
Retornaron exultantes a sus casas. Sus modernos celulares no pararon de sonar. Recibieron calurosos sms de compañeros arrepentidos por no haber participado de tan gloriosa gesta. Sintieron cercano el ascenso en la consideración de sus dirigentes, que tal vez promuevan ese anhelado viaje a la isla.
Le habían asestado un duro golpe al imperialismo. La patria burguesa tembló toda desde sus nefastos y crueles cimientos. El paraíso estaba más cerca. La victoria, próxima.
Coincidieron con esa faceta desconocida de Jean Paul Sartre, aquel comprometido intelectual, que hace sesenta años, estando muy al corriente de los crímenes del estalinismo, se negó correcta y sistemáticamente a difundirlos, aduciendo “que no le podemos hacer el juego a la derecha”.
Extrañamente y sin saberlo compartieron las sabias palabras del general falangista Millán Astray en su dura polémica con el filósofo Miguel de Unamuno cuando dijo “muera la inteligencia” a continuación de un público adicto que gritaba “viva la muerte”, en la Universidad de Salamanca, un 12 de octubre de 1936.
No les sonaron mal estas otras: “en la propaganda, como en el amor, todo es permitido para lograr un fin”, aunque desconocían que las pronunciara aquel glorioso mensajero de la superioridad racial, el ministro intelectual don Joseph Goebbels.
Nada de todo esto tenía la menor importancia, habían triunfado.
Hilda Molina no pudo hablar.

POST PUBLICADO en la sección Cartas de Lectores de la edición impresa y digital del diario La Nación, Buenos Aires, domingo 02 mayo de 2010.
NOTA AL PIE
La disidente cubana, doctora Hilda Molina, residente en nuestro país desde junio del año pasado, no pudo presentar su libro autobiográfico Mi verdad, en la XXXVI Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, debido a la interrupción provocada por manifestantes opuestos a su posición.
Veamos las crónicas del sábado 24 de abril de 2010.
La Nación, aquí
El Argentino, aquí
Clarín, aquí
Página 12, aquí, (ninguna noticia)
Perfil, aquí
Crónica, aquí, (ninguna noticia)
InfoBae, aquí
El Cronista Comercial, aquí
Critica de la Argentina, aquí
Interesante, aquel diario tan hermoso, Página 12, del cual fui un lector apasionado durante diez años, defensor de la democracia y los derechos humanos, hoy volcado miserablemente en la desinformación y la propaganda de régimen. Las noticias se publican, mi ex-amada Página 12 !!! Las opiniones vienen despúes. Aunque no informar es también una opinión. No le hacen "el juego a la derecha", destruyen su credibilidad.
Si un medio oficialista actua así hoy, no quiero pensar en cuanto se convierta en un monopolio. Que Ley de Medios nos espera!!! Porqué, alguno de buena fe, pensó que era para desmonopolizar la palabra? No, mis amigos la idea es crear otros monopolios de signos opuestos y miserias compartidas. Y si no vean lo que dijo la diputada de izquierdas, ex-oficialista Victoria Donda, aquí.
Fernando Bravo progresista? Por favor dejen el ácido, aunque sea para escribir posts. Es una joda? Ni el propio Bravo se debe creer progresista. Es un pelmazo de derecha perteneciente a la farandula igual que Susana Giménez o Mirtha Legrand. ¿Qué hizo Fernando Bravo durante la dictadura, durante el menemismo? Absolutamente nada. Siempre fue un locutar (llamarlo periodista es denostar la profesión) anodino, lugarteniente del sentido común de clase media, con una ideología pasteurizada que demostró extensamente durante el conflicto con el campo, en el que nunca tuvo una mirada imparcial, siempre del lado de la Sociedad Rural.
¿Ustedes se creen que si Argentina estuviese apenas cerca de Venezuela Obama recibiría a Cristina?
Dejen de ver TN, por favor, no les pido que vean bazofias como 678, pero piensen por sí mismos. Fernando Bravo progresista, dios mío.
PD: ¿Y los fanáticos ruralistas que cada vez que Agustín Rossi vuelve a Rosario están a punto de matarlo?
20 de abril de 2010 01:10
Confieso que dudé mucho en moderar este comentario.
En principio porque creo en la maravillosa libertad que da la blogosfera, pero no acepto la descalificación, ni el insulto, ni el agravio. Y menos si quién lo profesa se escuda en el anonimato. Tengo nombre y apellido y firmo lo que escribo. Y no dejo de tener miedo, por eso trato de escribir, para enfrentarlo. Discrimino naturalmente quién entra en mis espacios, como discrimino a quiénes elijo como amigos, comparto una cena o agasajo en mi casa. Discriminación positiva que le dicen.
Sin embargo dejo pasar este mensaje, para que su muestra valga realmente un botón. La blogosfera está inundada de "blogueros K" (así se autodenoniman) bancados, sostenidos y financiados desde el Poder Ejecutivo (el mísmisimo Jefe de Gabinete se reunió públicamente con ellos la semana pasada).
No debaten ideas, simplemente descalifican, agravian e insultan a quienes osan pensar diferente. Están a la pesca constante de "disidentes", "golpistas", "gorilas", "antipatrias", "derechistas","izquierdistas traidores", "defensores de la dictadura" y todo argumento a mano para discriminarnos, "negativamente" por supuesto.
Y en este caso poco importa que Fernando Bravo (un periodista-locutor con más de cuarenta años de trayectoria) sea progresista o un "pelmazo de derecha farandulero". El eje en cuestión es si tiene derecho a expresarse y si estos energumenos fascistoides tienen la libertad para agredirlo y agraviarlo aprovechandose de su número, en la vía pública, a la vista de todos, en pleno centro porteño, en horario nocturno y sin protección policial alguna.
Yo siempre (mucho antes de que fanáticos ruralistas agredieran al diputado jefe de la bancada oficial A. Rossi) estuve y estoy en contra del escrache público a CUALQUIER persona. Sea Videla, Estela de Carlotto, Agustín Rossi o Fernando Bravo. El escrache es, fue y será siempre una práctica NAZI, infamia que debutó oficialmente un 9 de noviembre de 1938 en Alemania, célebre y tristemente conocida como la KristalNacht. Esos inculcadores del odio, como estos de ahora, primero empiezan por descalificar tu humanidad, negandote el derecho a poseerla. Luego no queda otra que eliminarte.
miguel
20 de abril de 2010 10:46