"La vida me enseñó que a veces no es posible seguir agarrado a las cosas hasta que duelan las manos, hay que saber soltar a tiempo, antes que el dolor sea caro para las manos y las cosas." Sammy Szusterman (1951-) argentino, arquitecto y amigo
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domingo, 17 de marzo de 2013

Vasili Grossman y Jorge Bergoglio


Vasili Grossman, corresponsal de guerra del Ejercito Rojo, 1943


Cardenal Bergoglio junto a los familiares de las 194 víctimas de Cromañon, 2007
Vasili Grossman, aquel notable escritor soviético de origen judío legó al mundo esa inmensa obra humanista y existencial que denuncia a los totalitarismos, representantes máximos pero no exclusivos de las infamias que generan el poder omnímodo. Vasili escribió Vida y Destino, una novela típicamente rusa en 1959, cuando el régimen tras la muerte del dictador, aún mantenía su inmenso poder.  Vasili nos ilustra gracias a su exquisita sensibilidad, las emociones y los miedos, el terror y el coraje, el dolor y la resiliencia de la gente común, contrastando con las miserias y crueldades de los poderosos. Vasili nos presenta la maravillosa parábola de aquel que siendo un intelectual exégeta del régimen, corresponsal de prensa durante el avance del Ejercito Rojo desde Stalingrado a Berlín se convirtió en un notable disidente, un hombre corajudo, que de ser acusado de no defender a sus colegas perseguidos durante la Era del Terror (1936-38) pasó a denunciar todas y cada unas de las brutalidades del estalinismo y el nazismo, a soportar la persecución, el allanamiento, la prohibición de su obra, la confiscación de las cintas mecanográficas con las cuales la escribió, el destierro, el exilio interior, la miseria, la muerte y el olvido.   
Valga este reconocimiento y sirva como metáfora actual, para que, aún a sabiendas que las acusaciones que recibe el ex cardenal Bergoglio son falsas y malintencionadas, aún si en algún momento tuvo debilidad, falta de coraje o miedo- quién no las tuvo alguna vez- , su vida posterior al lado de los humildes y los sufrientes, de los familiares de Cromañón y Once, de los luchadores contra la trata de mujeres y de los maravillosos curas villeros demuestran que la vida de una persona es una película y no una foto sesgada.
La vida de los notables nos permite demostrar quienes son los se superan creciendo a partir de sus miserias y quienes luego de una fulgurante grandeza se hunden en la infamia y en el descrédito.
Como agnóstico débil, como judío cosmopolita y cultural, me emociono ante la humildad, sencillez y valentía del nuevo Papa de la cristiandad, Padre Francisco.

domingo, 30 de septiembre de 2012

el fundamentalismo laico también es un fundamentalismo

María José Lubertino, diputada kirchnerista en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires

Soy agnóstico débil, no poseo la certeza milagrosa de los que tienen fe, a quienes a veces envidio, ni comparto la verdad irrefutable de quienes la niegan, de los que me he alejado.
Tengo una ineludible formación emocional nacida en el judaísmo, la religión del Libro, llena de tradiciones y bellos mitos que hoy ya no sigo, excepto en ese amor heredado, no ya por un solo Libro sino por cientos de ellos, en los cuales me sumerjo día a día, no para alcanzar la verdad, sino precisamente para escapar de ella.
En este contexto es donde me han dolido las brutales palabras de la legisladora Maria Jose Lubertino que para defender una idea que comparto, como la no penalización del aborto a mujeres violadas, ha maltratado con su electrónica diatriba el corazón de muchas personas que profesan amorosa y de buena fe, su intima fe.
Lubertino ha  despreciado vulgarmente sus símbolos más sagrados, aquellos que las conectan con sus emociones y tradiciones mas sinceras, en nombre de un fundamentalismo laico y segregador, que rechazo.
Compartir la vida con los otros es amar y apreciar las diferencias que tenemos, no negarlas, ni mancillarlas.



Infobae 
La Nación  
Clarín
Página 12 

miércoles, 10 de agosto de 2011

si esto es un hombre

Primo Levi 1917-1987


Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

(Primo Levi, Si esto es un hombre, 1947)

viernes, 16 de abril de 2010

verdad a los gritos

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla
Manuel Vicent, escritor español (1936-)

Detesto la verdad, pero adoro su búsqueda. Su simple posesión genera ese malsano ejercicio de poder. Es ostentación soez y desprecio por el otro, negación impúdica de toda alteridad.
Buscarla, anhelarla y aproximarse a ella es pura delicadeza. Beneficio de duda o maleficio de certeza. Plácida gimnasia de libertad. Bienestar cargado de incertidumbre. Realismo antiidealista.
La Verdad, ahhh, la verdad.
Misteriosa y deseada, inasible y bella, comprometida y áspera, tan frecuentemente cruel o maliciosamente banal.

Sin embargo la verdad es evanescente como la espuma oceánica, misteriosa como el amor, sagrada como el vacío, fragilísima como el cristal. Su dulzura y potencia la hacen inalcanzable, pero alcanzada es tan amarga como el tormento.

Los absolutistas dicen que sólo existe una. La de ellos.
Los relativistas dicen que hay muchas, tantas como relativistas hay.

Los psicoanalistas, bastardos manipuladores del alma, dicen que la verdad está en el inconsciente, y que ellos y sólo ellos tienen la clave, el conocimiento y el talento para descubrirla. Abusan de una verdad que ha sido refutada una y otra vez, atentan contra la culpa infantil de raíz paterno-materna sólo para asfixiarte con la culpa psicoanalítica de una cura mentirosa y esquiva.

Los sacerdotes, falsos mediadores de la divinidad, dicen que la verdad está en Cristo o en Mahoma o en Moisés, de a uno por vez, sin duda alguna y sin compartir la sagrada exclusividad con el otro o con los otros. Un poco de fuego en el pasado alcanzaba para imponer la verdad. Aunque hoy para matizar y con hipócrita tolerancia - muy acorde con los tiempos - sólo de vez en cuando, ecumenizan un poco la humorada.

Los cientificistas, asesinos seriales de la ciencia, estipulan que la verdad es sólo matemática, física, química, biológica o filosófica y que lo que está fuera de todo ello, no existe, es falso. Pregonan a la verdad como científicamente sagrada, tan sagrada como un auto de fe o una explosión termonuclear. La ciencia es el todo, el resto ignorancia. Ciencia verdadera reducida a un único modelo tautológico y poco falsable, tan veraz como la atlántida perdida o el sexo de los elfos.

Los esotéricos de la nueva era, modernos caballos de troya del autoengaño, abogan por abrir tu corazón al misterio sagrado de la verdad, aquél que se desparrama energéticamente por tu ser interior. Y si no lo logras, pues es que estás cerrado, oscurecido, obturado, negado a recibir la luz eterna de la verdad purificadora. Y si no aceptas el manto acogedor del amor celestial, que el humo negro de la magia negra de la bestia negra te castigue en esta vida o en tus otras, pasadas y futuras.

Los doctos, los cultos, los artistas sublimes y los sabios, ególatras impertinentes, expresan que la verdad está en el arte, último refugio de luz ante la barbarie de la masividad insolente e indolente. Arte que sólo ellos expresan, profesan y comprenden. Arte que es puro arte sólo cuando ellos dicen lo que es arte y no es arte lo que esos ignorantes llaman arte, creyendo que son arte sus burdas baratijas populares, migajas del suburbio cultural, execrencias de la democracia.

Los nacionalistas, reaccionarios o populares, infames traidores a la patria humanidad, proclaman a viva voz que la verdad desfila gallarda con sus inmaculadas banderas. Patriotismo ejemplar que marcha bendecido desde el mismísimo cielo, de la sacra tierra, de la mítica masa popular o de la mística sangre eterna. Dios y/o el Pueblo versus la Antipatria-Antipueblo. Y si no os convencemos, sabed que siempre os venceremos. Con la razón de la fuerza. Con esa tibia y dulce argamasa hecha de metal propio y sangre ajena.

Los juristas, leguleyos y letrados, mercaderes de las miserias humanas, expresan que la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad habita únicamente en sus expedientes. En papeles oficio ajados de textos ampulosos y grandilocuentes. Lo que no se probó, nunca ocurrió. Decretaron y resolvieron que todos los sentimientos, las emociones y las sensibilidades no constan ni constarán jamás en actas. Sin preocuparse que la verdad humana o divina, fuente de toda razón y justicia, violada y desaparecida hace tiempo fue vista ayer desorientada, arrastrándose por kafkianos pasillos tribunalicios.

Los periodistas políticos, cronistas de la vacuidad, delinean cada mañana su óptimo sentido común, su fidelidad inclaudicable a la verdad, su independencia de poderes privados o estatales. Su compromiso con la inviolabilidad de las fuentes. Siempre ubicados en veredas verdaderas, dentro de toda corrección política, sermoneando a la masa como dios manda y el palo ordena. Defensores temerarios del orden o la rebelión según corresponda al mandato vigente del tiempo en vigencia. Abogados obsesivos de la verdad, valientes guerreros de la autocrítica. La de los otros, por supuesto.

Los políticos profesionales, reyes, tiranos o presidentes, fundamentalistas del pragmatismo acomodaticio, dicen que la verdad es mera y potente cuestión de lateralidad. De lados a izquierdas o lados a derechas. Babor y estribor de un mismo naufragio. Defensores de una verdad fronteriza que expulsa a los otros, los del otro lado, siempre tan malvados y mentirosos, a morar en míseros extramuros. Impulsores de una lateralidad sesgada, visionarios de un sólo ojo, legionarios del engaño. Medias verdades manchadas de impudicia, pero tan absolutas y tan convincentes.

Los arquitectos, falsos propietarios de propiedades ajenas, creemos que la verdad está en nuestras ideas, en nuestra imaginación, en nuestro talento y que cuando nuestros clientes no aceptan nuestras razones es porque están dogmatizados por revistas lustrosas, bastardeados por un genético y pésimo mal gusto. Y cuando la verdad de lo presupuestado inunda los maltrechos bolsillos ajenos, siempre tendremos a mano algún chivo donde expiarnos, sea plomero, constructora, gobierno inflacionario o abusivo corralón de materiales.

Y el desfile puede seguir sin pausa. Es difícil reconocer con cuanta frecuencia manipulamos verdades en beneficio propio. Sea por la causa, los ideales, la justicia, la patria, mi bolsillo o la barriga. Asesinamos verdades en nombre de la sagrada verdad. Sesgamos por conveniencia, denunciamos la mentira del ajeno, exaltando la superioridad moral del prójimo, sólo si es próximo a la nuestra.

Verdades virtuosas. Verdades enmascaradas. Verdades puras. Verdades falaces. Oximorón en estado puro.

Preguntas incomodas para un final verdadero

Y la Verdad, es verdad si es sagrada, absoluta, relativa, única, múltiple, obsesiva, fanática o implacable?
Es verdad la Verdad si en su búsqueda todo vale, si con su posesión todo se avala, si en su altar ella misma se inmola?
Verdaderamente nos fiaremos de la Verdad, si es bandera o estandarte, si es frontera segregadora, si es hoguera purificante, si es escrache ejemplificador?
Es la verdad meta, destino y objetivo o simplemente camino, huella, indicio, sugerencia?
Existe la verdad?
O tal vez vive guarnecida en la mentira, su contraparte más verdadera?

Adoro la verdad, pero detesto poseerla.

miércoles, 11 de marzo de 2009

dar testimonio

Artist's Hands Nancy Mueller Sheperd

Nací en el 59, en una familia porteña de clase media. El componente judío en su cosmovisión sionista se me fue inculcado lenta pero inexorablemente, por mandato paterno. Tan inexorable como la tan necesaria y determinante separación entre judaísmo y sionismo que se fue operando a lo largo de mi vida, y de la cual hoy quiero dejar mi testimonio.

No me inspira el rencor, ni el desprecio, ni tan siquiera el más leve repudio a la figura o a las ideas de mi padre, al que aún en su ausencia sigo amando. El formó parte de un tiempo y un espacio, en el cual el mundo se debatía entre las afirmaciones nacionalistas de múltiples signos junto con profundos anhelos de igualitarismo y liberación social.

Ese mundo hoy ya no existe. Pero uno de sus sueños, Israel, emblema trascendente del hogar nacional del pueblo judío se ha realizado. Muy a pesar de mi padre, el Estado sionista se ha transformado en una pesadilla, tanto para los judíos que han decidido vivir allí, como para el resto de nosotros, a muchos de los cuales no nos representa, ni nacional, ni política, ni espiritual, ni emocionalmente. Pero sobre todo una pesadilla sin fin para los árabe-palestinos, que viven a merced de su intransigencia, su arrogancia y su brutalidad.

Sin embargo, desde muy pequeño, y dentro de un marco muy sensible y amoroso fui educado en los valores judíos que mi padre creía indisolublemente ligados a la ideología sionista.
Concurrí a una escuela judía, que gracias a los desaciertos y complicidades de la dirigencia judeo-argentina de los 90, hoy ya no existe.
Guardo bellos e intensos recuerdos de mi infancia allí, pero dos, por su particularidad e intensidad aún mantienen la fuerza de su impacto.

El primero veo un aula con poquísima iluminación.
Al fondo seis enormes velas encendidas que me estremecieron (supongo que mis seis años las habrán visto gigantes) .
Conmemoraban los seis millones desaparecidos en la hoguera de la Shoa, algo decididamente incomprensible para un niño, inexplicable para un adulto. Esas velas estaban para recordar un holocausto, pero también para inculcar una temprana victimización.

El segundo recuerdo llenaba un patio con niños corriendo, jugando, divirtiéndose.
Junio del 67. Guerra de los seis días. Maestras en una escalera escuchando las últimas noticias. Que Israel estaba siendo atacada, que nuestra condición judía estaba en peligro, que tantos aviones derribados, que tantos tanques destruidos, que el enemigo sufría el nuevo heroísmo y la flamante valentía judía.
De pronto dos milenios de persecuciones, infamias, progromos, hogueras y hornos habían concluido. La perfecta construcción del mito sionista.

En la secundaria empezaron los problemas. El mundo acristalado de mi niñez se había roto. Y salí asperamente al mundo, cargado de ambigüedad y confusión.
Y fui lanzado como una flecha tendida al infinito por deseos y anhelos ajenos. Israel era el destino frustrado de mi padre. Y de pronto me encontré perdido entre diferentes lealtades y afectos. Mis compañeros y amigos se habían dividido entre mi juvenil militancia sionista y la escuela pública, laica, conflictiva e incluyente a la vez.

Cual era mi nacionalidad? Cual mi religión? Cual el sentido de mi existencia al fracturarse allá por mis catorce, mi conexión existencial con ese Dios único, acogedor y omnipotente a la vez?

La guerra del 73, la del iom kippur, volvió con la agitación de la supervivencia nuevamente amenazada. La infamia árabe al atacar en un día sagrado.
La propaganda manipuladora continuaba.

Llegué al clímax sionista en el 80 en mi primer y único viaje a Israel. En dos idílicos meses observé un país maravilloso, pujante, emotivo, inundado de vergeles y hombres y mujeres orgullosas. El otro país, Palestina, con sus habitantes sojuzgados, sus miserias inducidas, sus dolores, sus humillaciones me fueron deliberadamente ocultados.

Y esa otra realidad irrumpió abruptamente dos años después, cuando recibimos noticias del Líbano, donde Israel ya no era un país victimizado y agredido, sino incomprensiblemente agresor.
Aliado a brutales falangistas cristiano-libaneses. Cómplice imperdonable de éstos en los campos de Sabra y Chatila, que con sus niños y ancianos asesinados, revelaban que la crueldad ya no anidaba únicamente en los otros. Mi fe monolítica se resquebrajó.

Pasaron muchos años para comprender que Israel jamás había sido víctima de perfidia arabe alguna, que la agresión expansionista fue su norte, que la conquista territorial y nacional su fin.
Paradojas de la modernidad. La ideología sionista, extraña amalgama inspirada indirectamente en los bordes del bolchevismo y del nacionalismo ruso del siglo XIX se constituía en el último estado neocolonial del XX.

Descubrí la existencia de otro pueblo, otros derechos, otras realidades. Me alegraba cuando la paz se acercaba, seguida de una nueva e iterativa decepción. Comprendí que había otro Estado que reclamaba su existencia. Comprendí y comprendo que por los caminos del nacionalismo y la división, la paz es irrealizable.

Y en mi juventud y adultez fui optando por mi verdadera nacionalidad hispanoamericana, desarrollando un intenso afecto por mi país.
Argentina, tierra de inmigrantes, conflictiva, indisciplinada, creativa, culta, moderna y atrasada, expulsiva y contenedora. Un país con más futuro que pasado. Ejemplo presente de multiculturalismo, encuentro de religiones y creencias. Áspero para la política, ameno para la convivencia. Aunque pocos lo comprendamos y valoremos en su justa dimensión, imbuidos del presente abusivo de la sinrazón mediática.

Mis creencias íntimas fueron transmutando en un dulce y pendular agnosticismo que anega hoy en día, todos mis afectos, emociones, sentimientos y pensamientos. Libertad para sentir y amar. Anhelo de verdad y conocimiento. Disolución de todo velo manipulador y engañoso.

Había abandonado para siempre el gueto autoimpuesto, el clan acogedor, el muro divisorio, la condición victimizante, la frontera sectaria, la frágil caja de cristal y porcelana.

Ese abandono es el que me permite disfrutar y potenciar la libertad para y desde mis hijos, valorar la amplitud y variedad de mis amigos, apreciar y amar el cristianismo débil, bello y amoroso de mi mujer. Nunca le había contado, hasta hace unos pocos meses, mi historia en ese patio de escuela y no puedo olvidar su asombro, indignación y extrañeza ante algo que a mi siempre me pareció natural. Niños y maestras pendientes de una guerra tan extrañamente propia como brutalmente lejana.

Amar la diversidad, amar el islam, tan cercano al judaísmo, adorar el "choque de culturas y civilizaciones". Adorar los maravillosos momentos en que la humanidad fue una y diversa a un tiempo, como la España luminosa de sus dorados siglos, muy a pesar de un tal Aznar y sus notorios nostálgicos del monocromatismo.

Israel y el "pueblo judío" fueron quedando paulatinamente, cada vez más lejos. Para ser más claros, Israel quedó cada vez más lejos de mi, de tantos otros judíos, como del judaísmo mismo, al que visceralmente siempre rechazó.
Sin embargo, a medida que se iba descascarando mi sionismo, aún seguía creyendo que, aún con sus errores y horrores, Israel, era garantía de supervivencia para los millones de judíos diversos que vivimos integrados a cientos de países.

Hoy estoy convencido, sin ser el único dentro del complejo universo judío, que la verdad es decididamente inversa. La políticas sionistas de la nación israelí junto con el modo de su esencia étnicamente segregacionista constituyen el mayor riesgo, peligro y desafío para la existencia y coexistencia de judíos piadosos o asimilados, laicos o ateos, agnósticos u ortodoxos, liberales o socialistas, vivan estos dentro o fuera de los confines de la Tierra Santa.

Amén de constituir una amenaza perenne para la comunidad arabe-palestina que cohabita el mismo suelo.

El plomo fundiendo Gaza fue el molde que confirmó el oximorón de concebir a Israel como una nación democrática y judía. Es un Estado Sionista y punto, estandarte artificial de la discontinuidad con la tradición y los valores cosmopolitas del judaísmo. Mis ideas han seguido evolucionando desde mi post del 29 de julio del 2008 (ser judío) al punto de rechazar plenamente todas sus políticas. Creo que la partición de Palestina por la ONU en el 47 fue un fracaso, por lo que la creación de un Estado Árabe Palestino seguirá esa misma aunque evitable hoja de ruta. Me aproximo a los que sostienen que sólo la disolución pacífica del Estado hebreo que anteceda al nacimiento de un único Estado binacional , democrático, integrador e inclusivo de toda diversidad étnica, social y religiosa será la solución más realista al larguísimo dolor de Palestina. Vaya utopía.

La persistencia del conflicto, las vidas inútilmente perdidas de ambos bandos, los atentados en Jerusalém, Madrid o Buenos Aires, han sido hitos que, junto con los libros a los que me he ido animando, poblados por recientes descubrimientos arqueológicos y profundas investigaciones desmitificadoras, muchas de ellas desarrolladas por los nuevos historiadores israelíes, me motivaron a ver otra realidad y dar testimonio de ello.


Testimonio que necesito dar para intentar derramar algo de luz, antes de que la barbarie termine por imponer su lógica de hierro, la de responder con más barbarie para acabar con ella.


PD: Estoy terminando un libro apasionante, profundo, riguroso y esclarecedor, (que en un próximo post voy a comentar) de un catedrático judío de la Universidad de Montreal, Yakov Rabkin, (Contra el Estado de Israel, Historia de la oposición Judía al sionismo). Me espera la Historia de la Palestina Moderna y Limpieza Étnica en Palestina del prestigioso "nuevo historiador" israelí Ilan Pappe y el libro recomendado por el Dr. Freud, aún no editado en la Argentina, Como y Cuando se Inventó el pueblo judío de Shlomo Sand, libro cuestionador del mito sionista, paradojicamente éxito de ventas por meses en la mismísima Israel.

miércoles, 21 de enero de 2009

la guerra de las palabras


Habitualmente trato de desarrollar ideas o posturas filosófico-políticas con mis propias e humildes palabras.
Pero habiendo encontrado la horma justa de mis zapatos en los certeros y potentes conceptos del gran filósofo argentino Tomas Abraham, no me queda más que linkear su gran nota.

Coincido en un todo con sus palabras, nos une los resabios humanistas de nuestra condición judía, por lo que compartimos misma repulsa y misma aversión a la política militar israelí aplicada cruelmente en la mitad de la vieja y futura tierra palestina, llamada Gaza.

Compartimos también, mismo rechazo por las "buenas conciencias". Esos oscuros exaltadores del odio, propagandistas del eterno conflicto humano, progresistas de salón, miserables ocultos tras bellas, agradables y correctísimas máscaras.



La Guerra de la Palabras
Nota de Tomas Abraham publicada en Perfil 16-01-09

viernes, 16 de enero de 2009

de fragilidades y fracasos


Vivir muy lejos de la tragedia, es colocar mi corazón lo más cercano posible junto a las personas que sufren y lloran por la lógica cerrada de la guerra.
Entendida ésta como el más implacable fracaso humano.

Fracaso al disolver toda convivencia.
Fracaso al abandonar la imaginación.
Fracaso al negar sensibilidades comunes.
Fracaso al amnistiar la propia miseria.
Fracaso al vaciar de humanidad el cuerpo del otro.

La guerra congela el odio, enaltece la venganza, premia la crueldad, pero nos humilla con la eternidad de su fracaso.

Somos envases muy suaves y frágiles para aceptar resignadamente la descarga de su furia incontenible, su ceguera absoluta, su verdad indiscutida, sea en la forma expansiva de una bomba de racimo o de un cilindro de dinamita adherido a la piel.

Y si alguna vez pudo haber sido justa guerra alguna, si sus nobles causas la justificaran, si la pura y mera supervivencia la absolviera, es justo también testimoniar a la vista de todos nosotros, que el fracaso que le impone al futuro, en la sangre vertida de un niño siempre inocente, la condena implacablemente.

La guerra castiga a los vencidos con el virus del resentimiento, pero condena a los victoriosos con el pecado mortal de la arrogancia. Estelas del circulo vicioso y rutinario del fracaso.

Romper su esclavizante rutina, requiere de coraje, valentía y temeridad, no de heroicos y audaces soldados, sino de hombres dispuestos a tender la mano al otro, a apreciar su divina subjetividad, a subvertir la propia y mentirosa verdad.

Hombres dispuestos a tolerar la propia fragilidad.

"Si la piedra cae sobre el cántaro, desdichado cántaro; si el cántaro cae sobre la piedra, desdichado cántaro; de cualquier manera es siempre el cántaro quien sufre."
Talmud
(comentarios y explicaciones de las tradiciones orales judías)


domingo, 9 de noviembre de 2008

proclama contra la tolerancia

Discriminación y tolerancia
En una de mis primeras entradas traté de desmenuzar el sentido de la discriminación.
Mascarón de proa del despreciable pensamiento político correcto (PPC), aquel que anega con su infamia las buenas conciencias y abarata la calidad interpretativa del presente.

Al maltratar y anular los "otros sentidos" inherentes en el concepto "discriminación", el lenguaje de la cultura embrutece toda construcción amplia de sentido, amén de aumentar el peso abrumador de la confusión general.

En la nota reivindicaba la necesidad de que "...volvamos, pues a discriminar, o sea a diferenciar lo oscuro de lo luminoso, a distinguir entre sabiduría y barbarie, a discernir entre pasión y fanatismo, a distanciarse de las verdades absolutas y maniqueas y a no dejarse mezclar con las ideas predominantes de esta época que imponen su visión sobre el pasado y el futuro, sin valorar la libertad, la diversidad y el compromiso. Si perdemos estos sentidos implícitos en toda buena discriminación, también dejamos de usar sus beneficios.

Para darle palabras más precisas al sentido más infame de discriminar, invitaba a que "... optemos por (el verbo) “segregar” y sus sinónimos: dividir, apartar, desmembrar, arrinconar, expulsar, repudiar."

Utilice esta breve introducción para abordar al otro hijo dilecto del PPC, aquel que cualquiera de nosotros, incluyéndome, no dudaría en señalar y enaltecer como valor de compromiso, respeto, progresismo y probidad.
La Tolerancia.

Etimología de la tolerancia
Indagando en sus raíces lingüísticas aparecen algunos datos interesantes. Veamos.
Del latín sus significantes “tolerans” “tolerantis”, significan “soportar, cargar, tolerar”, emparentados con el verbo “tollere” (levantar).

Compárese con el griego “tálanton” (balanza) o el verbo "tlénai” (soportar, tolerar) de donde proviene el nombre del titán de la mitología griega “Atlas”, quien luego de perder la lucha en la titanomaquía, 1 fue castigado para “cargar” o “soportar” (tlénai) el cielo sobre sus hombros.

Es notable destacar las intimas relaciones que mantiene el término cuestionado con cuestiones propias de pesos y cargas, de soportes y balanzas.

Veamos al verbo tolerar con el ropaje de la Real Academia Española:
1. Sufrir, llevar con paciencia.
2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Deberíamos admitir que "para respetar las ideas ajenas, contrarias a las nuestras, deberíamos resistir y soportarlas, permitiendo su ilicitud, sin aprobarlas, lo que nos lleva a pensar que ese sufrimiento deberíamos llevarlo con infinita paciencia".

Más allá de la ironía, descubrimos que no hay nada en la etimología que hable del respeto por las ideas, creencias y practicas del otro, sino más bien un profundo desagrado que debemos "tolerar", soportar y permitir, por el bien de la civilización.

Repasemos las máscaras que se vienen imponiendo como idearios de la modernidad victoriosa, (algunos la llaman equívocamente posmodernidad) y veremos que el maquillaje ha resultado ser de excelente calidad.

El problema de la corrección política, no son sus nobles y bellos ideales declarativos, sino sus ausencias, sus ocultamientos, sus enmascaramientos.

Viejos y nuevos bárbaros
Proclamar la intolerancia abiertamente, propio de sus brutales exegetas (KKK. nazismo, fascismo, incluso el estalinismo) resultaría hoy en día una postura revulsiva e insultante. El PPC, no la combate, ni la rechaza, ni siquiera la detesta, simplemente la oculta y la apaña en la profundidad de su estimable y presentable superficie.

Los ominosos medios masivos de comunicación, plagados de periodistas y comentaristas, que abusan de toda materia expuesta a su "inteligencia y corrección", son los vigías disciplinadores de lo que debe ser considerado una "buena conciencia", aquella que se resume en valores de nobleza, apertura, comprensión y "tolerancia".

Medios donde se descalifica ferozmente al "discriminador", al "intolerante", al "reaccionario", pero que desesperan por mostrar el conflicto escatológico, la miserias irredentas, los crímenes más aberrantes, el exhibicionismo sexista, la vulgaridad teñida de falsa liberación sexual.

Aquellos que se ufanan de su "tolerancia" presentan diferentes opiniones en profundos y esclarecedores debates, donde nadie es escuchado, donde predomina la injuria y la descalificación, donde la exaltación acompaña la vociferación de ideas. Debates donde al final sedimenta la confusión, la distorsión, la extraña sensación de no haber aprendido nada, de haber tolerado todo.

Es recomendable indagar un poco por los resquicios que nos ofrece la tecnología y echar un vistazo por el sórdido mundo de los comentarios de los "lectores" y detectar el enorme contraste entre la tolerancia de superficie y el barbarismo de las profundidades.
Posteos anónimos, más tóxicos que las hipotecas americanas, cargados de irracionalidad, racismo, sexismo, pseudo-progresismo reaccionario, junto con una ignorancia investida de sabiduría son expresiones de lo que Alessandro Baricco ha llamado los "nuevos barbaros". 2

Tolerancia o apreciación
Me pregunto, si junto a la reivindicación de la discriminación, por sus maravillosos significados denegados, no deberíamos subvertir el tan aclamado valor de la tolerancia.

Para ello propongo humildemente su abolición lisa y llana, una libertad irrestricta a sus equívocos sentidos apresados, cárcel y castigo a su dictadura implícita, exilio forzoso a toda corrección política.
La tarea ciclópea a generar es dejar de tolerar al otro, de soportar sus ideas ajenas y extrañas, de permitir su "existencia ílicita".

La hora nos llama a reemplazar la tolerancia por la apreciación.

Apreciar, valorar, reconocer y estimar al otro. Sentir afecto es más que amplificar nuestros sentimientos, es ser afectado por su existencia, es superar la indiferencia, es reconocer nuestra propia y permanente alteridad, es halagar la diversidad.
Es dejar de cargar sobre nuestras espaldas el peso tolerante de la infamia, investida de soberbia y falaz sensibilidad.

Descubrir la humanidad inherente al otro es máxima garantía y aval de la propia. Requiere profundos esfuerzos y grandes compromisos para reconocer las propias debilidades y ajenas aptitudes.

Apreciar a los otros no busca generar coincidencias, ni equivalencias automáticas, sino más bien disfrutar y deleitarse con las diferencias, admitir sus contradicciones, ambigüedades y miserias a semejanza de las nuestras.
Involucrarse con lo extraño, lo ajeno, lo diverso nos permite acortar distancias, ayuda a disolver la dictadura de nuestro ego, incluir su humanidad dentro de la nuestra.

Sería justo alentar el fin de la tolerancia, dejándole un pequeñisimo margen de acción y utilizarla para los extremistas, los xénofobos, los racistas, los fundamentalistas, los manipuladores, los cínicos implacables, los nuevos bárbaros.
Para todos ellos propongo el residuo de la tolerancia, marcando nuestras diferencias, distinguiendo su derecho a expresarse y vivir, soportarlos sin negarlos, combatirlos con más pluralidad, forzarlos a la visibilidad, desarmar la clandestinidad de sus ideas, debilitar su dañina fortaleza.

Marcarles limites para impedir su expansión y evitar su hegemonía, necesita de la paradoja de
estar atentos y ser tolerantes con ellos.

Apreciando la ajenidad, tolerando la intolerancia.

NOTAS AL PIE:
1 Atlas fue el jefe de los Titanes en la Titanomaquía, guerra que según la mitología griega ocurrió antes de la existencia de la humanidad. Fue la lucha de los Titanes contra los Olímpicos, que llegarían a reinar sobre el Monte Olimpo. Cuando los Titanes fueron derrotados, Zeus castigó a Atlas a cargar con el peso de llevar los cielos sobre sus hombros. Se contaba que Atlas, a pesar de su superior fuerza, gemía al sujetar la bóveda celeste.
2 El nuevo bárbaro "sería el que piensa que es cierto que el "asado al barolo" es más bueno que la hamburguesa de McDonalds, pero tiene hambre y poco espíritu de sacrificio para llegar hasta el lugar en que hacen el asado, se queda en la "hamburguesería" y se come una mierda de esas escuchando en su iPod Las Estaciones de Vivaldi en versión rock, leyendo al mismo tiempo un manga japonés y, sobre todo, invirtiendo en todo ello diez minutos. Así sale a la calle, ya no tiene hambre y el mundo está ahí dispuesto a ser atravesado. "La relación con el pasado (del bárbaro) no es un principio estético, no es una forma de elegancia: es la respuesta a un hambre." Baricco Alessandro, Los Bárbaros, Editorial Anagrama, 2008, pg. 172

RAREZAS:



graffiti escrito en alguna ciudad española
.
(nótese lo notable del "fallido" de la E bajo el IN)




En su confusión
el "escritor" propuso inicialmente propinar
sus aleccionadoras golpizas primero a los "emigrantes"
antes que a los invasores de tierras lejanas.

Palizas a ustedes por venir, palizas a nosotros por huir...
de nuestra humanidad amenazada.


miércoles, 22 de octubre de 2008

el libro, interpretación o literalidad?

Podemos acercarnos a "El Libro" siendo agnósticos?

Es licito sostener una postura abierta al mundo, apoyar la diversidad y el multiculturalismo, pero rechazar y repudiar a todos los fieles de la Biblia?
Ser progresistas, laicos y seculares nos hace acreedores privilegiados de la verdad, explicita garantía que nos obliga a transitar por veredas opuestas al mundo religioso?
Pueden los creyentes modernos y abiertos basarse en sus escritos sagrados, cuando la ciencia ha socavado implacablemente muchas de las verdades bíblicas?

Es la sagrada escritura un exclusivo espacio de culto para fundamentalistas e integristas, fuente basal de su intolerancia?
O las manipulaciones de sus textos, hechas a imagen y semejanza de sus oscuras intenciones, son asimilables a las tergiversaciones del Corán realizadas por minorías extremistas islámicas?
Las interpretaciones literales de los nuevos y antiguos testamentos han sido una constante a lo largo del tiempo o más bien son construcciones simbólicas propias de la modernidad, mal que nos pese?

Podemos compartir valores de sensibilidad, compromiso, cooperación y tolerancia, 1 con muchísimas personas vitales, sensibles, luminosas y cultas pertenecientes a las tres religiones del libro, sin resignar nuestras dudas y certezas?

Sutiles respuestas a algunas de estas cautivantes preguntas, podemos apreciar en el último (y maravilloso) libro de Karen Armstrong.2

Historia de La Biblia no es un tratado de teología, ni siquiera es una exégesis de la misma, es una biografía, una historia atrapante sobre sus diferentes escrituras, sus diversas interpretaciones, sus amplias contradicciones, sus feroces manipulaciones, sus bellísimas lecciones, su ambigüedad, sus fracasos, miserias y logros.

Fragmento de los manuscritos del Mar Muerto hallados en 1940. 3

El Libro en principio no es Uno, sino un compendio de entre 39 y 77 libros según el canon judío, católico, protestante u ortodoxo, que lo adopte. La compilación no sigue un orden cronológico, presentando sus hechos desde infinitas perspectivas.
Su escritura implicó a una enorme cantidad de escribas, anónimos en su mayoría, que se fue adaptando a las circunstancias históricas y a las necesidades sociales y políticas de su tiempo.

Sus libros describen acontecimientos a menudo cargados de excesiva crueldad y violencia, (mayor a la existente en el Coran, que los occidentales erróneamente le adjudicamos) otros llenos de espiritualidad, poesía y compasión.
Armstrong reseña el complejo transcurrir de su "creación", desde las tempranas transmisiones orales pasando por las transcripciones escritas, hasta su constitución definitiva como tratados sagrados.

Aparecen sus múltiples y disimiles exégesis, sus brillantes comentarios, los debates y refutaciones que generó en su extenso devenir. Es enriquecedor observar como su escritura y lectura han ido variando respecto a las condiciones históricas imperantes, cómo han sido complementarias tanto del racionalismo como del misticismo, utilizadas indistintamente como estandarte de explotadores o bálsamo para oprimidos .

Las primeras exégesis fueron llamadas midras (derivado del verbo darash: investigar, buscar) por los rabinos encargados de su interpretación, que consideraban no evidente ni unívoco a todo sentido nacido de un texto sagrado, ya que "mientras los acontecimientos se revelasen en la Tierra, incluso Dios tenía que continuar estudiando su propia Torá, 4 para descubrir su significado pleno". 5

Filón (70 ac - 45 dc) filosofo judío alejandrino, sostenía que "es absurdo leer el primer capitulo del Génesis de forma literal e imaginar que el mundo fue creado en seis días". 6
Fiel a su tradición platónica, prefería interpretar la narración del mismo, como la creación del Logos (verdad, sentido, razón), elevada alegoría del plan maestro de la creación debida al "...artesano divino del Timeo de Platón, que había modelado la materia prima del universo para así establecer un cosmos ordenado". 7

Resulta esclarecedor para un lector acostumbrado al discurso único y ensordecedor de la actualidad, comprobar que en sus primeros siglos los hombres contemporáneos a su escritura no creían en la literalidad, ni en verdades absolutas, ni siquiera en sus exactitudes históricas.

Seremos invitados a recorrer sus paginas a través de las diferentes exégesis de los padres de la iglesia, las discusiones sobre la divinidad de Jesús, el racionalismo religioso, la lectio divina, el misticismo, la kaballah (con sus misterios, su sexualidad implícita, su cautivante poesía), las sefiroth (los nombres secretos de Dios, las diez dimensiones de la psique divina), la sola scriptura (la lectura individual alentada por Lutero), la cabala luriana (con sus profundas reflexiones sobre el infinito, el vacío y la fragmentación de la divinidad).

Con el fin de la alta edad media, aparecen los primeros cuestionamientos científicos a la lectio divina, combatidos por la Inquisición, modelo por excelencia del fanatismo religioso, paradojicamente un instrumento de la modernidad incipiente, destinado a imponer conformidad y disciplina ideológica bajo la demanda de los nuevos estados nacionales.
La autora describe el previsible enfrentamiento de la Biblia con la edad de la razón, el pensamiento científico, la indiferencia religiosa y los nuevos paradigmas del ateísmo.

Valora el indiscutible aporte del moderno criticismo histórico, que nos permite hoy en día descubrir las diferentes versiones de la Biblia, sus complejas articulaciones, sus fallos históricos y sus variadas texturas ideológicas.
"El criticismo histórico de la Biblia hace que ya no sea posible leer las Sagradas Escrituras sincronicamente, uniendo pasajes muy distantes en el tiempo. Pero el criticismo literario moderno considera que nuestro mundo interior está creado por fragmentos de muchos textos diferentes, que viven unidos en nuestras mentes, el uno modificando al otro. Nuestro mundo moral está determinado por El Rey Lear, Moby Dick y Madame Bovary, así como por La Biblia." 8

En los capítulos finales, resulta inquietante comprobar que las ideologías ultra-defensoras de la lectura literal de las Sagradas Escrituras, como el creacionismo, el integrismo católico, el arrebatamiento, 9 el fundamentalismo protestante de raíz americana, el extremismo sionista religioso (enemigo del secular) son construcciones ideológicas de la modernidad, activas o reactivas a ella. Todas estas desnaturalizaciones que han absorbido la violencia intrínseca de la ratio moderna (guerras nacionales, colonialismo, imperialismo, genocidios, limpiezas étnicas) nacieron en los siglos XIX y XX.

Fanatismos religiosos que no ocultan la existencia de un fundamentalismo secular tan corrosivo y letal como sus opuestos, "que es tan intolerante, parcial e inexacto acerca de la religión como cualquier fundamentalismo basado en la Biblia lo es acerca del secularismo". 10
La pregunta a hacernos es si podremos enfrentarnos eficazmente a los modernos barbarismos religiosos o seculares, aquellos que siguen proyectando sus sombras siniestras sobre nuestro confundido siglo XXI.
Oscurantismo moderno que necesita la aparición de un nuevo iluminismo que se le oponga, no aquél de la razón enceguecedora, del cientificismo absolutista, del progreso a cualquier precio, sino uno bañado por luces más tenues, por poderes más débiles, donde el ego abandone el pedestal de su tiranía, donde las verdades del otro puedan ser escuchadas, apreciadas y valoradas.

Donde los otros seamos nosotros.




En cuanto a las obras humanas, por las palabras de tus labios,
yo me he guardado de las sendas de los violentos.
Salmos 17:4



Armstrong, Karen, Historia de la Biblia, 2007, Editorial Sudamericana, sello Debate, 2008, Mercedes Vaquero por la Traducción


1 Dejo para otra oportunidad discutir sobre el sentido de la tolerancia, su racismo implícito, su barbarie encubierta, para contraponerla con el valor más enriquecedor de la apreciación. Apreciar, aprender y escuchar al otro, más que "tolerarlo" o "soportarlo". Pero bueno, veo que el PPC (pensamiento político correcto) vuelve a acecharme y hostigarme.
2 Karen Armstrong, ex monja católica, de origen inglés, es autora de numerosos trabajos sobre religiones comparadas. Ha escrito una historia de Dios, sobre los fundamentalismos judíos, islámicos y cristianos, el islam, el budismo, sobre las mujeres y el sacerdocio, las guerras sagradas como las cruzadas y muchísimos temas en los que no cesa de bregar por un verdadero encuentro y compromiso interreligioso.
3 Los Manuscritos del Mar Muerto o Rollos de Qumrán (llamados así por hallarse los primeros rollos en una gruta situada en Qumrán, a orillas del mar Muerto) son una colección de casi 800 textos escritos en hebreo y arameo, por integrantes de la congregación judía de los esenios y encontrados en once grutas en los escarpados alrededores del mar Muerto.

4 Torá son los primeros cinco libros del Antiguo Testamento Hebreo (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).
5 Armstrong, Karen, Historia de la Biblia, 2007, Editorial Sudamericana, sello Debate, 2008, Mercedes Vaquero por la Traducción, pg. 85.
6 Ibidem, pg. 57.
7 Ibidem, pg. 57.
8 Ibidem, pg. 212.
9 El arrebatamiento es una variante del fundamentalismo protestante desarrollada por un inglés llamado John N. Darby (1800-1882). Plantea como condición al regreso de Jesús, el establecimiento de todos los judíos en Tierra Santa. De esa manera Jesús volvería a la Tierra y se enfrentaría al Anticristo en la llanura del Armagedón, a las afueras de Jerusalém, en una furiosa batalla donde deberían morir las dos terceras partes del pueblo judío. Los "verdaderos creyentes cristianos" serían perdonados y "arrebatados en nubes" para reunirse con Jesús, que a partir de ese momento gobernaría en el mundo durante mil años hasta el Juicio Final. Lo inquietante de tan absurda teoría es que la misma ha influido en las doctrinas político - militares de George W. Bush gracias al respaldo de líderes de la Coalición Cristiana como Pat Robertson, el fallecido Jerry Falwell, Gary North, Rouss Rushdoony y Tim LaHaye que junto a sus influyentes novelas ha sido un soporte fundamental de la campaña presidencial del futuro ex-presidente americano.10 Ibidem, pg. 217 y 218.
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