"La vida me enseñó que a veces no es posible seguir agarrado a las cosas hasta que duelan las manos, hay que saber soltar a tiempo, antes que el dolor sea caro para las manos y las cosas." Sammy Szusterman (1951-) argentino, arquitecto y amigo
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viernes, 12 de abril de 2013

parar esta infamia


Reproduzco a continuación la carta de lectores que me publicó el diario La Nacion en el día de la fecha 12-04-13:



La República está en grave peligro. Su concepción iluminista concebida por los constituyentes del 53 y 94, defensora de los derechos de minorías y personas frente al histórico atropello de los estados absolutistas, gracias a un garantismo moderno y libertario, utilizada poco e intermitentemente, va a ser tergiversada a favor de un centralismo faccioso, autoritario y avasallador.

Ante la gravedad expuesta, propongo humildemente a todas las Oposiciones que por única vez y al solo efecto de parar esta infamia, conformen un Frente Electoral 2013-2015, transitorio y limitado por un programa práctico, sencillo y contundente de 5 puntos:

1) Derogación lisa y llana de las tres leyes inconstitucionales: limitación de cautelares, voto "popular" del Consejo de la Magistratura, creación de nuevas Cámaras de Casación.
2) Derogación de la emergencia económica.
3) Derogación de todas las leyes delegativas de atribuciones legislativas al Poder Ejecutivo.
4) Cierre del INDEC y creación de un nueva Agencia Nacional de Estadísticas, autárquica del PEN y gerenciada por un directorio elegido por concursos públicos.
5) Bloqueo total y absoluto a todo intento de reforma constitucional.

Una vez terminado el bienio y cumplido el mandato popular con tan sencillos puntos de acuerdo, todas las oposiciones podrán romper el frente y retornar a sus viejas miserias, egos y pequeñeces o escuchar re-significando esta frase del viejo Churchill: "Os dieron a elegir entre la deshonor o la guerra. Elegisteis el deshonor y tendréis la guerra".


sábado, 30 de mayo de 2009

contrareseña de un libro que no he leído

Acabo de terminar de leer el excelente ensayo histórico de la investigadora y periodista científica Heather Pringle sobre la siniestra y poco conocida Ahnenerbe: El Plan Maestro Arqueología fantástica al servicio del regimen nazi. En un próximo post ofreceré mis impresiones e ideas al respecto. 1

Sin embargo, esta vez he decidido reseñar un libro que no he leído. Uds. dirán que he enloquecido, que los festejos y agradecimientos por haber atravesado la barrera de los 50 me han trastornado. Es posible, aunque éste no sea el caso.

Como puedo hablar, comentar y recomendar algo que no he leído? Dicho en palabras un poco más íntimas, como expresar emociones no vividas, sensaciones no experimentadas o placeres desconocidos. Pues eso es lo que haré, anticiparme deliberadamente, mostrar la escena ocultada por el telón, el carro antes que el caballo, el deseo antes que su orgasmo.

Deseo referirme pues, a la extraña pulsión que desatamos al elegir un libro. Aquellos que no nos han sido recomendados por nadie, que no hemos conocido previamente en suplemento literario alguno o que simplemente ignorabamos de su existencia.

En un escaparete luminoso, perdido en mal clasificados estantes u oculto entre montañas, marañas y telarañas de libros vecinos, amigables y extraños.

El pasado martes, mientras recorría una conocida librería de Belgrano, lo ví. En el borde de una batea, tal vez esperándo un atento o molesto comprador, imaginando un éxito fulgurante o temiendo ser lanzado a un rincón polvoriento de librería de saldos. (sucias, ópacas, oscuras y extrañas, tan opuestas y atractivas)

El libro que voy a reseñar y sin embargo no he leído, se intitula El paisaje en las nubes Crónicas en El Mundo 1937-1942 de un tal Roberto Arlt.

Compendio de todas las crónicas periodisticas, para ser más exactos 236, escritas por el gran Roberto en clave intrepretativa, publicadas en dos columnas del porteñísimo períodico El Mundo entre 1937 y 1942. "Tiempos Presentes" y "Al margen del cable".2

Qué me atrajo, qué me sedujo, qué me impulso a tenerlo entre mis manos, a desearlo, sin saber nada de él, sin comentario, ni recomendación, ni aliento amigable a leerlo?

Amor a primera vista. Irracional e incomprensible como todos los amores. Sentí que me encontraba ante un gran banquete, esos que la vida nos ofrece a diario y que sin embargo, envueltos en nuestra cotidiana batalla optamos por desperdiciar.

Me atrajo la sensualidad de su portada, un aguafuerte de arlt enfundado en un mapa de europa, el blanco de fondo, anticipo de sus silencios, la extensión de sus más de 750 páginas, (aquellas que me permitirán sumergirme, naufragar y sobrevivir un largo rato) su gordura y espesor, las delicadas reseñas de contraportada de su curadora Rose Corral y su prologuista el historiador Ricardo Piglia.

Estoy atrapado por lo breve de sus relatos, (sólo tres o cuatro páginas) la época en que fueron escritos, (el ascenso de Eisenhower y Hitler, el inicio de la segunda etapa de la gran guerra) la rara mezcla de crónicas urbanas, historias mínimas y no tanto, mixtura de escenas reales y dialogos imaginarios, cables informativos transformados en cuentos relatados, semblanzas de protagonistas históricos en tiempo real, bitácoras de viajes por esa Europa que se iba encallando en la tragedia y la oscuridad, la periferica mirada rioplatense y arltiana.

Textos sobre textos, textos trás de textos, textos entre textos, textos frente a textos, textos sin textos. Relatos, historias, viajes, crónicas, semblanzas, trazos, pinceladas, bosquejos, épocas, situaciones, imagenes. Pura literatura.

Existen misterios confundidos con certezas, raros anhelos disfrazados de complicadas explicaciones, íntimos deseos bañados por audaces justificaciones y mágicas ensoñaciones que se resisten a ser clasificadas cuando por alguna extraña razón hemos elegido tal cosa y no otra. Cuando decidimos girar imprevistamente nuestro destino previamente determinado, cuando la vida se nos abre de sopetón. Como las páginas de un libro que aún no hemos leído.

Invito a mis amigos a acompañarme con alguna experiencia digna de ser compartida y relatada.

Que te motivó a elegir tal libro, disco o película que nadie te recomendó?
Fue su portada, sus letras, algún párrafo interior leído al azar, el título, su contratapa?
Fue la casualidad o ya lo estabas buscando?
Donde lo encontraste, que te atrajo, que esperabas encontrar?

Cumplió o incumplió con tus expectativas?


Ahora los dejo, Arlt me espera. Próximamente volveré con una reseña hecha y derecha. Uyy, perdón se me cruzó un Cabo Trafalgar de don Perez Reverte.
Arlt seguirá vivo a mi lado unos días más.



NOTAS AL PIE
1 Tengo pendientes mis comentarios de libros que he leído antes del Plan Maestro, Arqueología fantástica al servicio del regimen nazi de Heather Pringle. Son Legado de Cenizas, La historia de la CIA de Tim Weiner e Historia de la Palestina Moderna, Una tierra dos pueblos de Illan Pappe.
2 Arlt, Roberto, El paisaje en las nubes, Crónicas en El Mundo 1937-1942, Fondo de Cultura Económica, 2009.

martes, 23 de diciembre de 2008

las trampas de la memoria

Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla.
George Santayana (filósofo hispano-americano, 1863-1952)

Gracias a que la manipulación de la memoria histórica está en boga, tanto en nuestro país como en la madre patria, debo reconocer que esta remanida, gastada y abusiva frase me produce un profundo rechazo y una indisimulable aversión.

Paradigmática bandera de aquellos que usan y abusan del pasado, frase preferida de la corrección política por antonomasia (PPC) está, sin embargo, cargada de falsedad, malicia y engaño. Podemos también encuadrarla dentro de una concepción "moralmente" correcta.

Según el critico literario, filósofo e historiador búlgaro Tzvetan Todorov, el pensamiento moralmente correcto involucra todo aquello que las buenas conciencias determinan como valorable, creando una especie de hipócrita división entre justos y pecadores, entre "pseudo-progresistas" y "símil-reaccionarios".

"Como reconocer a un moralizador? Designo con esta palabra a quien se enorgullece de identificar públicamente las manifestaciones del bien y del mal. Ser moralizador no significa en absoluto, ser moral. El individuo moral somete su propia vida a los criterios del bien y del mal, nociones situadas más allá de sus satisfacciones o sus placeres. El moralizador, en cambio, quiere someter a esos mismos criterios la vida de quienes le rodean, y obtiene beneficios de ello: el de encontrarse del lado bueno de la barrera. (...) Lo que define al moralizador no es el contenido de sus convicciones, sino la estrategia de su acción. (...) Convoca a la memoria, y especial a la memoria del mal, para aleccionar mejor a sus contemporáneos". 1

Si somos "un pueblo que no olvida el pasado "estamos condenados al éxito", si no lo recordamos de acuerdo a los cánones hegemónicos del presente seremos arrojados al leprosario de los reaccionarios, los indiferentes, los inmorales.

Es correcto pensar que la obligatoriedad del recuerdo histórico nos hace inmune a la repetición de las tragedias del pasado?
Cual es la condena a pagar por el olvido?

Vayamos por parte.

La memoria como fenómeno individual
Empecemos por desentrañar el fenómeno personalísimo de la memoria. Justo es plantearlo crudamente: Los humanos somos más propensos al olvido que a la memoria.
No es un capricho indigno ni un planteamiento amoral, es una condición indispensable para transitar nuestro tiempo con dignidad, alegría y coraje.


Einstein decía que "la única razón para que el tiempo exista es para que no ocurra todo a la vez". Al reconocer que el tiempo es un poderoso remedio contra los dolores del alma, estamos aceptando la magia curativa del olvido.


Existen dolores intensos e insoportables, ocultos en los pliegues de nuestra vida, que gracias a alguna metodología terapéutica o religiosa, merecen volver al olvido una vez cargados de sentido, liberados ya del traumático encierro.

Pensemos que ambos sentidos, tanto el de olvidar como el de recordar, no están trazados en la misma dirección, no forman parte de ninguna autovía de doble mano, ni están gobernados por alguna directriz volitiva. La voluntad es un comando estéril para dominar las pulsiones del olvido o del recuerdo.

La memoria viene adjuntada con el poderoso don de la selectividad y la imprevisibilidad. No somos nosotros quienes recordamos, es nuestra memoria quien nos recuerda.

Afortunadamente, el olvido resulta ser una indispensable panacea para soportar los múltiples presentes y los cautivantes e inciertos futuros que nos acechan. Como contrapartida el regreso inesperado de lo recordado puede transformarse tanto en un potente retardo de nuestro crecimiento como en una piadosa oportunidad para resignificar nuestra existencia.

Cual es la parte más positiva de la memoria personal?
Pues aquella que no podemos controlar, la que nos sorprende y nos invita a reflexionar y emocionarnos, la que nos ayuda a fortalecer nuestro porvenir, la memoria que nos recuerda que debemos poblar de sentidos nuestras vidas, sin abandonarnos melancólicamente sobre la falsa añoranza por tiempos pasados que distorsionen amargamente el presente.

El meollo no se encuentra en el sustantivo ni en el verbo, sino en los adverbios.
No vivir de, ni para los recuerdos, sino con los recuerdos, siempre que ellos quieran acompañarnos. Imposición y memoria no son compatibles.

La memoria como fenómeno colectivo
Empecemos por comprender que la memoria colectiva como tal, no tiene una entidad precisa, unívoca ni definitiva. Obviamente que existen grandes o pequeños acontecimientos históricos que involucran a cientos, miles o millones de personas. Personas que pueden tener componentes comunes de pertenencia social, política, religiosa o nacional.

Pero eso no construye taxativamente "una" sola memoria colectiva, ya que dependiendo del lugar y el tiempo de cada uno, esa rica combinación de lo vivido individual y colectivamente determina "muchas" memorias históricas, en planos múltiples y diferenciados que nos acercan al relato común y nos invitan al análisis de los hechos, sus circunstancias y sus lecciones.

La historia es una ciencia que intenta develar el pasado, pero no está inmóvil, ni ha sido ya predeterminada y fijada. Avanza lentamente gracias al aporte de nuevos documentos, algunos descubiertos, otros desclasificados, otros tantos aportados por nuevos y valientes testimonios. No actúa mágicamente para comprender el presente, ni siquiera permite predecir el futuro. Está llena de signos e interrogantes que nos invitan a la reflexión constante.

Todorov, señala que "...el pasado histórico, al igual que el orden de la naturaleza, no tiene sentido en sí mismo, no secreta por sí solo valor alguno; sentido y valor proceden de los seres humanos que los examinan y los juzgan. El mismo hecho, como hemos visto, puede recibir interpretaciones opuestas y servir de justificación a políticas que se combaten mutuamente". 2

La historia es siempre versional, subjetiva y va transformándose junto con las circunstancias y mandatos del presente.
Acercarse a la historia implica una voluntad de comprensión y conocimiento, pero no puede imponerse arbitrariamente, con un único sentido. Si la visión sesgada y tendenciosa del pasado es impuesta por el poder, es un deber ciudadano resistir y cuestionar, ampliando la visión comprehensiva de los hechos por sobre la tendenciosa y limitada definición del manipulador.

La memoria como herramienta
Puede el pasado repetirse banal e iterativamente como cruel castigo a nuestra ignorancia histórica?
Que es lo que debemos recordar para evitar el maleficio?

Sabiamente Todorov, nos remite a los tres actores necesarios para reconstruir las huellas del pasado: los testigos, los historiadores y los conmemoradores, poniendo el acento en la peligrosidad del tercero. En esta última categoría entran la escuela, los medios de (in) comunicación, los discursos políticos y parlamentarios, el poder.

"La conmemoración se alimenta, claro está, de elementos aportados por los testigos y los historiadores, pero no se somete a las pruebas de verdad que se imponen a unos y otros. (...) Por eso, mientras que testigos e historiadores pueden complementarse fácilmente unos a otros, hay entre el historiador y el conmemorador una diferencia tanto de objetivos como de métodos, que hace que sus andaduras sean difícilmente compatibles. Esta oposición merece ser subrayada, tanto más cuanto el conmemorador quisiera aprovechar la impersonalidad de su discurso (en efecto, no habla de sí mismo) para darle una apariencia de objetividad, de verdad. Pero no es en absoluto así. La historia complica nuestro conocimiento del pasado: la conmemoración lo simplifica, puesto que su objetivo más frecuente es procurarnos ídolos para venerar y enemigos para aborrecer. La primera es sacrílega, la segunda, sacralizante. 3

Y esto nos da pie para pensar que la historia no debe ser ni banalizada ni sacralizada. 4

El riesgo de banalizarla es asimilarla acríticamente al presente, borrando texturas y diferencias, debilitando el impacto del presente y sus inherentes causalidades, sugiriendo que lo pasado puede repetirse mágicamente. A su vez al sacralizar una circunstancia excepcional de la historia, la alejamos radicalmente de la actualidad, aislándola cual acontecimiento único e irrepetible, desalentando las lecciones que la trascienden y valorizan.

Construir sentidos desde la historia es un derecho de ciudadanía, no un deber impuesto por alguna esterilizante frase, como la que intencionadamente utilice en el acápite de este texto.

Los riesgos de repetir las tragedias del pasado (guerras mundiales, matanzas colectivas, terrorismos de estado, genocidios ) no se reducen por el mero recuerdo o la cíclica conmemoración. El genocidio armenio de 1915 (Hitler lo recordaba muy bien antes de instigar el suyo) no evitó el Holodomor 5 de 1932-33, ni impidió el Holocausto, ni éste el de Ruanda en 1994.
No hay fórmula mágica que evite la reiteración de la crueldad sistematizada.

Extender las fronteras de la libertad y el compromiso, esclarecer los variados signos del pasado, construir sentido y desarrollar valores comunes son algunas de las pequeñas e inmensas tareas que nos comprometen si queremos edificar ciudadanía en lugar de pertenecer a la impersonal y cómoda categoría de "pueblo".

Siendo una categoría tan difusa y vaga, (merecerá algún análisis para otra oportunidad) definirlo como único gerenciador de la memoria histórica es, cuanto menos, una irreverencia. Ninguna obligatoria interpretación de la historia, basada en el sujeto "pueblo", por más bien intencionada que sea, construye herramientas aptas y útiles tanto para comprender lo actual como para anticipar el porvenir.

En Argentina, la imposición sesgada y abusiva de la doctrina de los derechos humanos, sólo como repudio parcializado de uno de los períodos más trágicos de nuestra historia, se ha transformado en un revulsivo, incluso para quienes hemos batallado contra la infamia y la barbarie de esos años, gracias a una grácil manipulación ejecutada junto a un banal bastardeo de valores, sentimientos y sentidos. Mal que les pese a los aún bienintencionados, la metralla sistemática y repetida de hechos y circunstancias, alienta en personas poco o levemente esclarecidas reacciones inversamente proporcionales a las buscadas.

Conclusiones finales
Terminemos con Todorov:
" El pasado podrá contribuir a la constitución de la identidad, individual o colectiva, como a la formación de nuestros valores, ideales, principios, siempre que aceptemos que éstos estén sometidos al examen de la razón y a la prueba del debate, en lugar de desear imponerlos sencillamente porque son los nuestros. Este vinculo con los valores es esencial; es, al mismo tiempo, limitado. El pasado puede alimentar nuestros principios de acción en el presente; no por ello nos ofrece el sentido de este presente. El racismo, la xenofobia, la exclusión que afectan, hoy, a los demás, no son idénticos a los de hace cincuenta, cien o doscientos años, no tienen las mismas formas ni las mismas víctimas. La sacralización del pasado le priva de cualquier eficacia en el presente; pero la asimilación pura y simple del presente al pasado nos ciega sobre ambos y provoca, a su vez, la injusticia. El camino entre sacralización y banalización del pasado, entre servir al propio interés y dar lección de moral a los demás puede parecer estrecho, y sin embargo existe." 6

Si descontamos que no hay una única y excluyente interpretación de los hechos del pasado, ni tampoco agente exclusivo de ese recuerdo, no hay condena anticipatoria alguna para reiterar idénticas e inexistentes circunstancias por venir.

Se recomienda el pasado en sabias dosis, que no intoxiquen ni contaminen el presente, para hacer más viable y esperanzador el futuro.



Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto)...

Jorge Luis Borges (Funes el memorioso)


NOTAS AL PIE
1 Todorov, Tzvetan, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Península HCS. 2002, pg.229.
Cualquier maliciosa semejanza con la oscura realidad política argentina, léase monarquía matrimonial reinante, es pura y tendenciosa casualidad.
2 Ibidem pg. 211
3 Ibidem pg. 159
4. "La tesis que quisiera desarrollar aquí es la siguiente: en sí misma, y sin ninguna otra restricción, la "memoria" no es buena ni mala. Los beneficios que se espera obtener de ella pueden ser neutralizados, desviados incluso. De que modo? En primer lugar, por la forma que adoptan nuestras reminiscencias, navegando constantemente entre dos escollos complementarios: la sacralización, aislamiento radical del recuerdo y la banalización, o asimilación abusiva del presente al pasado". Ibidem pgs. 194, 195.
5 Holodomor o Genocidio Ucraniano de 1932-1933, fue una masacre colectiva de agricultores ucranianos opuestos a los objetivos de la colectivización forzosa impuesta por Stalin. Los estudios históricos calculan una cantidad de entre 5 a 7 millones de personas muertas por inanición dentro de límites geográficos cerrados, siendo hambreados intencionadamente de acuerdo a directivas del Politburó.
6
Todorov, Tzvetan, Memoria del mal, tentación del bien. Indagación sobre el siglo XX, Península HCS. 2002, pg. 211.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

juventud o la pérdida de un tesoro mal buscado

El legado imprevisto de la década exultante
Al analizar la exuberante y contradictoria década de los 60, emblema de la avanzada modernista del pasado siglo, podríamos decir que legó a los decenios venideros, dos hechos destacados, uno de orden positivo y otro de rango negativo.

El primero de ellos ha sido la reivindicación de lo juvenil como estado de ánimo y de la juventud como actor excluyente de tal demanda.

Influyeron a tal fin varios factores, a saber: la resistencia a la opresión, (no ya de una clase social, sino de una franja etaria senil sobre las otras) la irrupción del rock & roll como vehículo de expresión, las protestas sociales a lo largo del mundo, (París y Praga 68, el movimiento por los derechos civiles) la repulsa a las intervenciones neocolonialistas, la consolidación de la moda juvenil, contestataria y emblemática.
Detectar y describir al resto de los factores decisivos del acontecimiento, será la próxima y excitante tarea que los cronistas de costumbres irán agregando a medida que progrese la historiografía de época.

No hace falta ser excesivamente ilustrado para apreciar lo positivo de la independencia de la franja etaria más juvenil respecto a antiguas imposiciones, patrones, valores y modas que le eran ajenas. Impulsó una corriente de vitalidad y dinamismo tanto dentro de las concepciones más humanistas como al interior de las más retrógradas.

Cual ha sido sin embargo la estela más negativa que dejaron los 60's, que se derramó y estagnó desde entonces hasta la actualidad?

A mi humilde entender, ha sido la reivindicación de lo juvenil como estado de ánimo y de la juventud como actor excluyente de tal demanda.

En una primera reacción la civilización repudió el impacto de tan brutal rebelión contra sus valores eternos y lentamente fue asimilando el revulsivo hasta transformarlo en una de sus más publicitadas banderas.

El consumismo depredador detectó rápidamente sus inmensos beneficios y aceleró el cambio. La sociología de masas, la teocracia psicoanalítica junto con las nuevas praxis comunicacionales fueron potentes canales que desvirtuaron el torrente positivo en un anegamiento absolutista y conservador. La cosmovisión juvenil pasó de revolucionaria a reaccionaria.

Los nuevos mandatos
Muchos hemos luchado por resistir a lo largo de nuestras vidas, aquellos mandatos ancestrales, que reprimían el placer, abortaban la libertad, asfixiaban la belleza y sofocaban la creatividad.

Pero han aparecido nuevos y letales dictados, con consecuencias no deseadas, pero no menos dañinas. A uno de ellos lo hemos elevado a la categoría de lo divino: el mito de la eterna juventud.

Por supuesto que no estoy rechazando la enorme contribución al vitalismo y a la frescura, ni tan siquiera estoy negando la independencia de criterio y los valores implícitos y explícitos de toda razón juvenil. Sería una mala lectura de mis dichos e impropio de un incorrecto político y social como el que suscribe.

El problema no es la "juventud" como tal, sino su imposición como estandarte de poder, como valor excluyente y dominante. El problema no radica en ser jóvenes sino en "deber" ser jóvenes a toda costa y a cualquier precio.

Ese "deber ser" se ha transformado en un destino ineludible, en un objetivo supremo a alcanzar y una meta a mantener hasta nuestra propia muerte. Muerte que sobrevendrá primero cuando nos rindamos ante lo inevitable, cuando abandonemos la lucha por sostener el artificio. Dejar de ser jóvenes equivaldrá a nuestra anticipada muerte social, prolongando lánguidamente todo resabio vital hasta el fin.

El mandato de la hora es convertir el ideal juvenil en un presente continuo, en una adolescencia perpetua refractaria a todo sufrimiento, carente de esfuerzo, goce y compromiso.

El eterno retorno de un tal Wilde
La humanidad no ha ahorrado esfuerzos por alcanzar el mito de la juventud eternizada. Y aquí nosotros, generación sesentista mediante y con el impulso irresistible del milenio, lo hemos logrado.

Dorian Gray no dejaría rastros de su juventud malhabida en lienzo alguno. Jamás habrá transmutación material entre arte y realidad pues sus espejos reflejarían su lozanía e identidad, repetidas ad-infinitum.

DG, hoy se vería bello y radiante, botoxdependiente, sutilmente lipoaspirado, con un rostro nuevo clonado y siliconado. Gozaría de sus recién estrenados 117 años en forma, rozagante, brillantemente dentado, con un par de pupilas coloreadas por lentes multicolores. Y si todo eso no resultara suficiente, bastarían unos clics photoshopeados para atraer o seducir toda atenta mirada ajena.

Pues básicamente de eso se trata ser jóvenes hoy. La eternidad por una mirada. La vista del otro, que es la única que reconforta, imprime sobre nuestras existencias una obsesión dura y asfixiante: ser siempre joven, bello y adolescente.

La visión dominante que ilumina y encandila el presente, se convierte en vengativa ceguera sobre toda vejez, senectud y fealdad que ose enfrentar su justa supremacía. La propia vida atada al yugo del aprecio o el desprecio visual. Rotas las viejas cadenas del consejo de ancianos, que vivan pues los nuevos lazos del absolutismo juvenil disciplinador.

Todos sabemos que hemos dejado de ser, hace poco tiempo, una civilización lecto-escribiente para convertirnos en una cultura imagen-absorbente. Obviamente esta acelerada travesía va dejando huellas, imponiendo costas, desparramando residuos y toxinas.

Acompañan este hermoso viaje muchos padres gustosos por abandonar el duro oficio de la paternidad para convertirse en figuras calcadas de sus hijos, borrando las diferencias de edad, invirtiendo y delegando el mando en la juventud de ellos. Mando paternal que debiera estructurar limites, comprensión y afecto, convertido en lazo equitativo de una vida sin destino.

El mito de la eterna juventud convierte a hombres y mujeres en corpóreas carcasas carentes de amor, inteligencia y coraje. Jóvenes eternos dispuestos al sacrificio oscuro de la mutilación programada, a la inyección intracutánea de panaceas y elixires sintéticos, al agotamiento deportivo glorificado por el martirio sufriente e idealista.

Y si no nos dedicamos a estos dramáticos menesteres, pues nos queda el mandato cruel y decisivo de la cultura y sus sutiles imposiciones, cargadas de emociones equivocamente adheridas a nuestra vida.

Y añoramos "nuestra época", aquella de nuestra "perdida e idílica juventud", de cuando fuimos felices y bailábamos de tal modo o escuchábamos a aquel otro, o luchábamos por "ese glorioso ideal". Única etapa vital capaz de ser recordada, estimada y valorada. Como si algún perverso malviviente supraestelar hubiera decidido limitar la validez de nuestras vidas a "aquellos dorados años".

Con el riesgo de trocar el desafío de vivir, por un relato anegado de melancolía y nostalgia, no nos quedan más que dos opciones. Seguir siendo "jóvenes", evitando así el anticipado retiro de nuestra existencia o languidecer en un largo lamento por una época perdida que nunca supimos cuando ni porque terminó.

Ser eternamente jóvenes es construir un pasado ficticio e ideal, abandonados en un presente estéril y perpetuo a la vista indolente de un futuro vaciado de porvenir.

Juventud o vitalidad
Cumpliendo con el mandato subversivo de rechazar toda alternativa binaria, siempre podemos echar a mano algún tercer camino.

Recapitulemos, la vida no terminó. La juventud no es un estado emocional, no es meta ni objetivo. No es ideología, ni cosmovisión alguna. Tampoco es un valor. Tan errado resulta confundir juventud con vitalidad, como endilgarle sabiduría exclusiva a la vejez.

El tercer camino es la reivindicación de la "vitalidad".

La vitalidad no es un don, ni un regalo divino, ni una condición asociada a etapa vital alguna. No se adquiere con el crédito de un plástico, ni está disponible en alguna góndola repleta de novedades y chucherías.

Es simplemente una actitud, una postura ante el mundo, que implica nada menos que desplegar la majestuosa y emocionante tarea de darle "sentidos" a nuestra vida. Sentidos personalísimos e indelegables, listos para ser descubiertos, subidos a esa humilde barcaza llamada vitalidad, dispuesta para atravesar hostiles mareas y delicadas tempestades.

Vitalidad para acompañar la corta o extensa vida que se nos ofrezca, para crecer y madurar, para disolver caminos y atravesar fronteras, para llenar de dicha el esfuerzo y emoción el compromiso. Vitalidad compuesta de sensualidades y asperezas, de derrotas y batallas, de sufrimientos y placeres, de amores y resiliencias .

Sé que no faltaran voces de desdén y repudio, argumentando que próximo a cumplir la mitad de un siglo en este XXI, he dejado de ser un joven, que me inunda el resentimiento combinado con la envidia y que mis dichos nacen obnubilados por la nostalgia de lo irremediablemente perdido.

Sin embargo si me dieran a elegir en volver a mis 18 o cumplir dentro de seis meses mis primeros 50 y ante lo imprevisible del futuro, no dudaría en preferir la flecha audaz del devenir, a la catapulta oxidada hacia un pasado añorado, pero nunca vivido. Y si no tuviera más que dos opciones a elegir, pues elegiría siempre la tercera.

Sé que envejecer es obligatorio pero crecer es decididamente optativo.



"Un rostro sin arrugas es como un pliego de papel en el que no hay nada escrito."
Jean Paul Richter (1763-1825)



AL PIE
Agradezco a el Caballero Negro en su post por ser el disparador de esta nota. "Aquel que desee ser eternamente joven podría tener la desgracia de que su deseo se cumpla..."

miércoles, 24 de septiembre de 2008

nuestras otras vidas




Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla"
Alejandra Pizarnik 1




Quien acompaña nuestra vida, quien tiembla junto a nosotros? Vivimos en la pura exterioridad, horizonte bárbaro del mundo moderno o en los frondosos misterios de nuestros mundos interiores?

Existen dos mundos para definir nuestra existencia, dualidad encarnada de Occidente, cuerpo y espíritu, alma y materia?

Cuantas vidas vivimos?
La visible o la invisible?

No hay dudas de la existencia de vida larga, visible, hiperrealista, expuesta a la mirada ajena, jalonada por acontecimientos imprevistos o indeterminados. Una vida necesitada de un tiempo extendido y espacios anchos para desarrollarse.
Un tiempo limitado por razones genéticas (nuestra existencia), psicológicas, (nuestros afectos o desafectos) económicas, (nuestra condición social) y sociológicas (nuestra civilización).
Un espacio limitado por la geografía de pertenencia, por elección o adopción.

Compartiendo una nacionalidad, una vida social, un universo afectivo, complejas relaciones de producción.

Nacimiento, escolaridad, amores, casamientos, viajes, paternidades, separaciones, trabajos, ancianidad, muerte.

Si uno tuviera la oportunidad de relatar la propia vida y siguiendo el ejemplo de antiguos cronistas o historiadores de eventos, podríamos estructurar una "línea del tiempo", un continuum completo y real, colocando uno tras otro los hechos vividos, como diapositivas en continuado. Muchas vidas compartirían de esta manera, el mismo "relato", aún con sus notorias diferencias.

Pero, alcanza esa historiografía de circunstancias, para definir nuestra vida?

O podemos descubrir otras vidas, que se desarrollan en la profundidad de nuestra superficie, océanos inmensos de espesores mínimos pero infinitos.

Vidas que tienen otras líneas de tiempo, superpuestas, intermitentes o continuas. Construidas con una compleja argamasa de dicha, emoción, espanto, asombro y algarabía.

Depósitos donde reposan sueños y pasiones, recipientes de anhelos y pesadillas, cámaras de locura y tormento.
Cantera inagotable de resurrecciones y milagros.

Vidas que se construyen en la intemporalidad de la lectura, en la contemplación del universo, en el éxtasis y ocaso del deseo, en la fascinante travesía por melodías y cálidas voces, en la corporeidad de nuestros afectos. Vidas escritas con la caligrafía sutil de destinos y devenires.

Relatos de nuestros sentimientos, pensamientos y emociones. Relatos ocultos que se develan a traves de las pequeñas fisuras del alma.

Vidas que se descomponen en otras nuevas y vieja vidas. Ecos de otras no vividas, anhelos de futuras. Infinitas vidas.

Invito a las almas sensibles a compartir historias de vida, de esas "otras vidas".

1 blog de ana. http://lindayfatal.blogspot.com/2008/08/pero-el-silencio-es-cierto.html
(gracias ana. por el poema, queriendo traducir en palabras las sugerentes ideas de la bellísima frase de Alejandra, luché con ideas que revolotearon sin destino durante semanas, tosca inspiración que chocaba entre mi racionalismo y mis emociones)

miércoles, 17 de septiembre de 2008

izquierchas y deredas


Parece que en nuestro amado país, el mundo de las ideas se ha dividido en dos.

Hemos puesto uno o dos cambios para atrás, retrocedido la manecilla de nuestros relojes y con la liviandad con que a veces solemos caracterizarnos, asistir impávidos a la coronación de un maniqueísmo propio de décadas o siglos pasados.

Muy funcional al "gran hermanismo" teleadictivo, al analfabetismo genético de políticos y dirigentes, a nuestra parcial disfuncionalidad creativa.

Cofradía de sabihondos bienintencionados, opinólogos de noticieros matinales, dictadores del "buenismo", exegetas del "pobrismo" 1, mercaderes del "paco mediático" 2, junto a una conspiración de holgazanes del intelecto, trabajan en un caótico plan de amordazamiento del pensamiento, ya no por métodos coercitivos, propios de odiadas tiranías, sino por medio de la corrección política.

Aquella que dice: yo soy bueno pues soy de izquierdas y estoy con los oprimidos y el pueblo y los trabajadores y la "gente" y tú eres un hijoputas (españolísmo muy agradable al oído), porque eres un anti-nacional, porque nos has traicionado, porque eres un aliado de los neoliberales, porque eres un "facho" (todavía vive Mussolini?), porque eres un insensible con la causa popular, porque te vendiste al imperialismo, porque ya no eres como nosotros.

Para aquellos que padecimos la brutalidad del régimen militar, que consideraba de izquierdas todo pensamiento diferente, la bastardización de las ideas, aunque sean de signo contrario, nos repulsa de igual manera.

No sé si este debate es universal o sólo una chapucería de entrecasa. Seguir insistiendo con esta absurda entelequia bipolar abruma a los que detestamos las etiquetas, las simplificaciones y la anorexia intelectual.

La división entre derechas e izquierdas, hija natural de la Revolución Francesa, fue mutando a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX, con una lógica implacable, que barrió con las vidas y las conciencias de millones de seres, entre las guerras calientes y frías de la pasada centuria.

Insistir con esa atrasada cosmovisión eurocentrista (que incluye a EEUU como potente Europa de ultramar) 3, cuando las múltiples realidades objetivas y subjetivas han destrozado todos los paradigmas conocidos (la presente crisis mundial es un mero ejemplo), es caer en una controversia futil, vulgar, reiterativa, simplificadora, aburrida y miserable.

El mundo de las ideas es tan amplio, rico, complejo, versátil, contradictorio o ambiguo, vital, variable, diverso, particular o universal (según el caso), que dividirlo tan arbitrariamente en dos partes hemisfericas, resulta un bárbaro anacronismo, un "non sense", un atentado contra la inteligencia, el coraje cívico y la sensibilidad social.

Me preguntó entonces, como humilde e incompleta declaración de principios.

Si estoy a favor de:
  • La libertad de mercado compensada con modernos instrumentos de regulación estatal.
  • De la inclusión social con políticas públicas concretas y no clientelares.
  • De los derechos sociales y económicos de los trabajadores.
  • De la libertad sindical.
  • Del estatismo indelegable en salud, seguridad y educación (premisa violada sistemáticamente en nuestro país).
  • Del estatismo no exclusivo y competitivo en algunos sectores de la economía. Transporte, energía, recursos naturales.
  • Del incentivo estatal a las pequeñas y medianas empresas como productoras de empleo.
  • De la visión multipolar del mundo como canalizador de exportaciones de bienes, servicios e intercambios culturales.
  • De las alianzas estratégicas entre los dos primeros sectores: el estado y los privados.
  • Del gran aporte del llamado tercer sector para construir y desarrollar valores de ciudadanía (sociedad civil, instituciones religiosas, organizaciones no gubernamentales)
  • De concebir a la globalización como una gran oportunidad con algunas amenazas, no como pura amenaza a combatir, negar o resistir.
  • Del crecimiento económico con equidad social y equilibrio territorial.
  • De los tratados "inteligentes" de libre comercio, que aboguen por la eliminación por parte de los países centrales de sus anacrónicos subsidios estatales, que cierran el acceso a sus mercados de nuestros productos y nuestro trabajo.
  • De una reforma impositiva progresiva, con mayor carga, vía impuesto de las ganancias, a los poseedores de "renta extraordinaria", junto con la reducción de los impuestos distorsivos (IVA, ingresos brutos, a las transacciones bancarias) para beneficio de sectores medios y bajos.
  • De la lucha contra la inflación, sin recesión ni estancamiento.
  • De la construcción efectiva de la Unión Sudamericana, bloque económico, cultural y social, como actor indispensable en el contexto mundial (sin desconocer ni negar las obvias relaciones de poder).
  • De la separación de iglesia y estado.
  • Del dialogo interreligioso, religioso-no religioso e intracultural.
  • Del casamiento entre personas del mismo sexo, con derecho a la adopción.
  • De la despenalización del aborto responsable, tutelado por el estado, sin imposiciones ni abusos a quienes defienden ideas contrarias a este principio.
  • Del derecho libre y personal (no coactivo) a la eutanasia para enfermos terminales o de imposible recuperación.
  • Del valor permanente de los derechos humanos como política de estado. Derechos frente al abuso estatal, para estatal o sectorial.
  • De la división efectiva de los poderes del estado (que en la Argentina es la más decimonónica de las deudas impagas).
  • Del rechazo a "todos" los autoritarismos.
  • De la descriminalización al consumidor de drogas, "combatiendo" las adicciones dentro de políticas sanitarias públicas y gratuitas.
  • De la lucha contra el tráfico ilegal de estupefacientes y al sofisticado lavado de dinero.
  • Del respeto a la diversidad racial, sexual, social, política y cultural.
  • Del rechazo a la pena de muerte, mero acto de venganza que de justicia
Que soy?
De derechas o de izquierdas?
De izquierchas o deredas?

Lo único cierto es que ante tamaña confusión de mi parte y para no pertenecer al mundo puro, noble y bello del progresismo vernáculo, he decidido autoexiliarme del mismo, desensillando hasta que aclare.

1 Rozitchner, Alejandro, filósofo, ver nota en http://www.bienvenidosami.com.ar/v2/articulos/2005_Noticias_UnaVisionPobrista.html
2 Abraham, Tomas, filósofo, en un reportaje del diario La Nación realizado por Paula María Martín el 27 de agosto de 2008. El paco, en la Argentina, es la denominación popular de la pasta base o "crack", droga de bajísima calidad, cortada con productos tóxicos, manufactura básica de la cocaína. Produce efectos irreversibles y/o mortales en muy poco tiempo, causando estragos en los sectores populares, debido a su bajo costo, con la complicidad y aquiescencia de sectores de la política y la policía.
3 Braudel, Fernand, Las Civilizaciones Actuales, Estudio de historia económica y social, Editorial Tecnos, 1986, pg. 400 a 441.

martes, 29 de julio de 2008

ser judío

Que significa ser judío en el siglo XXI.
Para mí.

Que no pertenezco ni institucional, ni socialmente a la comunidad judía.
Que me siento un librepensador feliz por mi libertad, pero incómodo en cofradías, sectas, colectividades, partidos políticos o cualquier otro grupo de firme pertenencia.

Que elegí ser agnóstico, más por circunstancia emocional que por compromiso militante.
Que dios, o Dios o los dioses son motivos de muchas de mis preguntas, pero no única respuesta.
Que decidí casarme sólo por amor (que, gracias a dios, sigo sintiendo) sin el preconcepto religioso o el mandato familiar intenso.
Que para la sociedad formo un matrimonio mixto. (existe acaso el matrimonio homogéneo?)
Que para el judaísmo puro y completo soy un asimilado. Aquel que se perdió en la complejidad del mundo. (o será mejor decir integrado en su belleza y caos)
Que no educo a mis hijos en los preceptos, valores y rigores de ninguna religión. (y que además lo hacemos de mutuo acuerdo con mi mujer)
Que deseo que mis hijos elijan plenamente sus destinos. (o mejor dicho que se dejen llevar por la marea plena de sus devenires)
Que además superé las culpas infantiles y asumí los riesgos y alegrías de la adultez.
Que la Argentina es mi patria, mi hogar, el espacio compartido de mis humores y mis amores.
Que pienso en Israel como una nación judía con derecho a la existencia, pero que no coincido absolutamente con todas sus políticas. Muchas las rechazó y otras las comprendo.
Que anhelo firmemente la creación de un Estado Palestino, vecino y alguna vez amigo de Israel, que reproduzca los siglos de esa maravillosa convivencia religiosa que sólo se dió en la España islámica del medioevo. Vaya utopía.
Que repudio visceralmente el holocausto nazi (así como todos los genocidios), pero que no acepto la postura de (auto) victimización como instrumento social o político.
Que recuerdo con alegría a mi papá y me quebré emotivamente el día de su entierro cuando un rabino habló de mi judaísmo y me ligó a su esencia y su espíritu. La de mi padre. No la del "pueblo judío".

Que significa entonces para mí, ser judío?
Valores, sólo valores.
Libertad, tolerancia, diversidad, belleza.
Palabras que hablan de sueños comunes.
Encuentros, mezclas, compromiso, culturas, misterios, el conocimiento, el otro. Los Otros.

Y una sola creencia:
El pasado como cuenco. El presente como sueño. El futuro como anhelo.

Anhelos de un porvenir más pleno.

jueves, 10 de julio de 2008

la banalidad del heroísmo


En una entrada anterior hablé de "...nuestra proclividad autista a la simplificación ideológica y a la banalidad del heroísmo". Inversión vulgar de aquella banalidad del mal que hablaba Hannah Arendt".

La banalidad del mal remite a una trivialización de la crueldad, una forma de admitir que los extremos de la sinrazón humanas son más "comunes" de lo que estrictamente creemos.
Cuando una sociedad despliega lo "insustancial" de su maldad, la vehiculiza tanto a través de sus normativas, como dentro de su imaginario.

Sin embargo la maldad no es el único objeto social que se banaliza. Existe un concepto inverso a los extremos del mal y sus múltiples variedades.
Próximo a valores más nobles y relevantes como la virtud y la justicia: El "heroísmo".

Una primera aproximación al concepto del héroe, lo tenemos en la Illíada y la Odisea, donde seres especiales con capacidades extraordinarias y en contacto pleno con las divinidades, logran objetivos sobrehumanos o inalcanzables. Son héroes épicos. De Aquiles a Ulises, pasamos del héroe trágico que busca la muerte en la batalla, al héroe astuto que mediante ardides, disfraces y engaños logra un fin más "humano", la supervivencia.

Al acercarnos a una visión más moderna, según Fernando Savater, podemos considerar al héroe como .."quien logra ejemplificar con su acción la virtud como fuerza y excelencia". 1

A su vez "el héroe, a pesar de sus aparentes fracasos, es quien prueba que la virtud es la acción triunfalmente mas eficaz". 2

Indudablemente toda sociedad necesita referenciarse en personajes "heroicos", que expresen la valentía y el desprendimiento personal en aras de valores comunes fundacionales. A medida que los tiempos iniciáticos (revoluciones, independencia) o los hitos traumáticos (guerras, invasiones) van quedando atrás, las sociedades convierten a esos seres comunes enfrentados a disyuntivas excepcionales, en próceres, transformando sus valores e idearios en motivos de aglutinación y convocatoria.

Esos valores "heroicos" no son unívocos y absolutos. Valores en un principio considerados como universales, se parcializan, se sectarizan, se convierten en intereses.
Valores e intereses que inicialmente entran en colisión hacen que muchas sociedades resuelvan sus conflictos, por medio de enfrentamientos y violencia. Pero a medida que las mismas van evolucionando a estados superiores de civilización, esas tensiones se canalizan a través del debate de ideas, la puja de intereses y el consenso, en un continuo, reiterado y creativo marco de desarrollo social, cultural, político y económico.

Pero que ocurre sin embargo, cuando se cuando se banalizan esos valores "heroicos", complejos y profundos. Que suceden cuando sociedades ricas en diversidad, simplifican y trivializan sus "ideales".
Podemos empezar a hablar de una cierta banalidad del heroísmo.
Muchas sociedades se han dejado infiltrar por ese virus silencioso, pero no menos activo. Ceden a al tentación pueril de abandonar el camino de la evolución, un camino menos romántico, pero más efectivo y conducente.

Lamentablemente aún debemos incluirnos en esa categoría.
Estuvo en nuestro pasado, está en el presente, en nuestro modo cíclico de construir "relatos" parciales del mismo.
Abarca también, la visión idealizada y "heroica"de nuestro futuro.
Recorre la acción, imaginaria o real, pero integra también los discursos y el pensamiento de dirigentes y ciudadanos.

Rastreando en nuestro inconsciente colectivo se advierte una propensión viciosa a construir grandes abstracciones idealistas, a admirar trascendentes batallas épicas plenas de principios extremos. A todo a o nada. Como quijotes destemplados. Fuera de tiempo, dentro de otros contextos, otras circunstancias. Eslóganes vacíos que confunden la mirada pasada y envenenan el porvenir.
Construcciones heroicas, pero banales, insulsas, vulgares.

Sobran ejemplos.
Nos (auto) convocamos como adalides en la lucha contra la pobreza, pero ignoramos a esa persona concreta, "pobre", de carne y hueso.

Adoramos las dicotomías totalizadoras, del tipo "liberación o dependencia", pero seguimos esclavos de nuestra incapacidad de resolver complicaciones cotidianas, dependientes de nuestra desmesura.

Le dimos a la patria una equivalencia necrológica (patria o muerte) o una equivalencia por oposición (patria o colonia). El lugar de la existencia por la negación, cuando la patria es la afirmación de sus habitantes, es el lugar para el desarrollo, la creación, la producción y la convivencia. Un espacio común, terreno fértil de oportunidades y esperanzas.

Preferimos elevar de categoría a la "lucha", devaluando la concepción de "construcción". Construcción colectiva, no exenta de conflictos internos o externos, pero inclusiva en su diversidad. La lucha requiere de enemigos, cava trincheras reales o ficticias, necesita la culpabilidad del otro. La construcción requiere de compañeros, de socios, de aliados, del otro al-lado.

Podemos detectar muchos más ejemplos (algunos muy actuales) de esta fascinación por la banalidad del heroísmo, y que confirman esa tensión permanente entre la evolución hacia horizontes más fructíferos y la permanencia en la adolescencia perpetua. Entre ser protagonistas de nuestro desarrollo o permanecer como extras (auto) victimizados.

Destrabar esa sinrazón, derribar las trabas mentales, abandonar prejuicios y simplificaciones, construir puentes de convivencia y ampliar nuestras fronteras culturales son nuestras más apremiantes asignaturas pendientes.

Cierro con dos ideas fuerza para ayudar (nos) a desbanalizar el heroísmo en su doble óptica social e individual.

"En el plano social, más allá de los héroes individuales, la democracia es la realización ético-política mas heroica que se han propuesto los hombres". 3

"Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien". 4

1 Fernando Savater "La tarea del héroe" 1981, pag. 65,68
2 Javier Prado Galan "Fernando Savater, grandeza y miseria del vitalismo" 2001, pag. 157
3 Ibidem, pag. 157
4 Paul Brulat (1866-1940), Escritor francés.

lunes, 7 de julio de 2008

la banalidad del mal


La gran politóloga y filósofa Hannah Harendt (1906-1975) expuso con maestría y proeza intelectual su visión sobre la banalidad del mal 1, a propósito del juicio al criminal de guerra Adolf Eichmann realizado en Jerusalem en 1961 y que concluyó con su condena y posterior ahorcamiento en 1962.

En su libro 2, expuso como, un gris y mediocre teniente coronel de las SS, fue capaz de organizar eficientemente el complejo sistema de transportes ferroviarios que concentró, movilizó y condujo a la muerte en campos de exterminio a millones de seres humanos por el solo hecho de pertenecer a una etnia considerada por el régimen nazi de "subhumana".

Expuso con brutal honestidad que sería más tranquilizador, considerar a los criminales de lesa humanidad como "monstruos","salvajes" o "sádicos", que como personas normales que, siguiendo ordenes estrictas dentro de un régimen totalitario, fueron capaces de ejecutar uno de los planes más siniestros de exterminio masivo que conoció la raza humana.

Y para ello utilizó el termino de banalidad. En español según la RAE: "trivial", común", "insustancial".
Y eso es mucho más espantoso, ya que el "mal" en su máxima expresión, puede ser instrumentado por persona "comunes", "normales", buenos padres de familia, personas respetuosas de la ley.3

La banalidad del mal aparece como una concepción profunda y compleja que interpela como un espejo deformante, nuestra condición humana.

Traje esta pequeña reseña sobre un tema tan trascendental, a los fines de abrir otro espacio para pensar un mal que hace tiempo pienso que nos aqueja. Un virus tan infeccioso como invisible.
Tan argentino.

La banalidad del heroísmo.

1 "La Banalidad del mal", Marcos Santos Gomez profesor de filosofía, junio 2008 (ver enlace en la nota).
2 "Eichman en Jerusalem", Hannah Harendt,
Editorial Cisne, 2006.
3 "Aquellos hombres grises. El Batallón 101 y la solución final en Polonia", Christopher Browning, Editorial Edhasa, 2002.

PD:
El gran aporte que nos legó Hannah Arendt, al analizar el fenómeno del asesinato en masa fue ser la precursora ideológica del Tribunal Penal Internacional. ICC (por sus siglas en inglés). Tribunal encargado de juzgar delitos contra la humanidad (genocidio, crímenes de guerra, terrorismo estatal, etc.)

jueves, 26 de junio de 2008

ser agnóstico

De chico, la idea de Dios me subyugó. Por temor, por respeto, por familiaridad.
Al crecer, las certezas que sostenían mi infancia, se fueron resquebrajando. De grande, me sigo maravillando con todas las preguntas que la humanidad ha venido haciéndose, respecto a su existencia.
O su ausencia. O su muerte. O su renacimiento.
El problema es que ninguna respuesta me satisface plenamente.
Y todas por igual me fascinan.
Pasé como viajero de un tren en continuado por todas las estaciones: creyente, ateo, creyente diferenciado, ateo con dudas. Convencido, indiferente, escéptico, preocupado. Nací judío, reverencié a Jehová, me atraganté de Nietzsche. Creí, idolatré, negué, adoré, rechacé, toleré, acepté, sentí.
Aún sigo de viaje, abriendo mis pensamientos, escuchando a mi corazón, observando, admirando, rechazando, sintiendo, pensando.
No poseo el encanto del misterio propio del creyente, pero tampoco sostengo la fe absoluta del ateo.
La real academia española nos ignora, otorgándonos sólo dos lugares en sus casilleros.
Define al agnóstico como “perteneciente o relativo al agnosticismo”. Dice también que ser agnóstico “es profesar esa doctrina”. Vaya ninguneo!!!
Del griego, etimologicamente, a-gnóstico denota (mediante la inicial alfa privativa) a alguien que se (auto) caracteriza por una ausencia de conocimiento. (gnosis) Conocimiento de la existencia de Dios. Esta (auto) caracterización connota dos situaciones muy diferentes:
Una, la de quien simplemente no conoce de hecho, pero admitiendo que sería posible conocer. La otra sostiene que “no conocer” implica no ser posible para los humanos el conocimiento en cuestión.
Como ven, no hay una visión única, ni doctrina, ni corpus único de ideas. Ni encíclica, ni libro sagrado o sacrílego que la abarque.
Ser agnóstico es mi lugar en el mundo.
Paradojicamente es un no lugar. No dispongo de iglesias, templos, mezquitas o sinagogas que me acojan y me reconforten. Tampoco estoy cómodo en cenáculos o logias absolutamente ateas.
En un mundo de verdades, dudas y fanatismos, ser agnóstico es un desafío.
Y a la vez un milagro.
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