"La vida me enseñó que a veces no es posible seguir agarrado a las cosas hasta que duelan las manos, hay que saber soltar a tiempo, antes que el dolor sea caro para las manos y las cosas." Sammy Szusterman (1951-) argentino, arquitecto y amigo
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domingo, 10 de octubre de 2010

un ministro a la deriva

Cristina Fernandez y Amado Boudou
Ministro de Economía Amado Boudou y Diputado Nestor Kirchner
El ministro Boudou ha trasvasado un límite. Fiel a su obsecuencia manipuladora, ha comparado a dos "periodistas disidentes"- según su óptica vulgar- con limpiadores de cámaras de gas. Buena forma de conseguir adeptos bullangueros que compartirán por 678 su feliz ocurrencia, le permitirá también ganarse unos puntitos más en la cumbre del poder, a fin de acercarse a una gobernación, municipio, embajada extranjera o dirección del canal Encuentro.

Pero digámosle, de una buena vez. Los limpiadores de cámaras de gas fueron - entre todos ellos- los prisioneros mas brutalmente deshumanizados por el mejor régimen industrial que produjo muerte masiva, vejaciones inconcebibles y violaciones tremendas como jamás hubo en nuestra bendita tierra humana.
Compararlo con "periodistas disidentes" demuestra, amén de pueril ignorancia histórica, un profundo desprecio por la inteligencia, la dignidad y la sensibilidad que algunos todavía reivindicamos.
Limpiadores de cámaras de gas

domingo, 9 de noviembre de 2008

proclama contra la tolerancia

Discriminación y tolerancia
En una de mis primeras entradas traté de desmenuzar el sentido de la discriminación.
Mascarón de proa del despreciable pensamiento político correcto (PPC), aquel que anega con su infamia las buenas conciencias y abarata la calidad interpretativa del presente.

Al maltratar y anular los "otros sentidos" inherentes en el concepto "discriminación", el lenguaje de la cultura embrutece toda construcción amplia de sentido, amén de aumentar el peso abrumador de la confusión general.

En la nota reivindicaba la necesidad de que "...volvamos, pues a discriminar, o sea a diferenciar lo oscuro de lo luminoso, a distinguir entre sabiduría y barbarie, a discernir entre pasión y fanatismo, a distanciarse de las verdades absolutas y maniqueas y a no dejarse mezclar con las ideas predominantes de esta época que imponen su visión sobre el pasado y el futuro, sin valorar la libertad, la diversidad y el compromiso. Si perdemos estos sentidos implícitos en toda buena discriminación, también dejamos de usar sus beneficios.

Para darle palabras más precisas al sentido más infame de discriminar, invitaba a que "... optemos por (el verbo) “segregar” y sus sinónimos: dividir, apartar, desmembrar, arrinconar, expulsar, repudiar."

Utilice esta breve introducción para abordar al otro hijo dilecto del PPC, aquel que cualquiera de nosotros, incluyéndome, no dudaría en señalar y enaltecer como valor de compromiso, respeto, progresismo y probidad.
La Tolerancia.

Etimología de la tolerancia
Indagando en sus raíces lingüísticas aparecen algunos datos interesantes. Veamos.
Del latín sus significantes “tolerans” “tolerantis”, significan “soportar, cargar, tolerar”, emparentados con el verbo “tollere” (levantar).

Compárese con el griego “tálanton” (balanza) o el verbo "tlénai” (soportar, tolerar) de donde proviene el nombre del titán de la mitología griega “Atlas”, quien luego de perder la lucha en la titanomaquía, 1 fue castigado para “cargar” o “soportar” (tlénai) el cielo sobre sus hombros.

Es notable destacar las intimas relaciones que mantiene el término cuestionado con cuestiones propias de pesos y cargas, de soportes y balanzas.

Veamos al verbo tolerar con el ropaje de la Real Academia Española:
1. Sufrir, llevar con paciencia.
2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente.
3. Resistir, soportar, especialmente un alimento, o una medicina.
4. Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

Deberíamos admitir que "para respetar las ideas ajenas, contrarias a las nuestras, deberíamos resistir y soportarlas, permitiendo su ilicitud, sin aprobarlas, lo que nos lleva a pensar que ese sufrimiento deberíamos llevarlo con infinita paciencia".

Más allá de la ironía, descubrimos que no hay nada en la etimología que hable del respeto por las ideas, creencias y practicas del otro, sino más bien un profundo desagrado que debemos "tolerar", soportar y permitir, por el bien de la civilización.

Repasemos las máscaras que se vienen imponiendo como idearios de la modernidad victoriosa, (algunos la llaman equívocamente posmodernidad) y veremos que el maquillaje ha resultado ser de excelente calidad.

El problema de la corrección política, no son sus nobles y bellos ideales declarativos, sino sus ausencias, sus ocultamientos, sus enmascaramientos.

Viejos y nuevos bárbaros
Proclamar la intolerancia abiertamente, propio de sus brutales exegetas (KKK. nazismo, fascismo, incluso el estalinismo) resultaría hoy en día una postura revulsiva e insultante. El PPC, no la combate, ni la rechaza, ni siquiera la detesta, simplemente la oculta y la apaña en la profundidad de su estimable y presentable superficie.

Los ominosos medios masivos de comunicación, plagados de periodistas y comentaristas, que abusan de toda materia expuesta a su "inteligencia y corrección", son los vigías disciplinadores de lo que debe ser considerado una "buena conciencia", aquella que se resume en valores de nobleza, apertura, comprensión y "tolerancia".

Medios donde se descalifica ferozmente al "discriminador", al "intolerante", al "reaccionario", pero que desesperan por mostrar el conflicto escatológico, la miserias irredentas, los crímenes más aberrantes, el exhibicionismo sexista, la vulgaridad teñida de falsa liberación sexual.

Aquellos que se ufanan de su "tolerancia" presentan diferentes opiniones en profundos y esclarecedores debates, donde nadie es escuchado, donde predomina la injuria y la descalificación, donde la exaltación acompaña la vociferación de ideas. Debates donde al final sedimenta la confusión, la distorsión, la extraña sensación de no haber aprendido nada, de haber tolerado todo.

Es recomendable indagar un poco por los resquicios que nos ofrece la tecnología y echar un vistazo por el sórdido mundo de los comentarios de los "lectores" y detectar el enorme contraste entre la tolerancia de superficie y el barbarismo de las profundidades.
Posteos anónimos, más tóxicos que las hipotecas americanas, cargados de irracionalidad, racismo, sexismo, pseudo-progresismo reaccionario, junto con una ignorancia investida de sabiduría son expresiones de lo que Alessandro Baricco ha llamado los "nuevos barbaros". 2

Tolerancia o apreciación
Me pregunto, si junto a la reivindicación de la discriminación, por sus maravillosos significados denegados, no deberíamos subvertir el tan aclamado valor de la tolerancia.

Para ello propongo humildemente su abolición lisa y llana, una libertad irrestricta a sus equívocos sentidos apresados, cárcel y castigo a su dictadura implícita, exilio forzoso a toda corrección política.
La tarea ciclópea a generar es dejar de tolerar al otro, de soportar sus ideas ajenas y extrañas, de permitir su "existencia ílicita".

La hora nos llama a reemplazar la tolerancia por la apreciación.

Apreciar, valorar, reconocer y estimar al otro. Sentir afecto es más que amplificar nuestros sentimientos, es ser afectado por su existencia, es superar la indiferencia, es reconocer nuestra propia y permanente alteridad, es halagar la diversidad.
Es dejar de cargar sobre nuestras espaldas el peso tolerante de la infamia, investida de soberbia y falaz sensibilidad.

Descubrir la humanidad inherente al otro es máxima garantía y aval de la propia. Requiere profundos esfuerzos y grandes compromisos para reconocer las propias debilidades y ajenas aptitudes.

Apreciar a los otros no busca generar coincidencias, ni equivalencias automáticas, sino más bien disfrutar y deleitarse con las diferencias, admitir sus contradicciones, ambigüedades y miserias a semejanza de las nuestras.
Involucrarse con lo extraño, lo ajeno, lo diverso nos permite acortar distancias, ayuda a disolver la dictadura de nuestro ego, incluir su humanidad dentro de la nuestra.

Sería justo alentar el fin de la tolerancia, dejándole un pequeñisimo margen de acción y utilizarla para los extremistas, los xénofobos, los racistas, los fundamentalistas, los manipuladores, los cínicos implacables, los nuevos bárbaros.
Para todos ellos propongo el residuo de la tolerancia, marcando nuestras diferencias, distinguiendo su derecho a expresarse y vivir, soportarlos sin negarlos, combatirlos con más pluralidad, forzarlos a la visibilidad, desarmar la clandestinidad de sus ideas, debilitar su dañina fortaleza.

Marcarles limites para impedir su expansión y evitar su hegemonía, necesita de la paradoja de
estar atentos y ser tolerantes con ellos.

Apreciando la ajenidad, tolerando la intolerancia.

NOTAS AL PIE:
1 Atlas fue el jefe de los Titanes en la Titanomaquía, guerra que según la mitología griega ocurrió antes de la existencia de la humanidad. Fue la lucha de los Titanes contra los Olímpicos, que llegarían a reinar sobre el Monte Olimpo. Cuando los Titanes fueron derrotados, Zeus castigó a Atlas a cargar con el peso de llevar los cielos sobre sus hombros. Se contaba que Atlas, a pesar de su superior fuerza, gemía al sujetar la bóveda celeste.
2 El nuevo bárbaro "sería el que piensa que es cierto que el "asado al barolo" es más bueno que la hamburguesa de McDonalds, pero tiene hambre y poco espíritu de sacrificio para llegar hasta el lugar en que hacen el asado, se queda en la "hamburguesería" y se come una mierda de esas escuchando en su iPod Las Estaciones de Vivaldi en versión rock, leyendo al mismo tiempo un manga japonés y, sobre todo, invirtiendo en todo ello diez minutos. Así sale a la calle, ya no tiene hambre y el mundo está ahí dispuesto a ser atravesado. "La relación con el pasado (del bárbaro) no es un principio estético, no es una forma de elegancia: es la respuesta a un hambre." Baricco Alessandro, Los Bárbaros, Editorial Anagrama, 2008, pg. 172

RAREZAS:



graffiti escrito en alguna ciudad española
.
(nótese lo notable del "fallido" de la E bajo el IN)




En su confusión
el "escritor" propuso inicialmente propinar
sus aleccionadoras golpizas primero a los "emigrantes"
antes que a los invasores de tierras lejanas.

Palizas a ustedes por venir, palizas a nosotros por huir...
de nuestra humanidad amenazada.


martes, 14 de octubre de 2008

oda a los traductores 2

Torre de Babel por Pierre Bruegel el viejo
1563, Kunsthistorisches Museum, Viena

Una delicia.
Es la mejor síntesis para definir el último libro de Umberto Eco.
Decir casi lo mismo, con la estupenda traducción de Helena Lozano Miralles.

No es un libro exclusivo para eruditos. No es necesario ser semiólogo, ni filólogo, ni lingüista.
Es un libro para "lectores", está escrito en un modo amable y claro, lleno de referencias, múltiples traducciones y "amenities".

Recorrer una palabra, un párrafo o un texto en varios idiomas (inglés, italiano, francés, alemán, español, incluso catalán) lo hace agradable y atractivo, aún para lectores que desconocemos la mayoría de ellos. Ser lector de habla latina (italiano, español o francés) nos habilita para leer y releer esos textos sin ninguna dificultad y conociendo alguno de los dos idiomas sajones (alemán o inglés) uno puede sacar más brillo a la lectura.

Comprender el arte sublime de la traducción es jugar permanentemente con ese "casi" lo mismo.
Es un aporte a la eterna discusión sobre las "traiciones" de los traductores.
Es preguntar por las pérdidas o las ganancias que se producen al trasladar un texto de una lengua a otra. Es decir de una cultura a otra. Incluso de una época pasada a la presente. O viceversa.

Es comprender y comprobar la necesidad de "negociación" que todo traductor debe hacer con el texto para llevar los sentidos sugeridos por el autor en la lengua fuente, a la comprensión del lector en su lengua de destino.

Eco nos lleva por un mundo fascinante para aprehender las ideas de reversibilidad, fidelidad, compensación e interpretación, para conocer las decisiones de familiarizar o extranjerizar, de modernizar o arcaizar, o las operaciones más complejas de refundición parcial o radical de un texto.

Hay vistosos ejemplos de licencias interpretativas o sea refundiciones parciales o radicales, donde "...los traductores para permanecer fieles al sentido profundo o al efecto que el texto quería producir en el plano de la expresión, se concedían o tenían que concederse algunas licencias, a veces infringiendo la referencia". 1 Algunos ejemplos Eco los describe como casos de frontera entre ambas licencias. 2

Según Eco, no toda interpretación es una traducción, pero toda traducción obligatoriamente debe ser una interpretación, siendo el deber básico de todo traductor interpretar previamente un texto para intentar volcarlo en la desembocadura o el delta de la lengua de llegada. 3

"Primero interpretar, luego traducir", 4 bella paráfrasis descartiana, que Eco le da un valor sustantivo dentro del arte de la traducción. Interpretar es valorar el contexto, la geografía, la época, es interpelar al personaje, su lógica, su temperamento, sus relaciones sociales.

Muy divertido resultan los primeros capítulos dedicados a Babel Fish (el sistema de traducción de Altavista, aquel buscador de Internet que Google destronó), donde naufragan las equivalencias descontextualizadas y las sinonimias puras y automáticas.

Eco nos lleva de viaje por la intertextualidad, las remisiones explícitas o implícitas, la hipotiposis, la écfrasis, la ostensión, la parasinonimia, la ejecución (de una partitura en sonidos musicales), los cambios de sustancia o de materia lingüística, y las diferentes interpretaciones, sean intralingüisticas o reformulación (rewording), o interlingïsticas o transmutación (como el paso de un sistema semiótico a otro, de una novela al cine, de una poesía al cómic, de la música a la danza).

Nos permite descubrir también, las "derrotas" del traductor, cuando al no encontrar en la lengua de destino, palabras, o ideas que reflejen la cosmovisión propia del universo cultural y lingüístico de la lengua de origen, planta bandera blanca con sus explicaciones al pie de pagina, "N. del T.: ...".

Apasionante el capítulo dedicado a la poesía. Quizás el lugar donde fracasa irremediablemente el "casi lo mismo". Donde mantener el sentido o la forma (su métrica, su ritmo, su sustancia) resulta a menudo una tarea ardua, complicada y selectiva. Elegir entre ambos, reconocer la infidelidad a alguno de ellos o reformular la sustancia dentro del idioma receptor para inferir sus "formas" sin tergiversar sus ideas es a menudo una tarea "casi imposible".

El libro lo encontré casualmente luego de escribir mi primera oda a los traductores. Coincidente con su primera publicación en lengua española.
Las casualidades y coincidencias, siempre misteriosas, cuando ocurren dejan de serlo.



Atrapante, sugerente, ameno, delicado y bello.
Recomendado para personas inquietas que deseen recorrer los encantos de una de las más bellas artes. Aunque poco reconocidas.



Eco, Umberto, Decir casi lo mismo, Experiencias de Traducción, 2003, Editorial Lumen, 2008, Helena Lozano Miralles por la traducción.

1 Ibidem, pg 388.
2 "Pero, qué diríamos de una ejecución de la Marcha fúnebre de Chopin tocada por una New Orleans Jazz Band?. Quizás se mantendría la línea melódica, pero las sensibles alteraciones rítmicas y tímbricas excluirían que se tratase de simple transcripción como sucede con las Suites de Bach cuando pasan del violoncelo a la flauta contralto."
Ibidem, pg 408.
3 "...Montanari propone traducir source/target como testo fonte/testo foce (texto fuente/texto desembocadura. Puede parecer una sugerencia como cualquier otra, donde quizás foce es mejor que el inglés target , demasiado business-like, y que evoca una idea, a menudo o casi imposible, de victoria, de resultado con el máximo de los puntos. Ahora bien, el término foce nos introduce en un interesante retículo semántico, y abre una reflexión sobre la distinción entre delta y estuario. Quizá hay textos fuente que en la traducción se ensanchan como un embudo (y donde el texto de llegada enriquece el texto venero haciéndolo entrar en el mar de la intertextualidad) y textos delta, que se ramifican en muchas traducciones cada una de las cuales empobrece su caudal, pero todas juntas crean un nuevo territorio, un jardín de senderos que se bifurcan."
Ibidem, pg. 253.
4 Ibidem, pg 317.

sábado, 16 de agosto de 2008

oda a los traductores


Introducción
Quienes somos lectores, intermitentes o constantes, ávidos o lánguidos, obsesivos o apasionados, según el sayo que a cada uno le cabe, destacamos casi siempre el valor de los autores.

Sea literatura de culto o "popular", de ciencias sociales o aplicadas, de entretenimiento o estudio, de investigación científica o política. Sea ensayo, novela o poesía.

Siempre hay un escritor.

Es así como los suplementos culturales de los diarios y las revistas especializadas ensalzan, a escritores famosos o ignotos, estrellas afirmadas en la constelación literaria o asombrosas "revelaciones" prestas a brillar en la nueva "carta astral" del universo cultural.

Obviamente no trato en esta breve exposición, de despreciar el maravilloso arte de escribir, ni menospreciar el aporte enorme a la cultura o civilización, (jugando con la sutil diferenciación de Fernand Braudel) 1 que a través de los siglos han brindado los poetas, pensadores, escritores o científicos.

Sin embargo, no hemos tomado conciencia, tal vez por su "escasa prensa", de la enorme contribución que a lo largo del tiempo y el espacio vienen realizando otros "actores" imprescindibles para lograr esa increíble comunión entre el lector y su escritor.

Me refiero a los "traductores" y su oficio: el dificilísimo arte de la traducción.

Hijos dilectos de la policultural Toledo con su frondosa Escuela de Traductores, legado fascinante de Al-Andalus, la Iberia islámica, con sus primeras traducciones de los clásicos grecorromanos vertidos del árabe y del hebreo al latín, pasando previamente por el romance castellano como lengua intermedia. El mundo antiguo, perdido en los pliegues del primer cristianismo europeo, fue develado por la ventana abierta de la España multirreligiosa.

El segoviano Domingo Gundisalvo, el converso sevillano Juan Hispano, el inglés Abelardo de Bath, el judío Yehuda Ben Moshe, el italiano Gerardo de Cremona y el alemán Hermann el Dalmata, entre otros, no sólo vertieron a la lengua vulgar latina, textos árabes de Ibn Arabi y Averroes, persas como Avicena o griegos como Aristóteles, Galeno, Hipócrates, Euclídes y Ptolomeo, sino que también "contaminaron" la lengua castellana con un nutrido léxico científico y literario, conocido como "arabismo".

Vientos de libertad y conocimiento que se esparcieron por la Europa cristiana, a través de sus universidades, a lo largo y ancho de esa extensa y "renaciente" Edad Media Tardía que se prolonga a los siglos XV y XVI, era que merece nuestra justa reivindicación, porque como bien dice Jacques Le Goff, "el Renacimiento como tal no ha existido".2
Todo logrado a pesar de la reconquista de Toledo en 1085 y gracias a la tolerancia de los reyes castellanos (aunque ese concepto moderno fuera ignorado en la época).

El mundo moderno presenta a grandes escritores desarrollar el noble oficio.
Julio Cortazar, trayendo a nosotros, a notables como a G. K. Chesterton, André Gide o Marguerite Yourcenar. Jorge Luis Borges y Octavio Paz, traductores del habla inglesa. Paul Auster traduciendo poesía francesa al ingles. José Saramago, en sus tiempo libres, a Guy de Maupassant, Tolstoi, Baudelaire, ente otros.

El filólogo, poeta, traductor y ensayista Luis Alberto de Cuenca, recurrió a la literatura fantástica francesa del siglo XIX para ejemplificar la importancia de la traducción, sin la cual “este género no habría existido”.3

Reivindicación del traductor
Limitaremos la tarea de los traductores a la de aquellos monjes copistas, que con paciencia devota dedicaban un año a "imprimir" uno o dos libros como mucho o los consideraremos de una vez por todas como creadores a la misma altura de los escritores?.

En el jazz la interpretación se sobrepone a la composición ya que versionar un tema es una de las formas más sublimes del arte musical. El texto original es "recreado" o vuelto a crear gracias al talento del intérprete.

Recrear o interpretar un texto y traerlo de otro universo idiomático al nuestro o viceversa es una tarea formidable de creación y compromiso.

Por más conocimiento generado por escritores, científicos y poetas, no existiría transacción cultural, ni florecimiento intelectual, ni intercambio político, ni crecimiento social, ni desarrollo económico sin traductores, ya que nuestra Babel humana quedaría reducida a cerrados guetos lingüísticos.

La traducción es un arte superior
Al no existir equivalencia taxativa de significados entre los diferentes idiomas, corresponde al talento del traductor conseguir la mejor interpretación del texto.

Hay palabras comunes a varios idiomas que se fueron fundiendo e intercambiando casi silenciosamente. Traducirlas es sólo cuestión de alguna vocal o consonante.
Hay otras, únicas e irrepetibles, ancladas en una historia propia con una geografía particular, con valores diferentes. Traerlas de esos mundos al nuestro, asemejarlas, investirlas o simularlas para nuestra comprensión o emoción requiere de un enorme esfuerzo creativo.

Frases e ideas completas necesitan una barrido iterativo, hasta dar con las mejores y más correctas adecuaciones del idioma de origen al idioma receptor.

Del acierto o desconcierto del traductor depende nuestra aproximación a las ideas de Aristoteles, Nietzche o Hobbes, al arte de Shakespeare o Henry Miller, al compromiso social de Victor Hugo o Giuseppe de Lampedusa, a la ciencia de Darwin, Einstein o Stephen Hawkins, a los universos de J.R.R. Tolkien, a la aventuras de Alexandre Dumas o Julio Verne o a la poesía de Walt Whitman.

No podríamos exportar sin traductores, para el deleite de chinos, nigerianos, iraníes, belgas o suecos, a Cervantes, Perez Reverte, Borges, Sabato, Aguinis, Garcia Marquez, Asturias, Neruda o tantos otros escritores y poetas de nuestra bellísima lengua común. Y podríamos agregar muchísimos más.

Vayan estas líneas para admirar, ensalzar, iluminar, enaltecer y reivindicar a esos injustamente ocultos artistas de todos los tiempos. La industria editorial los esconde en la tercera o cuarta línea de segunda o tercera página en letras muy chicas de cada libro.

Propongo llevarlos a la portada.

TITULO DE LIBRO

de este Autor*


Traducido por este Señor
*

* femeninos en caso de corresponder

Y en las solapas o contratapas agregar su biografía y bibliografía traducida.





Es lo menos que se merecen.



1 Braudel, Fernand, Las civilizaciones actuales, Editorial Tecnos, 1986, pgs. 12 a 16
2 Le Goff, Jacques y Truong, Nicolas, Una historia del cuerpo en la Edad Media, Editorial Paidos, 2006, pg.55
3 ver nota "Traductores a la altura de los creadores" www.peatom.info/la-llave/16602/traductores-a-la-altura-de-los-creadores/ 23-07-2008.

domingo, 13 de julio de 2008

los libros y sus marcas


Leo en cada espacio o lugar que se me abra, como las hojas de un libro.
El subte, un bar, el baño, la cama, la cocina.
Nunca subrayo, no me gustan los libros marcados.
Dejo en mi memoria los rastros o marcas que ella libremente elige.

jueves, 12 de junio de 2008

discriminar es una buena acción


Una de esas palabras más maravillosas que el pensamiento único (léase pensamiento políticamente correcto, a partir de ahora PPC) ha tergiversado y dañado casi irreversiblemente es el verbo “discriminar” y sus derivados, como el adjetivo “discriminado/a” y sustantivo “discriminación”.
Buceemos un poco…….

Discriminar
Tiene dos acepciones, (según la Real Academia Española RAE).
Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, de sexo, de clase social o casta u otros motivos ideológicos.
Separar, diferenciar una cosa de otra.

Y estos sinónimos:
marginar, diferenciar, distanciar, excluir, segregar, separar, distinguir.

Y estos antónimos:
igualar, incluir, mezclar

Etimológicamente “discriminar” comparte raíz con “critica”. Veamos, pues sus orígenes:
Critica
Del latín “criticus” y éste del griego “kritikosCapaz de discernir.
krínenSeparar, decidir, juzgar.
De raíz indoeuropea “kreiCribar, discriminar, distinguir.
Emparentado con el latín “cernoSeparar, discernir.

Tratemos ahora de agrupar sentidos:
Uno: marginar, excluir, segregar y sus opuestos: igualar, incluir.
Otro: diferenciar, distinguir, discernir, separar, distanciar y su opuesto: mezclar.

El PPC tan extremo, tan arraigado en nuestro mundo cotidiano, en nuestro pensamiento inconsciente, en la inconsciencia de los medios de “incomunicación”, nos bombardea día y noche unívocamente con Uno:

"No a la discriminación"
"Me siento discriminado"
"En la escuela discriminan a mi hijo"
"Es una vergüenza, estas políticas son discriminatorias"

Y así en continuado, de día y noche, sin prisa, sin pausa, hasta el agotamiento neuronal.

Y que pasa con el Otro?
A mi entender el más rico, el más profundo, el más oculto (volvamos entonces a la RAE):
Diferenciar:
Hacer distinción, conocer la diversidad de las cosas.
Distinguir:
Conocer la diferencia que hay de unas cosas a otras.
Manifestar, declarar la diferencia que hay entre una cosa y otra con la cual se puede confundir.
Dicho de una cualidad o de un proceder: Caracterizar a alguien o algo.
Discernir:
Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas.
Distanciar:
Establecer distancia, o aumentarla, entre algo o alguien y una persona, animal, lugar o cosa que se toman como punto de referencia.
Formar grupos homogéneos de cosas que estaban mezcladas con otras.

Y rematemos lo maravilloso de la “discriminación” por su más potente opuesto:
Mezclar:
Untar, unir, incorporar algo con otra cosa, confundiéndolos.
Alterar el orden de las cosas, desordenarlas.
Meter a alguien en algo que no le incumbe o no le interesa.
Enredar, poner división y enemistad entre las personas.

Conclusiones:
Volvamos, pues a discriminar, o sea a diferenciar lo oscuro de lo luminoso, a distinguir entre sabiduría y barbarie, a discernir entre pasión y fanatismo, a distanciarse de las verdades absolutas y maniqueas y a no dejarse mezclar con las ideas predominantes de esta época que imponen su visión sobre el pasado y el futuro, sin valorar la libertad, la diversidad y el compromiso. Si perdemos estos sentidos implícitos en toda buena discriminación, también dejamos de usar sus beneficios.

Para reflejar todo lo “otro”, optemos por “segregar” y sus sinónimos: dividir, apartar, desmembrar, arrinconar, expulsar, repudiar.

Útiles para reflejar la intolerancia y el oscurantismo, ocultos bajo los pliegues siniestros del PPC.

martes, 10 de junio de 2008

el lenguaje, constructor de la cultura


El lenguaje, refugio mágico de la cultura, mitológico, hiper-realista, constructor, de-constructor. Cobijo de utopías, revelador de sombras, sueños, esperanzas y tragedias.

Lenguaje para comunicar, para comprender, para transformar o lenguaje para distorsionar, para confundir, para masificar.

Que ocurre cuando como comunidad lingüística, distorsionamos sus sentidos. Que pasa cuando descontamos un significado, que nos sucede cuando travestimos las palabras.

Palabras.

Hay tantas (emblemáticas, algunas) que de tanto emplearlas equivoca y/o unívocamente, las hemos empobrecido. Vacías de representación, huérfanas de mensaje.

Como una autopista de una sola mano que a ningún lugar conduce. De la confusión a la nada.

Palabras de un solo sentido o sin-sentido. Autoritarismo de lo absoluto, ausencia de ideas, carencia de mensaje. Mensaje Único, pensamiento políticamente correcto (PPC).

Nuestra cultura va perdiendo esos lazos de unión, de comunión, de encuentro.

Palabras perdidas. Emociones perdidas. Mundos cerrados. Muros en lugar de puentes.

Eso es lo que intentaré en estos primeros ejercicios, desmitificar, develar, iluminar, explorar esas pequeñas o grandes grietas que encierran u ocultan las palabras.

Sociedad de masas, sociedad de consumidores, sociedad mediática. Masificación, insatisfacción, incomunicación.

Intentaremos el reencuentro.

las palabras y sus "sentidos"

Las palabras guardan sentimientos, ideas, pensamientos, representan objetos, le dan nombre a las cosas y hasta le dan vida a la vida misma, que de otra manera quedaría huérfana de sentido, de sentidos.

Lo maravilloso de las palabras es que, al darle vida a las cosas y a los objetos, no poseen un único e inequívoco sentido.

Esconden matices, revelan o desvelan significados y además se dejan llevar por las violaciones que el tiempo y las diferentes culturas le imponen.

En la época que vivimos el mayor violador de los “derechos” de las palabras es el pensamiento políticamente correcto (a partir de ahora PPC) , que a medida que se instala y consolida como un cuasi pensamiento único, va arrasando con la diversidad de ideas y opiniones, contradicciones y certezas.

La diversidad inherente a la libertad de “sentido”, es la mayor fuente de riqueza de las palabras.

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