4. "La tesis que quisiera desarrollar aquí es la siguiente: en sí misma, y sin ninguna otra restricción, la "memoria" no es buena ni mala. Los beneficios que se espera obtener de ella pueden ser neutralizados, desviados incluso. De que modo? En primer lugar, por la forma que adoptan nuestras reminiscencias, navegando constantemente entre dos escollos complementarios: la sacralización, aislamiento radical del recuerdo y la banalización, o asimilación abusiva del presente al pasado". Ibidem pgs. 194, 195.
5 Holodomor o Genocidio Ucraniano de 1932-1933, fue una masacre colectiva de agricultores ucranianos opuestos a los objetivos de la colectivización forzosa impuesta por Stalin. Los estudios históricos calculan una cantidad de entre 5 a 7 millones de personas muertas por inanición dentro de límites geográficos cerrados, siendo hambreados intencionadamente de acuerdo a directivas del Politburó.
6
Todorov, Tzvetan, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Península HCS. 2002, pg. 211.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

juventud o la pérdida de un tesoro mal buscado

El legado imprevisto de la década exultante
Al analizar la exuberante y contradictoria década de los 60, emblema de la avanzada modernista del pasado siglo, podríamos decir que legó a los decenios venideros, dos hechos destacados, uno de orden positivo y otro de rango negativo.

El primero de ellos ha sido la reivindicación de lo juvenil como estado de ánimo y de la juventud como actor excluyente de tal demanda.

Influyeron a tal fin varios factores, a saber: la resistencia a la opresión, (no ya de una clase social, sino de una franja etaria senil sobre las otras) la irrupción del rock & roll como vehículo de expresión, las protestas sociales a lo largo del mundo, (París y Praga 68, el movimiento por los derechos civiles) la repulsa a las intervenciones neocolonialistas, la consolidación de la moda juvenil, contestataria y emblemática.
Detectar y describir al resto de los factores decisivos del acontecimiento, será la próxima y excitante tarea que los cronistas de costumbres irán agregando a medida que progrese la historiografía de época.

No hace falta ser excesivamente ilustrado para apreciar lo positivo de la independencia de la franja etaria más juvenil respecto a antiguas imposiciones, patrones, valores y modas que le eran ajenas. Impulsó una corriente de vitalidad y dinamismo tanto dentro de las concepciones más humanistas como al interior de las más retrógradas.

Cual ha sido sin embargo la estela más negativa que dejaron los 60's, que se derramó y estagnó desde entonces hasta la actualidad?

A mi humilde entender, ha sido la reivindicación de lo juvenil como estado de ánimo y de la juventud como actor excluyente de tal demanda.

En una primera reacción la civilización repudió el impacto de tan brutal rebelión contra sus valores eternos y lentamente fue asimilando el revulsivo hasta transformarlo en una de sus más publicitadas banderas.

El consumismo depredador detectó rápidamente sus inmensos beneficios y aceleró el cambio. La sociología de masas, la teocracia psicoanalítica junto con las nuevas praxis comunicacionales fueron potentes canales que desvirtuaron el torrente positivo en un anegamiento absolutista y conservador. La cosmovisión juvenil pasó de revolucionaria a reaccionaria.

Los nuevos mandatos
Muchos hemos luchado por resistir a lo largo de nuestras vidas, aquellos mandatos ancestrales, que reprimían el placer, abortaban la libertad, asfixiaban la belleza y sofocaban la creatividad.

Pero han aparecido nuevos y letales dictados, con consecuencias no deseadas, pero no menos dañinas. A uno de ellos lo hemos elevado a la categoría de lo divino: el mito de la eterna juventud.

Por supuesto que no estoy rechazando la enorme contribución al vitalismo y a la frescura, ni tan siquiera estoy negando la independencia de criterio y los valores implícitos y explícitos de toda razón juvenil. Sería una mala lectura de mis dichos e impropio de un incorrecto político y social como el que suscribe.

El problema no es la "juventud" como tal, sino su imposición como estandarte de poder, como valor excluyente y dominante. El problema no radica en ser jóvenes sino en "deber" ser jóvenes a toda costa y a cualquier precio.

Ese "deber ser" se ha transformado en un destino ineludible, en un objetivo supremo a alcanzar y una meta a mantener hasta nuestra propia muerte. Muerte que sobrevendrá primero cuando nos rindamos ante lo inevitable, cuando abandonemos la lucha por sostener el artificio. Dejar de ser jóvenes equivaldrá a nuestra anticipada muerte social, prolongando lánguidamente todo resabio vital hasta el fin.

El mandato de la hora es convertir el ideal juvenil en un presente continuo, en una adolescencia perpetua refractaria a todo sufrimiento, carente de esfuerzo, goce y compromiso.

El eterno retorno de un tal Wilde
La humanidad no ha ahorrado esfuerzos por alcanzar el mito de la juventud eternizada. Y aquí nosotros, generación sesentista mediante y con el impulso irresistible del milenio, lo hemos logrado.

Dorian Gray no dejaría rastros de su juventud malhabida en lienzo alguno. Jamás habrá transmutación material entre arte y realidad pues sus espejos reflejarían su lozanía e identidad, repetidas ad-infinitum.

DG, hoy se vería bello y radiante, botoxdependiente, sutilmente lipoaspirado, con un rostro nuevo clonado y siliconado. Gozaría de sus recién estrenados 117 años en forma, rozagante, brillantemente dentado, con un par de pupilas coloreadas por lentes multicolores. Y si todo eso no resultara suficiente, bastarían unos clics photoshopeados para atraer o seducir toda atenta mirada ajena.

Pues básicamente de eso se trata ser jóvenes hoy. La eternidad por una mirada. La vista del otro, que es la única que reconforta, imprime sobre nuestras existencias una obsesión dura y asfixiante: ser siempre joven, bello y adolescente.

La visión dominante que ilumina y encandila el presente, se convierte en vengativa ceguera sobre toda vejez, senectud y fealdad que ose enfrentar su justa supremacía. La propia vida atada al yugo del aprecio o el desprecio visual. Rotas las viejas cadenas del consejo de ancianos, que vivan pues los nuevos lazos del absolutismo juvenil disciplinador.

Todos sabemos que hemos dejado de ser, hace poco tiempo, una civilización lecto-escribiente para convertirnos en una cultura imagen-absorbente. Obviamente esta acelerada travesía va dejando huellas, imponiendo costas, desparramando residuos y toxinas.

Acompañan este hermoso viaje muchos padres gustosos por abandonar el duro oficio de la paternidad para convertirse en figuras calcadas de sus hijos, borrando las diferencias de edad, invirtiendo y delegando el mando en la juventud de ellos. Mando paternal que debiera estructurar limites, comprensión y afecto, convertido en lazo equitativo de una vida sin destino.

El mito de la eterna juventud convierte a hombres y mujeres en corpóreas carcasas carentes de amor, inteligencia y coraje. Jóvenes eternos dispuestos al sacrificio oscuro de la mutilación programada, a la inyección intracutánea de panaceas y elixires sintéticos, al agotamiento deportivo glorificado por el martirio sufriente e idealista.

Y si no nos dedicamos a estos dramáticos menesteres, pues nos queda el mandato cruel y decisivo de la cultura y sus sutiles imposiciones, cargadas de emociones equivocamente adheridas a nuestra vida.

Y añoramos "nuestra época", aquella de nuestra "perdida e idílica juventud", de cuando fuimos felices y bailábamos de tal modo o escuchábamos a aquel otro, o luchábamos por "ese glorioso ideal". Única etapa vital capaz de ser recordada, estimada y valorada. Como si algún perverso malviviente supraestelar hubiera decidido limitar la validez de nuestras vidas a "aquellos dorados años".

Con el riesgo de trocar el desafío de vivir, por un relato anegado de melancolía y nostalgia, no nos quedan más que dos opciones. Seguir siendo "jóvenes", evitando así el anticipado retiro de nuestra existencia o languidecer en un largo lamento por una época perdida que nunca supimos cuando ni porque terminó.

Ser eternamente jóvenes es construir un pasado ficticio e ideal, abandonados en un presente estéril y perpetuo a la vista indolente de un futuro vaciado de porvenir.

Juventud o vitalidad
Cumpliendo con el mandato subversivo de rechazar toda alternativa binaria, siempre podemos echar a mano algún tercer camino.

Recapitulemos, la vida no terminó. La juventud no es un estado emocional, no es meta ni objetivo. No es ideología, ni cosmovisión alguna. Tampoco es un valor. Tan errado resulta confundir juventud con vitalidad, como endilgarle sabiduría exclusiva a la vejez.

El tercer camino es la reivindicación de la "vitalidad".

La vitalidad no es un don, ni un regalo divino, ni una condición asociada a etapa vital alguna. No se adquiere con el crédito de un plástico, ni está disponible en alguna góndola repleta de novedades y chucherías.

Es simplemente una actitud, una postura ante el mundo, que implica nada menos que desplegar la majestuosa y emocionante tarea de darle "sentidos" a nuestra vida. Sentidos personalísimos e indelegables, listos para ser descubiertos, subidos a esa humilde barcaza llamada vitalidad, dispuesta para atravesar hostiles mareas y delicadas tempestades.

Vitalidad para acompañar la corta o extensa vida que se nos ofrezca, para crecer y madurar, para disolver caminos y atravesar fronteras, para llenar de dicha el esfuerzo y emoción el compromiso. Vitalidad compuesta de sensualidades y asperezas, de derrotas y batallas, de sufrimientos y placeres, de amores y resiliencias .

Sé que no faltaran voces de desdén y repudio, argumentando que próximo a cumplir la mitad de un siglo en este XXI, he dejado de ser un joven, que me inunda el resentimiento combinado con la envidia y que mis dichos nacen obnubilados por la nostalgia de lo irremediablemente perdido.

Sin embargo si me dieran a elegir en volver a mis 18 o cumplir dentro de seis meses mis primeros 50 y ante lo imprevisible del futuro, no dudaría en preferir la flecha audaz del devenir, a la catapulta oxidada hacia un pasado añorado, pero nunca vivido. Y si no tuviera más que dos opciones a elegir, pues elegiría siempre la tercera.

Sé que envejecer es obligatorio pero crecer es decididamente optativo.



"Un rostro sin arrugas es como un pliego de papel en el que no hay nada escrito."
Jean Paul Richter (1763-1825)



AL PIE
Agradezco a el Caballero Negro en su post por ser el disparador de esta nota. "Aquel que desee ser eternamente joven podría tener la desgracia de que su deseo se cumpla..."

domingo, 9 de noviembre de 2008

proclama contra la tolerancia

Discriminación y tolerancia
En una de mis primeras entradas traté de desmenuzar el sentido de la discriminación.
Mascarón de proa del despreciable pensamiento político correcto (PPC), aquel que anega con su infamia las buenas conciencias y abarata la calidad interpretativa del presente.

Al maltratar y anular los "otros sentidos" inherentes en el concepto "discriminación", el lenguaje de la cultura embrutece toda construcción amplia de sentido, amén de aumentar el peso abrumador de la confusión general.

En la nota reivindicaba la necesidad de que "...volvamos, pues a discriminar, o sea a diferenciar lo oscuro de lo luminoso, a distinguir entre sabiduría y barbarie, a discernir entre pasión y fanatismo, a distanciarse de las verdades absolutas y maniqueas y a no dejarse mezclar con las ideas predominantes de esta época que imponen su visión sobre el pasado y el futuro, sin valorar la libertad, la diversidad y el compromiso. Si perdemos estos sentidos implícitos en toda buena discriminación, también dejamos de usar sus beneficios.

Para darle palabras más precisas al sentido más infame de discriminar, invitaba a que "... optemos por (el verbo) “segregar” y sus sinónimos: dividir, apartar, desmembrar, arrinconar, expulsar, repudiar."

Utilice esta breve introducción para abordar al otro hijo dilecto del PPC, aquel que cualquiera de nosotros, incluyéndome, no dudaría en señalar y enaltecer como valor de compromiso, respeto, progresismo y probidad.
La Tolerancia.

Etimología de la tolerancia
Indagando en sus raíces lingüísticas aparecen algunos datos interesantes. Veamos.
Del latín sus significantes “tolerans” “tolerantis”, significan “soportar, cargar, tolerar”, emparentados con el verbo “tollere” (levantar).

Compárese con el griego “tálanton” (balanza) o el verbo "tlénai” (soportar, tolerar) de donde proviene el nombre del titán de la mitología griega “Atlas”, quien luego de perder la lucha en la titanomaquía, 1 fue castigado para “cargar” o “soportar” (tlénai) el cielo sobre sus hombros.

Es notable destacar las intimas relaciones que mantiene el término cuestionado con cuestiones propias de pesos y cargas, de soportes y balanzas.

Veamos al verbo tolerar con el ropaje de la Real Academia Española:
1. Sufrir, llevar con paciencia.
2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Deberíamos admitir que "para respetar las ideas ajenas, contrarias a las nuestras, deberíamos resistir y soportarlas, permitiendo su ilicitud, sin aprobarlas, lo que nos lleva a pensar que ese sufrimiento deberíamos llevarlo con infinita paciencia".

Más allá de la ironía, descubrimos que no hay nada en la etimología que hable del respeto por las ideas, creencias y practicas del otro, sino más bien un profundo desagrado que debemos "tolerar", soportar y permitir, por el bien de la civilización.

Repasemos las máscaras que se vienen imponiendo como idearios de la modernidad victoriosa, (algunos la llaman equívocamente posmodernidad) y veremos que el maquillaje ha resultado ser de excelente calidad.

El problema de la corrección política, no son sus nobles y bellos ideales declarativos, sino sus ausencias, sus ocultamientos, sus enmascaramientos.

Viejos y nuevos bárbaros
Proclamar la intolerancia abiertamente, propio de sus brutales exegetas (KKK. nazismo, fascismo, incluso el estalinismo) resultaría hoy en día una postura revulsiva e insultante. El PPC, no la combate, ni la rechaza, ni siquiera la detesta, simplemente la oculta y la apaña en la profundidad de su estimable y presentable superficie.

Los ominosos medios masivos de comunicación, plagados de periodistas y comentaristas, que abusan de toda materia expuesta a su "inteligencia y corrección", son los vigías disciplinadores de lo que debe ser considerado una "buena conciencia", aquella que se resume en valores de nobleza, apertura, comprensión y "tolerancia".

Medios donde se descalifica ferozmente al "discriminador", al "intolerante", al "reaccionario", pero que desesperan por mostrar el conflicto escatológico, la miserias irredentas, los crímenes más aberrantes, el exhibicionismo sexista, la vulgaridad teñida de falsa liberación sexual.

Aquellos que se ufanan de su "tolerancia" presentan diferentes opiniones en profundos y esclarecedores debates, donde nadie es escuchado, donde predomina la injuria y la descalificación, donde la exaltación acompaña la vociferación de ideas. Debates donde al final sedimenta la confusión, la distorsión, la extraña sensación de no haber aprendido nada, de haber tolerado todo.

Es recomendable indagar un poco por los resquicios que nos ofrece la tecnología y echar un vistazo por el sórdido mundo de los comentarios de los "lectores" y detectar el enorme contraste entre la tolerancia de superficie y el barbarismo de las profundidades.
Posteos anónimos, más tóxicos que las hipotecas americanas, cargados de irracionalidad, racismo, sexismo, pseudo-progresismo reaccionario, junto con una ignorancia investida de sabiduría son expresiones de lo que Alessandro Baricco ha llamado los "nuevos barbaros". 2

Tolerancia o apreciación
Me pregunto, si junto a la reivindicación de la discriminación, por sus maravillosos significados denegados, no deberíamos subvertir el tan aclamado valor de la tolerancia.

Para ello propongo humildemente su abolición lisa y llana, una libertad irrestricta a sus equívocos sentidos apresados, cárcel y castigo a su dictadura implícita, exilio forzoso a toda corrección política.
La tarea ciclópea a generar es dejar de tolerar al otro, de soportar sus ideas ajenas y extrañas, de permitir su "existencia ílicita".

La hora nos llama a reemplazar la tolerancia por la apreciación.

Apreciar, valorar, reconocer y estimar al otro. Sentir afecto es más que amplificar nuestros sentimientos, es ser afectado por su existencia, es superar la indiferencia, es reconocer nuestra propia y permanente alteridad, es halagar la diversidad.
Es dejar de cargar sobre nuestras espaldas el peso tolerante de la infamia, investida de soberbia y falaz sensibilidad.

Descubrir la humanidad inherente al otro es máxima garantía y aval de la propia. Requiere profundos esfuerzos y grandes compromisos para reconocer las propias debilidades y ajenas aptitudes.

Apreciar a los otros no busca generar coincidencias, ni equivalencias automáticas, sino más bien disfrutar y deleitarse con las diferencias, admitir sus contradicciones, ambigüedades y miserias a semejanza de las nuestras.
Involucrarse con lo extraño, lo ajeno, lo diverso nos permite acortar distancias, ayuda a disolver la dictadura de nuestro ego, incluir su humanidad dentro de la nuestra.

Sería justo alentar el fin de la tolerancia, dejándole un pequeñisimo margen de acción y utilizarla para los extremistas, los xénofobos, los racistas, los fundamentalistas, los manipuladores, los cínicos implacables, los nuevos bárbaros.
Para todos ellos propongo el residuo de la tolerancia, marcando nuestras diferencias, distinguiendo su derecho a expresarse y vivir, soportarlos sin negarlos, combatirlos con más pluralidad, forzarlos a la visibilidad, desarmar la clandestinidad de sus ideas, debilitar su dañina fortaleza.

Marcarles limites para impedir su expansión y evitar su hegemonía, necesita de la paradoja de
estar atentos y ser tolerantes con ellos.

Apreciando la ajenidad, tolerando la intolerancia.

NOTAS AL PIE:
1 Atlas fue el jefe de los Titanes en la Titanomaquía, guerra que según la mitología griega ocurrió antes de la existencia de la humanidad. Fue la lucha de los Titanes contra los Olímpicos, que llegarían a reinar sobre el Monte Olimpo. Cuando los Titanes fueron derrotados, Zeus castigó a Atlas a cargar con el peso de llevar los cielos sobre sus hombros. Se contaba que Atlas, a pesar de su superior fuerza, gemía al sujetar la bóveda celeste.
2 El nuevo bárbaro "sería el que piensa que es cierto que el "asado al barolo" es más bueno que la hamburguesa de McDonalds, pero tiene hambre y poco espíritu de sacrificio para llegar hasta el lugar en que hacen el asado, se queda en la "hamburguesería" y se come una mierda de esas escuchando en su iPod Las Estaciones de Vivaldi en versión rock, leyendo al mismo tiempo un manga japonés y, sobre todo, invirtiendo en todo ello diez minutos. Así sale a la calle, ya no tiene hambre y el mundo está ahí dispuesto a ser atravesado. "La relación con el pasado (del bárbaro) no es un principio estético, no es una forma de elegancia: es la respuesta a un hambre." Baricco Alessandro, Los Bárbaros, Editorial Anagrama, 2008, pg. 172

RAREZAS:



graffiti escrito en alguna ciudad española
.
(nótese lo notable del "fallido" de la E bajo el IN)




En su confusión
el "escritor" propuso inicialmente propinar
sus aleccionadoras golpizas primero a los "emigrantes"
antes que a los invasores de tierras lejanas.

Palizas a ustedes por venir, palizas a nosotros por huir...
de nuestra humanidad amenazada.


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