musica esencial


sábado 4 de julio de 2009

¿existe la felicidad para la mujer que trabaja?

En esta última de estas tres crónicas que he decidido compartir con ustedes, dejamos al arlt de la alta política, para disfrutar del arlt mundano, aquel que se acerca a las pequeñas incertidumbres, los pequeños sentimientos y las pequeñas razones de las pequeñas personas. Como nosotros.

¿Existe la felicidad para la mujer que trabaja?

Roberto Arlt 1

Es fina y delgada. Las espaldas ligeramente cargadas. Los dedos manchados de tinta. Un gabancito azul con vueltas de cuello de marinero. Abajo un sueter.
Empleada de escritorio. Veinticuatro años. Se ha sentado frente a mí. Habla.
- ¿Que reserva la vida para nosotras las empleadas?
Escucho.
- A la siete y media me levanto. Salgo de la oficina a las doce. En media hora almuerzo. Luego, otra media hora. Es en esa media hora en que puedo leer los diarios. Leo lo que usted escribe, a veces.
- Gracias.
- Salgo de la oficina a las siete y media. A las ocho en punto entro a una academia donde voy a estudiar inglés. A las nueve y media entro a mi casa. Ceno. Estoy cansada. Me acuesto.
- ¿Sábado inglés?
- Sí. Sábado. Por la tarde de 5 a 6 lección de inglés. El resto del tiempo, arreglar la ropa. El domingo por la mañana salgo de casa. No vuelvo hasta la noche. Mi viaje más lejano: hasta el Tigre y La Plata. Este año fuí a pasar los ocho días de vacaciones en un islote del Delta. En el islote estábamos yo y la famila en cuya casa dormía. Creía en la soledad. He leído que la soledad permite ordenar nuestros pensamientos, ahondar en el sentido de la vida. Fueron ocho días de desesperación. Es la última vez en mi vida que voy a una isla solitaria. Ahora estoy ahorrando para los próximos ocho días del año que viene, en el mes de enero. Quiero estar cerca del mar. Pero entre la gente. La soledad es un horror.
- ¿Novio?
- Uno. Lo dejé hace una semana.
- ¿Por qué?
- Él no podía respetar determinadas creencias mías. Comprendí que no nos entenderíamos jamás. Terminé fríamente con él.
-¿Gustos?
-Me gusta con locura la música. Toco discretamente el piano. Pero no tengo dinero para ir a los conciertos. No tengo tiempo para ir a los conciertos. No tengo dinero para comprar hermosos discos.
- ¿Sueldo mensual?
- Ciento treinta pesos. Cada vez que una va a echar mano a la cartera piensa: "En casa hace falta esto, aquello, lo otro". Cine. Me gusta enormemente el cine. Las películas que una tiene interés en ver se dan en las salas donde la entrada cuesta de 2 a 3 pesos. Hay que esperar a que esas películas lleguen a los cines del barrio. Pero cuando llegan a los cines del barrio muchas veces los cines están lejos de casa. Otras veces me encuentro cansada. El deseo de ver una película se borra en el aire. ¡Hay que levantarse temprano!
- ¿Deseos de casarse?
- No. No tengo ningún deseo de casarme. Pero tengo un deseo a veces incongruente. Un hogar, hijos. Una felicidad. ¿A qué felicidad me refiero? No sé. Quisiera haber nacido hombre. ¿Por qué no habré nacido hombre?
- Los hombres de esta ciudad tienen los mismos problemas que las mujeres de esta ciudad. Por reflejo comparten sus desdichas e imposibilidades.
- Quisiera ser hombre para lanzarme a cualquier parte. Si estudio inglés quizás lo haga con esa secreta finalidad. Ser libre. La definición en cierto modo no es exacta, porque soy libre. Sí, soy libre. Puedo llegar a mi casa a la hora que quiero. Ni mi madre ni mis hermanas me preguntaran donde he estado ni lo que he hecho. Soy libre. Soy libre en la definición externa. Pero en mi interior no soy libre. Observo el espetáculo de las mujeres en redor mío. Ninguna da señales de una auténtica felicidad. ¿Existe la felicidad?
- A veces, sí.
- ¿Profunda, completa?
- Sí, profunda y completa.
- ¿Es frecuente?
- No. Escasa.
- ¿Ve? Eso es lo que pienso yo. ¿En dónde se encuentran los motivos que nos impiden ser felices? Supongamos que yo estuviera enamorada. Seriamente enamorada. Me equivocaría en las cuentas. A veces, cuando me abandono a mis propios pensamientos, reacciono y me digo: "¡Te vas a equivocar..., y si hay diferencia en caja tendrás que pagarla de tu bolsillo!". Supóngase que estuviera enamorada. Mi tiempo libre para dedicarlo al hombre que quisiera no pasaria de dos horas. De 9:30 de la noche a las 11. A las 11 me tendría que ir a dormir. Es decir, un amor a tiempo fijo. El problema se resolvería casándose. Nunca llegaría a encontrar un hombre que ganara tres veces más de lo que yo gano. A lo sumo podria casarme con un empleado que gana 250 pesos. ¿Qué vida cumpliria yo junto a un hombre que no tiene capacidad para ganar sino ese sueldo? Conozco a muchos de ellos. Tienen ideas hechas, cuando tienen alguna idea. No saben hablar de nada que sea serio o importante. Jamás podría enamorarme de un hombre semejante. De allí que estudie inglés. Un idioma es una posibilidad de independencia. Una puerta abierta a otro mundo.
- ¿Se está constuyendo un mundo a base de voluntad?
- Sí, eso. Pero por momentos comprendo que toda mi voluntad accionando es falsa. Que la vida es otra. Que una no puede tolerar que los años se le escapen de entre los dedos sin dejarle entre ellos una sensación de gran felicidad.
- ¿Tan intensa es esa felicidad?
- No es exclusivamente mia. Es de muchas empleadas. Es decir, de muchas mujeres que trabajan encarnizadamente, y que un día, como yo, se acercan a usted para preguntarle un poco ingenuamente:
- Dígame: ¿existe la felicidad para la mujer que trabaja?
"Al margen del cable"
Diario El Mundo
23 de agosto de 1937

NOTAS AL PIE
1 Arlt, Roberto, El paisaje en las nubes, Crónicas en El Mundo 1937-1942, Fondo de Cultura Económica, 2009.

miércoles 1 de julio de 2009

buenos aires, paraíso de la tierra


Si la anterior crónica nos impacta, como bien dice nuestro amigo el Dr. Krapp, por su atemporalidad, la siguiente impresiona por su clarividencia. Escrita sólo dos años antes de la gran catástrofe, cuando Europa soñaba con el elixir del apaciguamiento.


Buenos Aires, paraíso de la tierra
Roberto Arlt 1

A ninguno de los ciudadanos que por la mañana despiertan en esta ciudad y miran por el visillo el humor que muestra la cara del cielo, se les ocurre pensar que habitan en uno de los pocos oasis de la tierra. Es decir, del planeta redondo.
No; no se les ocurre.
Es tan natural despertarse sosegadamente, mirar el reloj, entrar al cuarto de baño, salir, tomar el café con leche, lanzarse a la calle y subir a un tranvía, que semejante rutina hace exclamar, a más de uno, estas palabras disconformes:
- ¡Que vida aburrida la de esta ciudad!
Las únicas ruinas que el habitante encuentra al paso son las promovidas por las piquetas de los subalternos del intendente. El intendente, sea dicho entre paréntesis, parece regocijadamente dispuesto a tirar abajo la ciudad. Por momentos le recuerda a uno de esos funcionarios de las novelas de Anatole France, cuya actividad extemporánea pone de patas para arriba las administraciones más cristalizadas en una deliciosa rutina.
Las ruinas producidas por los subalternos del intendente son los únicos espectáculos catastróficos que salen al paso del habitante de esta ciudad.
Luego paz. La paz muslímica. El peligro en los volantes de los colectivos. Luego la paz. La paz de la noria. La paz del villorrio campesino.
El aficionado a las emociones fuertes tiene que entrar al cine. Ver pasar ante sus ojos los informativos. O leerse las revistas. O examinar las fotografías que publican las revistas. Por supuesto, fotografías de las ciudades extranjeras. Europeas. Un anciano que entra con su nietecito a una farmacia a comprar una careta contra los gases. El nietecito que se prueba la careta, el anciano que sonríe al modo de los ancianos de Cimabue. ¡Gracioso y sumamente edificante!
O una señorita piloteando una motocicleta con doble juego de ametralladoras. O la reina Guillermina leyendo su mensaje al Parlamento: "Para salvar la espiritualidad necesitamos armarnos". O una anciana arrojándose desde un avión en paracaídas y recibiendo las felicitaciones de un cónclave de octogenarios. O un párvulo, mejor dicho una cuadrilla de párvulos despanzurrando a una imaginaria brigada de párvulos enemigos. O una ciudad - esto no es imaginación - hecha materialmente trizas en sus estructuras, después del paseo punitivo de una escuadrilla de aviones enemigos. O un buque de carga tumbado sobre su línea de flotación. O multitudes cargadas de colchones, cacerolas, almohadas, cestos, huyendo de las cortinas de la muerte que avanza.
¿Cuantas formas distintas ha revestido la muerte en las ciudades de Europa hoy?
¿Existe un hombre, un hombre que hoy se haya molestado en calcular cuantos hombres, cuantas mujeres, cuantos niños perecen de muerte violenta, hechos añicos por las bombas, por desplomes, por las granadas, o destrozados por los gases, por los fusilamientos, por el hambre, y por las pestes? ¿Existe un hombre que hoy tenga el coraje de decir: " Vivimos en una de las etapas más acabadas de la cultura científica, asistimos criminalmente impasibles, diariamente, al asesinato cruel de millares de seres humanos inocentes de toda culpabilidad, y nos cruzamos de brazos"?
No existe ese hombre, ni existe ese calculista.
Insisto: vivimos en uno de los escasos oasis del planeta.
La muerte se pasea en Europa y en Oriente con una agresividad de la cual no se guarda memoria en ningún momento de la historia. Las que llamamos etapas bárbaras de la vida de la humanidad son episódicas deflagraciones comparadas con esta feroz asiduidad con que Europa y Oriente se preparan para la carnicería, cuyos estallidos presentes revisten una ferocidad terrorífica, no imaginada por ningún novelista.
Hace veinte años combatían los ejércitos. Hoy, con toda naturalidad, se anuncia que una ciudad será barrida de la superficie de la tierra, con todo aquello que contiene, vivo y muerto. Grande y pequeño. Y la ciudad es barrida, y algunas 24 horas más tarde, los noticiarios se exhiben en todos los cinematógrafos del planeta.
Insisto:
Vivimos en uno de los oasis de la Tierra. Quizá en el mismo Paraíso.
Sabemos que despertaremos en el mismo lecho donde nos tendemos a cerrar los ojos. EL HOMBRE DE EUROPA sabe donde se acuesta a dormir, más no sabe donde despertará. Y si despertará. La muerte, las mil formas técnicas de la muerte violenta están suspendidas sobre su cabeza. Cada día, una espada invisible muerde más y más la cutícula de aquel hilo que sostiene la espada sobre su cabeza. Espada que es la granada, la bomba aérea monstruo, la nube de gases, la lluvia de veneno, la atmósfera de las cortinas bacteriológicas.
Cada país de Europa es hoy un vasto presidio donde las multitudes prensadas entre murallas de cemento preparan a tres turnos, bajo la vigilancia de sus carceleros, los mecanismos que en un momento dado echarán a funcionar para desparramar la muerte y la locura.
Europa trabaja a tres turnos en el preparativo de su suicidio. Tres turnos vertiginosos y cada vez más acelerados. Hay prisa por acercarse a los confines de la muerte definitiva.
Aquí en Buenos Aires, despertamos desahogadamente y nuestra única preocupación es correr el visillo para mirar a través de los cristales el humor que muestra la cara del cielo.
¡ Y nos consideramos desdichados!
"Tiempos presentes"
Diario El Mundo
24 de setiembre de 1937

NOTAS AL PIE
1 Arlt, Roberto, El paisaje en las nubes, Crónicas en El Mundo 1937-1942, Fondo de Cultura Económica, 2009

COMENTARIO DESTACADO

Un espacio para rendir homenaje a los que complementan mis reflexiones
Valeria dijo...

La desdicha de la paz, de los que no tienen una misión, un objetivo, una lucha... que no sea la propia rutina de supervivencia.
La paz como un ideal, que después defrauda con su grisura, con su monotonía, con su liturgia, con su no-sentido. No conocer jamás situaciones límite, que arrancarían gritos de suplica por volver a esa plácida y aburrida repetición.
El mundo animal se mueve muchas veces en ese equilibrio espantoso: Comer o ser comidos.
Los humanos se mueven en otro equilibrio aún más demencial: Destruir o ser destruidos.
La paz significa ahondar dentro de uno mismo, buscarse y buscar al otro, y eso nadie quiere hacerlo.
La convulsión, las guerras, las conquistas, la riqueza... implican siempre acción, la acción vive siempre fuera de uno, y deja una impronta inmortal en el atroz sendero de la historia, una huella que llena de vanidad a sus actores.

3 de julio de 2009 7:08


martes 30 de junio de 2009

también los periodistas...


He decidido transcribir varias crónicas de este último gran periodista, (llamarlo cronista hace más honor a su estatura) novelista e inventor. Tan verdaderamente incorrecto.

Roberto Arlt.

No hay mejor reseña que aquella que se comparte, y aquí va la primera.

También los periodistas...
Roberto Arlt 1

Cuantas veces con Sadi, nuestro cronista de guerra, a su regreso de las trincheras, conversamos de los caminos de España y del horror de los bombardeos. Él, con la pipa humeando en el cuenco de la mano; yo, con un cigarrillo entre los dedos. Recuerdos comunes, paisajes vistos. Madrid, Granada, Zaragoza, la Casa de Campo, la Alhambra...
Ahora, frente a la máquina de escribir, el blanco del papel se extiende ante mis ojos como una alucinación en una llanura nevada. La llanura de Teruel. Nieve. Frío. Podría estar yo allí. Podría estar Sadi en esta comitiva de automóviles que van cargados de periodistas hacia Teruel. Entrecierro los ojos, dejo de escribir...podríamos estar allí cualesquiera de nosotros...
El automóvil corre por el camino de nieve. Tras del parabrisas ahumado de neblina, barbudos rostros de hombres con gorras orejeras y un palo de tabaco consumiéndose entre los dientes.
El auto corre, levantando a lo largo del camino montículos de tierra alcanforada de nieve. Montañitas violetas recortan el cielo, donde palidece un sol de invierno. Es la 1 de la tarde.
A veces uno de los cuatro hombres del automóvil vuelve la cabeza y mira allá, en un recodo del camino, a otro automóvil que los sigue. Son camaradas. En aquél coche vienen el corresponsal de la United Press, un francés de barbita y un oficial nacionalista.
Tras de las gafas, los del segundo coche se sonríen, pensando en la barbita del francés. Tras de las gafas, los del primer coche se sonríen.
Mucho más atrás aún vienen otros tres coches. Pero sus hombres se han retrasado almorzando.
Míster Sheepshanks, míster Neil, míster Phyby y míster Bradish Johnson conversan de la guerra.
Míster Neil, al volante del automóvil, chupa su cigarro y dice:
-Antes de la guerra éstos eran campos de azafrán.
Un estampido sordo es continuado por un redoble de truenos.
-Es importante - murmura míster Phyby.
-Es -rezonga míster Sheepshanks.
-Grueso calibre - murmura míster Neil.
Los cuatro hombres se miran.
- Resisten aún los republicanos - piensa míster Bradish.
Los cuatro hombres callan. Siempre sucede así: se dicen media docena de palabras sin importancia, y luego callan.
Míster Neil señala el arroyo de Celia, cuyas aguas pasan enturbiadas de sangre.
- Aquí se pescaban buenas truchas, dice.
Los cuatro hombres sonríen. Piensan en la satisfacción de pescar a la sombra de un recodo de la montaña en las vacaciones de verano.
Míster Sheepshanks rezonga:
- Si nos vieran los compañeros...
Súbitamente cada hombre piensa en la redacción de su diario. A esa hora las máquinas están inmóviles. Los hombres de la limpieza fregan el piso. Pero cada uno elige su vida, y la de periodista no es la peor.
Una ambulancia pasa rápidamente. Después otra. Después otra. Algunas gotas de sangre quedan en la nieve.
Míster Phyby escupe a un costado. No termina de acostumbrarse a la sangre. Míster Neil, ceñudo, mira siempre adelante. Sus compañeros lo miran a él. Es el hombre más experto del grupo. El que conoce mayor cantidad de horrores. Es tan frío como la misma nieve y más aventurero que Lawrence. Ha estado en Palestina, en Etiopía, en Bilbao, en el infierno. Habla en italiano, en francés, en inglés, en árabe, en castellano. El mariscal Badoglio lo ha condecorado.
Tiene siete experiencias y el cuerpo labrado de cicatrices. Habla poco y tiene el orgullo del periodista moderno: estar junto al fuego donde los hombres fríen la catástrofe.
Los camaradas que lo acompañan también saben esto y también desean imitarlo. O superarlo. El gran periodismo es una especie de pugilato.
Los cuatro " místeres" fuman. De pronto míster Phyby arroja su cigarro y anuncia gravemente:
- No fumaré más. Es dañoso para la salud.
En el horizonte los truenos retumban más cercanos. La nieve refleja un sol de azufre. Pálido y remoto.
- Convengo con Usted que el tabaco es dañoso para la salud - afirma míster Bradish -. Cuando yo dejo de fumar aumento en tres meses siete kilos...
Míster Neil sonríe irónicamente y no aparta la mirada del camino nevado que corre a lo largo de pequeñas montañas violetas. Y en un recodo aparece nuevamente otro convoy de ambulancias. La nieve se tiñe de escarlata. Los hombres del automóvil vuelven la cabeza. Míster Neil murmura:
- ¿Será cierto que han entrado en Teruel?.
- No lo hubieran anunciado - afirma míster Sheepshanks...
- El cañoneo es demasiado intenso para pertenecer a una resistencia en retirada.
En medio de la llanura de nieve yace un tanque desfondado, y el rostro de míster Neil está cada vez más grave. Vuelve la cabeza. A cinco metros de distancia avanza el automóvil donde viene un compañero de la United Press, otro de un diario francés y un oficial nacionalista. Y simultáneamente, los cuatro hombres piensan que el camarada de la United Press no debe venir muy divertido con el francés de barbita, que es corresponsal de la Acción Francesa. El cañoneo es más próximo y duro. Neil cavila. El suelo está marcado de rayaduras de proyectiles.
Neil va a decir algo... Un volcán se abre ante sus ojos y el estampido le vuela los tímpanos fuera de la cabeza. El coche gira sobre sí mismo y se tumba a un costado. En su interior hay cuatro hombres despanzurrados. desangrándose.
Son cuatro periodistas que iban en busca de noticias, que nosotros leemos plácidamente cuando viajamos en el tranvía o arrimados al mantel, en la mesa, durante la hora del almuerzo.

"Al margen del cable"
Diario El Mundo
4 de enero de 1938

NOTAS AL PIE
1 Arlt, Roberto, El paisaje en las nubes, Crónicas en El Mundo 1937-1942, Fondo de Cultura Económica, 2009.

COMENTARIO DESTACADO
Un espacio para rendir homenaje a los que complementan mis reflexiones

Dr.Krapp dijo...

Aparte de su indudable calidad es tremanda su intemporalidad. Podría tratarse de uan crónica de ahora mismo en las calles de Bagdad o Afganistán.

1 de julio de 2009 5:11

sábado 30 de mayo de 2009

contrareseña de un libro que no he leído

Acabo de terminar de leer el excelente ensayo histórico de la investigadora y periodista científica Heather Pringle sobre la siniestra y poco conocida Ahnenerbe: El Plan Maestro Arqueología fantástica al servicio del regimen nazi. En un próximo post ofreceré mis impresiones e ideas al respecto. 1

Sin embargo, esta vez he decidido reseñar un libro que no he leído. Uds. dirán que he enloquecido, que los festejos y agradecimientos por haber atravesado la barrera de los 50 me han trastornado. Es posible, aunque éste no sea el caso.

Como puedo hablar, comentar y recomendar algo que no he leído? Dicho en palabras un poco más íntimas, como expresar emociones no vividas, sensaciones no experimentadas o placeres desconocidos. Pues eso es lo que haré, anticiparme deliberadamente, mostrar la escena ocultada por el telón, el carro antes que el caballo, el deseo antes que su orgasmo.

Deseo referirme pues, a la extraña pulsión que desatamos al elegir un libro. Aquellos que no nos han sido recomendados por nadie, que no hemos conocido previamente en suplemento literario alguno o que simplemente ignorabamos de su existencia.

En un escaparete luminoso, perdido en mal clasificados estantes u oculto entre montañas, marañas y telarañas de libros vecinos, amigables y extraños.

El pasado martes, mientras recorría una conocida librería de Belgrano, lo ví. En el borde de una batea, tal vez esperándo un atento o molesto comprador, imaginando un éxito fulgurante o temiendo ser lanzado a un rincón polvoriento de librería de saldos. (sucias, ópacas, oscuras y extrañas, tan opuestas y atractivas)

El libro que voy a reseñar y sin embargo no he leído, se intitula El paisaje en las nubes Crónicas en El Mundo 1937-1942 de un tal Roberto Arlt.

Compendio de todas las crónicas periodisticas, para ser más exactos 236, escritas por el gran Roberto en clave intrepretativa, publicadas en dos columnas del porteñísimo períodico El Mundo entre 1937 y 1942. "Tiempos Presentes" y "Al margen del cable".2

Qué me atrajo, qué me sedujo, qué me impulso a tenerlo entre mis manos, a desearlo, sin saber nada de él, sin comentario, ni recomendación, ni aliento amigable a leerlo?

Amor a primera vista. Irracional e incomprensible como todos los amores. Sentí que me encontraba ante un gran banquete, esos que la vida nos ofrece a diario y que sin embargo, envueltos en nuestra cotidiana batalla optamos por desperdiciar.

Me atrajo la sensualidad de su portada, un aguafuerte de arlt enfundado en un mapa de europa, el blanco de fondo, anticipo de sus silencios, la extensión de sus más de 750 páginas, (aquellas que me permitirán sumergirme, naufragar y sobrevivir un largo rato) su gordura y espesor, las delicadas reseñas de contraportada de su curadora Rose Corral y su prologuista el historiador Ricardo Piglia.

Estoy atrapado por lo breve de sus relatos, (sólo tres o cuatro páginas) la época en que fueron escritos, (el ascenso de Eisenhower y Hitler, el inicio de la segunda etapa de la gran guerra) la rara mezcla de crónicas urbanas, historias mínimas y no tanto, mixtura de escenas reales y dialogos imaginarios, cables informativos transformados en cuentos relatados, semblanzas de protagonistas históricos en tiempo real, bitácoras de viajes por esa Europa que se iba encallando en la tragedia y la oscuridad, la periferica mirada rioplatense y arltiana.

Textos sobre textos, textos trás de textos, textos entre textos, textos frente a textos, textos sin textos. Relatos, historias, viajes, crónicas, semblanzas, trazos, pinceladas, bosquejos, épocas, situaciones, imagenes. Pura literatura.

Existen misterios confundidos con certezas, raros anhelos disfrazados de complicadas explicaciones, íntimos deseos bañados por audaces justificaciones y mágicas ensoñaciones que se resisten a ser clasificadas cuando por alguna extraña razón hemos elegido tal cosa y no otra. Cuando decidimos girar imprevistamente nuestro destino previamente determinado, cuando la vida se nos abre de sopetón. Como las páginas de un libro que aún no hemos leído.

Invito a mis amigos a acompañarme con alguna experiencia digna de ser compartida y relatada.

Que te motivó a elegir tal libro, disco o película que nadie te recomendó?
Fue su portada, sus letras, algún párrafo interior leído al azar, el título, su contratapa?
Fue la casualidad o ya lo estabas buscando?
Donde lo encontraste, que te atrajo, que esperabas encontrar?

Cumplió o incumplió con tus expectativas?


Ahora los dejo, Arlt me espera. Próximamente volveré con una reseña hecha y derecha. Uyy, perdón se me cruzó un Cabo Trafalgar de don Perez Reverte.
Arlt seguirá vivo a mi lado unos días más.



NOTAS AL PIE
1 Tengo pendientes mis comentarios de libros que he leído antes del Plan Maestro, Arqueología fantástica al servicio del regimen nazi de Heather Pringle. Son Legado de Cenizas, La historia de la CIA de Tim Weiner e Historia de la Palestina Moderna, Una tierra dos pueblos de Illan Pappe.
2 Arlt, Roberto, El paisaje en las nubes, Crónicas en El Mundo 1937-1942, Fondo de Cultura Económica, 2009.

martes 12 de mayo de 2009

un 12 de mayo de 1959


Dicen las malas lenguas que al cumplir 50 años, estaríamos entrando en la mitad de la vida. Todos sabemos que esta es otra de las tantas mentiras piadosas que desde la cuna intentan en vano inculcarnos. Es una flagrante utopía llegar vivos a los 100 años, y aún en condiciones medianamente aceptables, dificilmente aceptaríamos el desafío sin elevar nuestra voz de protesta por lo injusto e indeseable del caso. Es cierto que nuestras madres, y la mía particularmente nos auguraron unos pletóricos 120, pero prefiero dejar esos vaticinios en el arcón de los deseos inconfesables.

Sin embargo, y a pesar de lo absurdo, no podemos dejar de sentir esa ancestral fascinación por los números. Y si son redondos, enteros y terminan en cero, más aún. Obviamente no es lo mismo cumplir 19, 29 o 49 que 20, 30 o 50.

Según el gran historiador francés Fernand Braudel la historia puede ser muy bien graficada como grandes olas que con sus flujos y reflujos van delimitando los llamados tiempos largos que nos permiten apreciar la gran extensión espacio-temporal de las civilizaciones. Y esas grandes olas tienen patrones numéricos: los siglos. Ellos son los grandes metrónomos de la humanidad que nos permiten visualizar las grandes transformaciones, los inmensos escenarios, las rupturas y continuidades de tal o cual cultura, la prevalencia de lo estructural por sobre lo coyuntural y la notable influencia de la geografía en los procesos históricos.

Ocurre que a imagen y semejanza de Braudel, las décadas son para el hombre, lo que los siglos para la humanidad. Y es que los siglos como las décadas nos remiten a ciclos largos y los ciclos naturalmente imponen sus pausas.
Y las pausas son como esos recodos del camino que nos invitan a reflexionar, remansos para volver por un instante la vista atrás, pero también para otear la lontananza del futuro, siempre tan enigmático y cautivante. Por eso, celebramos cada década de nuestras vidas, porque a pesar de su ostensible arbitrariedad matemática sentimos inconscientemente que hemos cumplido un ciclo, que renovaremos en el próximo, aquel al que nos enfrentaremos sin solución de continuidad.

Cumplir 50 años, para algunos es síntoma de que lo mejor si fue pasado mejor aún. Son los que añoran el retorno a aquellos perdidos años de la juventud. Algunos se abandonan melancólicos en un limbo de añoranzas y lamentos. Pero otros deciden rejuvenecerse a cualquier precio. No confundir, por favor, con los maravillosos cambios de la modernidad. Todos hoy sómos aparente y realmente muchísimos más jóvenes y vitales que nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelos a la misma edad.

Me refiero en cambio, a esos que encarnan la absurda pasión por frenar el tiempo y su ausencia, como diría el querido catalán, esos personajes rídiculos y tiernos, que acompañan nuestras vidas, los "pendeviejos".
Y uno los ve por ahí esforzandose día a día, compitiendo con sus hijos, haciendose cuanta cirugía y tratamiento capilar se ofrezca, planchando molestas y reiterativas arrugas, exponiendose a agotadoras maratones metagimnasticas y luchando denodada aunque inútilmente contra los tenaces molinos del tiempo.

Y así silenciosamente vuelve a mis 50, la vigente pregunta del millón: Volver a la juventud: para que? Si tuviera que optar entre mis pasados años dorados y mis futuros oxidados, entre el retorno a lo idealizado pero nunca vivido, opto por el lanzamiento de la flecha de mi destino hacia el blanco misterioso y fascinante del porvenir.

La pausa que define este ciclo, mi primer quincuagésimo, inunda mi ánimo de agradecimientos. Algunos son de perogrullo, que como bien sabemos, son los más comunes pero verdaderos, los más notorios y sin embargo más valiosos. Compartir bellos sueños, amargas decepciones, profundas alegrías, ásperos desafíos, duras batallas, infinitos placeres y largos dolores de parto con la mujer que amo, no es poca cosa a casi dos décadas de convivencia. Gozar, admirar y convivir con cada instante del crecimiento de mis hijos resulta ser otra mágica y maravillosa bendición. Tener, mantener, conquistar, padecer y disfrutar de mis viejos/nuevos amigos, es otra de las recompensas que la vida me ofreció. Sé que para ellos no es tan reciproco, pero así es la vida, un camino de ida.

Aprendí directa e indirectamente, gracias a un gran amigo, que debía salir de la infantil posición que, inducida por amargas vivencias y mi obsesiva idische mame ocupé durante largos años.
Dejar ese lugar cómodo y quejoso de sentirse una víctima del destino, aquella que dice "porque a mi?, que hice yo para merecer esto?". No fue tarea fácil. Abandonar esa cosmovisión, paradojicamente tan egocéntrica, fue uno de los más extraordinarios saltos que dí en la vida. He decidido agradecer sin lamentaciones por todos los dolores, tropiezos, caídas, angustias, malestares y desgracias pasadas.

Circunstancias que me han hecho comprender que todos los manipuladores, estafadores y/o perversos personajes que tuve la suerte de sufrir y padecer fueron puestos delante mío con el imperativo existencial de ser mis maestros. Maestros pese a ellos mismos, maestros que me enseñaron a resignficar mi vida, a rejerarquizar mis valores, a disolver la pulsión dominante de mi ego, a serenar mis pasiones más violentas, a justpreciar la diversidad, la diferencia y la alteridad, a comprender antes que a juzgar. En fin, ayudarme a volver a ser buena persona.

Sigo a los cincuenta sumergido en los cautivantes interrogantes de la divinidad. Dios es una fuente inagotable de preguntas y enigmas más que de respuestas y certezas. Mi cabeza dice que no, mi corazón siente que si, lo que me lleva a fluir en la ambigüedad de un agnosticismo débil, más recostado en los márgenes de la sensibilidad que de la razón.

Que significa para mi cumplir medio siglo?. Pues, que lo mejor aún no llego, que no todo tiempo pasado fue mejor, que mi época sigue siendo ésta, que mantengo vigente el asombro, que gracias a dios, no resisto un archivo, que rechazo los viejos conceptos de izquierchas y deredas, que las mareas suben y luego indefectiblemente bajan, que no debemos confundir valor con precio, que los sueños no son los mismos, pero siguen excitando mi imaginación, que hay mucho nuevo bajo el sol que aún no fue descubierto, que las ansias de aprender no están intactas, sino más fuertes que antes, que las opiniones del otro no deben ser toleradas, sino apreciadas y disfrutadas, que la vida no ha sido dada para agraviarla vegetando, sino para honrarla y merecerla.

Que tengo una misión, trascender mis limitaciones, iluminar los ánimos más oscuros, difuminar el éter con vapores más amorosos y volver a cumplir otra década en los próximos diez años.

miguel sznajderman en buenos aires autónoma, cincuenta años después de un cercano doce de mayo a las doce y treinta horas del año mil novecientos cincuenta y nueve de la era del señor

COMENTARIO DESTACADO
Un espacio para rendir homenaje a los que complementan mis reflexiones.

Un gracias profundisimo para mis nuevos y maravillosos amigos !!!
Amigos para abrazar desde el alma.
Victor Vergara (gato) dijo...

FELICIDADES, amigo Miguel y hombre cuerdo.
Te deseo otros 50, ó 40, ó los que "LA FUENTE" crea conveniente...., igual de productivos (espiritualmente hablándo) en compañía de tus seres queridos.
Volveré con más tiempo para hacer un pequeño comentario acerca del medio siglo. Medio siglo!!!..., suena un poco feo ¿verdad?, je. Sin embargo no son nada. Pasan en un abrir y cerrar de ojos. Y sin embargo ahí quedan, repletos y rebosantes de miles de momentos.
UN FUERTE ABRAZO.
(por mi falta de tiempo, aún tengo que repasar tus últimas dos entradas)

12 de mayo de 2009 18:36Suprimir

ana. dijo...

En un recodo en el camino de los siglos, Miguel, en este remanso de tus reflexiones, celebro la vida con vos, este 12 de mayo, 50 años después, y celebro también la capacidad de asombro intacta y los sueños por cumplir.
Un abrazo

12 de mayo de 2009 21:55Suprimir

Manuel Madrid Delgado dijo...

Feliz cumpleaños Miguel. Me parecen interesantes estas reflexiones sobre como pasa el tiempo por cada uno de nosotros, o como cada uno de nosotros pasamos por el tiempo. En realidad somos tiempo que pasa y los 50 tienen como un halo mítico, porque parece que al llegar a ellos hemos doblado una esquina de la vida, como si hasta llegar a los 50 hubiéramos estado subiendo y luego, desde ahí, comience la bajada, el reflujo de nuestra marea vital. Yo, sin embargo, no creo que los 50 sea el puente de edad crucial que cruza el ser humano. Un buen e inteligente amigo mío me dijo una vez que el cumpleaños más trascendental de una persona es el de los 30 años, y creo que llevaba razón. Porque a los 30 años es cuando se abandona la juventud (por delante, pues, ya sólo queda la madurez: la vejez es una madurez superlativa), se consolidan los proyectos vitales, se estabiliza la vida, llegan los hijos... Es a los 30 cuando se rompe con todo lo anterior y se abre una perspectiva nueva. Los 50 pueden ser un buen momento para reflexionar (¿inaugura en los 50 la vida una madurez reflexiva, un ir viendo lo hecho, un juicio sobre nosotros mismos?), pero en realidad no creo que supongan una quiebra ni una ruptura. A esas alturas de la vida, como tú mismo dejas claro, las cosas ya se tienen claras: a partir de los 30 se deshacen los sueños de la juventud (...la revolución, la rebelión, la utopía...) y los 50 son sólo la constatación de que el escepticismo inaugurado treinta años antes tenía razón.
Bueno, dejo ya el rollo y disfruta de estos días en compañía de los tuyos.
Un abrazo muy grande de tu amigo español.

13 de mayo de 2009 4:08

Dr.Krapp dijo...

Me siento partícipe de cada uno de tus palabras tanto en lo principal como en lo aparentemente accesorio (gracias por acordarte del maestro Braudel). Cumplí 50 el 1 de septiembre pasado y sé de lo que hablas. Muchas felicidades y permítame que te deje aquí mi entrada de aquel día en mi blog del Círculo. Espero que te guste.
http://suicidasperezosos.blogspot.com/2008/09/50-sirenas-en-busca-de-ulises.html
¡¡¡Felicidades!!

13 de mayo de 2009 7:26
Félix dijo...

Estimado Miguel:
Hacía varios días que no abría el blog, cuestiones de trabajo, cuando el viernes, casi sin querer, encontré un articulo nuevo. Por un momento pensé que era una entrada precipitada… una concesión a la galería…pero no…era un cumpleaños… con todo lo que lleva el asunto.
“Hablar de los cincuenta” bien pensado, no es un mal tema de conversación, aunque invariablemente nos puede entrar la risa, tendríamos que recordar qué ocurrió cuando llegaron “los cuarenta” o “los treinta” o “los veinte”.
Seguía leyendo y casi temía que apareciese, de un momento a otro, una ilustración de Doré y a un Jazzmen dirigiéndose, achacoso, taciturno, lentamente hacia el Estigia, con sus monedas en la mano, en busca de Caronte. No me negarás que conociendo tus preferencias literarias, sería lo más apropiado, pero tranquilo, ojalá podamos leer algo parecido cuando lleguen, si llegan, “los sesenta”.
Hace tres años pasé por idéntica situación y en aquel momento sólo tuve un pensamiento: “¡Qué lástima no haber sabido a los veinte lo que sé, lo que dudo, hoy!”.
Y cómo hacer un comentario sin que suene a “topicazo”, a ese: “¡Eh, viejo… pero si estás hecho un chaval!”, realmente me pones en un apuro, porque estoy seguro que, de alguna manera, has hecho un balance y quiénes somos los demás para interferir en tan personal pensamiento. ¿Cómo podemos hablar de la vida callada, de forma honesta, sin conocerla?
Prefiero pasarme y robarte un poco de tiempo con esta carta, compartir un rato de charla intrascendente, seguir pensando que tan sólo somos vino en la bodega, el tiempo nos puede estropear, pero debemos intentar, por todos los medios, llegar a adquirir la mejor de las soleras.
He celebrado tu cumpleaños volviendo a leer “Nathan el sabio” de Gotthold Ephraim Lessing. Un judío, un templario y Saladino, de lo más apropiado.
Lo ves…, era tu cumpleaños, y terminamos hablando de un libro, de libros ¿acaso no son “la medicina del alma”?

Felixidades.
Lamentablemente “el regalo” en es este mundillo virtual suele ser bastante peregrino, espero que te arranque alguna sonrisa. http://www.youtube.com/watch?v=jquWO-0VkII

20 de mayo de 2009 14:49

lisebe dijo...

Internet explorer no me deja entrar en la página mi querido amigo así que ahora que me deja permíteme que te deje mis FELICIDADES!!!!!!!!!!!!!!!!!
por tu cumple, antes de que se me cierre.

Besitos estimado amigo

22 de mayo de 2009 12:50

lunes 27 de abril de 2009

la madre de todos los dolores

On the Threshold of Eternity, Vincent Van Gogh, 1890.

Los medios la definen como el mal de la época. Se hacen congresos, simposios y conferencias a lo ancho y lo largo del mundo, para identificar sus causalidades y proponer soluciones.

Psicoanalíticas, psiquiatricas, religiosas o alternativas.
Se investiga sus complejidades clínicas, sus asociaciones con otras disfunciones, sus componentes universales o localistas, sus variadas patologías. Se dan recetas de manual para prevenirla o se asume su inexorable "modernidad". Se estudia su temporalidad o su cronicidad. Su gravedad según componente etario, económico o social.

Si es el mal de la modernidad, sus causas son socio-culturales y la cura está ligada a resolver cuestiones ambientales, laborales o sociológicas. Si es un trastorno psicológico, lograr el equilibrio psicosomático es la respuesta. Si las razones son de orden químico-metabolicas la única alternativa son los avanzados psicotrópicos. Si es un desequilibrio metafísico, entonces las religiones tienen las respuestas.

Así es como la depresión avanza, domina, invade, asusta, anega.
Por momentos la develamos, mayormente la ocultamos. Es una vergüenza, un oprobio, un malestar insoportable. La lepra del siglo XXI. Disfuncional para toda sociedad productivista y de consumo. Atendamos a los que se bajan del tren, sin detenerlo.
Todas hablan del síntoma, sus trastornos y sus curas. Algunos incluso van más allá y prometen sanaciones varias o alivios circunstanciales.

Sin embargo, poco hablamos de su fantastica capacidad de interpelación del alma humana. Poco nos interesa su componente ontológico-existencial. Apreciamos más su dualismo causa-efecto o síntoma-cura, que su valor como inapreciable herramienta para comprender las paradojas de nuestra humana condición.

La depresión analizada y tratada sólo como una enfermedad anula, uno de sus componentes más fascinantes que es ser una excepcional oportunidad para enfrentar los múltiples y equívocos sentidos de nuestra existencia. El paraqué, el porqué, los como y los conquién de nuestro cotidiano deambular por los caminos de la vida.
Desde ya no trato de relativizar sus intensos dolores, su malestar extremo ni sus más dramáticas consecuencias como la internación o el suicidio.

No hablo por boca de ganso, la he sufrido. He padecido ese dolor único, irrepetible, asfixiante, agobiante y paralizante. La vida se desestructura, el mundo de alrededor pierde sentido, las fuerzas se debilitan, la vida se apaga, el pecho se transforma en un hueco de angustia y desazón. Es la muerte presente y anticipada. Es como una desgaradura atemporal donde todo lo doloroso del pasado y lo temido del futuro se fundieran en un instante.
Desde ya que no critico ni en lo más mínimo las elecciones personales que cada uno pudo o puede adoptar para superar esos trances tan dramáticos.

Lo que me interesa testimoniar es el valor enorme de atravesarla, la maravillosa oportunidad que se nos presenta a quienes padecimos sus efectos y consecuencias.
De ellas rescato el invalorable resurgir de la vitalidad, el gratificante renacer de los afectos, el inconmensurable anhelo por el devenir.
La depresión interpela nuestra propia vida, su esencialidad, su significancia, la errada jerarquización de valores, la matriz eqúivoca del sentido ajeno.

Una vez atravesado el Sinaí, no estoy tan convencido de asociar depresión con el mal; si es evitable o prevenible da lo mismo. Padecerla o simplemente vivirla fue un invalorable don, una experiencia dolorosa, una prueba del destino, más que un insolente castigo divino.
Agradezco haber recorrido sus enigmaticos recorridos, bendigo la oportunidad de resignificar mi existencia, de revalorizar mis afectos y emociones, de reapreciar lo injustamente menospreciado, de disolver estructuras estagnadas que jamás hubieran podido subvertirse de no haberse "deprimido".

Salir de la condición de víctima para pasar a ser protagonista de las disyuntivas que la existencia nos presenta. Dejar la periferia, pero sin ubicarse en el centro nos permite recentrar nuestro lugar en el mundo. O nuestra misión.
Disolver la egolatría, apreciando la alteridad, rejerarquizando valores y prioridades relegados al arcón de nuestros sueños perdidos.
No decir "porque a mi me pasó esto", sino "dar gracias a esto que me pasó".

Agradecer a las personas que te han hecho daño suena ingenuo y hasta reaccionario. Si embargo son "maestros" que la vida te ofrenda para aprender, comprehender, interpretar, valorar y elegir mejor. Descubrir su importancia es una de las consecuencias de tan traumático aprendizaje.
Muchos atraviesan la depresión sin haber aprendido nada de ella, se entregan al alivio momentaneo y optan por seguir sus vidas como si nada hubiera ocurrido. Aunque no lo sepan han vuelto a elegir, optando por retornar a sus vidas pasadas, equívocas, vacías, ausentes de sentido, asfixiantes de egocentrismo.

Salir aprendiendo de la depresión es disfrutar un elixir tonificante, que nos sirve para realizar mejores acciones, valorar más a amigos y afectos, resolver más serenamente las encrucijadas de la existencia, comprender mejor el dolor ajeno, aún el de los más ajenos a la propia vida.
No hay pastilla, ni terapia, ni praxis médica o sicológica que resuelva el sentido de la existencia.
Este es personalísimo, íntimo, profundo y muchas veces enigmático.

Dar testimonio del enorme valor y la grandisoa oportunidad de atravesar el árido desierto de soledad, angustia, desolación, desesperación y abandono que implica la depresión es ayudar a otros que la padecen a desplegar su esperanza y fortalecer su estima.

A dar fe que hay otra vida despues del fin de la propia.

COMENTARIO DESTACADO
Un espacio para rendir homenaje a los que complementan mis reflexiones.

Dr.Krapp dijo...

Una vez más estoy de acuerdo con tus apreciaciones.
En resumen: dichosas segundas oportunidades y la capacidad de salir al sol después de nuestras proverbiales tinieblas.

28 de abril de 2009 7:23