"La vida me enseñó que a veces no es posible seguir agarrado a las cosas hasta que duelan las manos, hay que saber soltar a tiempo, antes que el dolor sea caro para las manos y las cosas." Sammy Szusterman (1951-) argentino, arquitecto y amigo

martes, 20 de julio de 2010

absoluto decálogo de (in)corrección política

(uno) Apoye la corriente dominante de los tiempos y adhiérase incondicionalmente a ella. No se confunda si esa tendencia parece transgresora, ya que no hay nada más correcto y adaptable que un transgresor del sistema. Aunque derechas e izquierdas sean meras cuestiones de lateralidad, vacías y arcaicas, colóquese en una u otra según la conveniencia de época.

(dos)Ubíquese hábil e insobornablemente del lado de los más buenos. Si alguna situación le produce dudas y no admite las divisiones naturales y divinas entre el bien y el mal, invente esa función bondadosa y adjudíquesela a quien más le simpatice. No permita que la realidad imponga su ambigüedad irreverente.

(tres) Imponga al referir a un hecho o circunstancia, o por simple berrinche inteligente, en la medida de lo posible, las conclusiones tajantes, las verdades incontrastables y las certezas indudables. Y si advierte que durante un debate la mayoría discurre por el carril opuesto, cámbiese lo más sutil y silenciosamente posible y vuelva a imponer las conclusiones tajantes, las verdades incontrastables y las certezas indudables... pero opuestas.

(cuatro) Exprese con devoción su amor inclaudicable por la gente. La gente es el todo, el cuenco máximo de toda verdad, justicia y delicadeza emocional. No se le ocurra hacer diferencias socio-afecto-psico-económicas. La gente es una. Todos somos la gente, menos cuando la gente está loca, es corrupta, maneja mal, no tiene valores, no sabe votar correctamente y es tan, tan, tan estúpida.

(cinco) Evite usar adecuadamente el verbo discriminar. Los malos, los poderosos, los reaccionarios siempre discriminan a la gente. La discriminación es mala y punto aparte. Deje sus estúpidas acepciones; diferenciar, distinguir, discernir y tomar distanciar, en manos de esos estúpidos intelecto-emocionales disonantes y distorsivos.

(seis) Enaltezca el pobrismo, o sea la exaltación valorativa de la pobreza. A viva voz declame su amor incondicional por los pobres, los excluidos, los segregados, los humillados. Pero manténgase lejos de ellos y que no se note en demasía.

(siete) Ataque implacablemente la propiedad privada. Si descubren las suyas, tenga a mano la excusa indiscutible de que se las ganó honradamente. Y que sus cuentas corrientes, cajas de seguridad y escrituras de propiedades, ni punto de comparación tienen con las de esos malvados narco-ricachones.

(ocho) Defienda a las víctimas, como si fuera usted mismo una de ellas. Apoye indiscriminadamente toda victimización victimista de cada victima. Ni se lo ocurra cuestionar esa posición. No hay nada más reaccionario que apoyar a una víctima para que deje su condición.

(nueve) Tenga a mano los epítetos de facho, fascista, fachismo, para sacudir como corresponde a todo carcamán retrógrado y repugnante, que usted considere tal. Aunque usted no tenga la más puta idea de quién fue Mussolini y sus camisas negras, la marcha de Roma, la invención del totalitarismo, la hombría exultante, la república social italiana, el inefable Ciano, el corporativismo económico y la bella Petacci.

(diez) Sea tolerante con las minorías sexo-socio-religio-raciales. Sea siempre muy respetuoso de las ideas del otro, de los hábitos del otro, de los gustos del otro, de los valores del otro. Sopórtelos con sonrisa publicitaria, aguántelos aunque los deteste. No exprese ni permita expresar ese desagrado. Y levante sus deditos acusadores, así podrá ocultarse adecuadamente.

(posdatado fuera de decálogo) Condene siempre, siempre, siempre todas las expresiones, ideas y actitudes políticamente correctas. Declame a los cuatro vientos que usted es un incorrecto político, un transgresor, un progresista. Un incorrecto cabal y de puta madre. Bien, bien, bien, bien alejado de ese mal dominante de los tiempos actuales.


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1 comentario:

Félix dijo...

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Espero que reaparezcan los tiempos en que la heterodoxia se tenga en tan gran estima como la ortodoxia, en un presente o futuro puede ser de mucha utilidad.
“En una referencia a un poema perdido de Píndaro se describe un banquete de bodas de Zeus. Durante el transcurso del festejo, Zeus pregunta a los dioses reunidos allí si echan algo de menos en su feliz condición; a lo que ellos le suplican que cree nuevos seres divinos que sepan como embellecer sus grandes obras “con palabras y música”. Esos nuevos seres que Píndaro tenía en su mente eran los poetas y los aedos que ayudaban a los hombres a conseguir la inmortalidad, pues “la palabras a las gestas sobreviven” y “corren, pregonando eternamente, el poema bien hecho”. Los aedos, como Homero, “exaltan las hazañas… en versos mágicos… para hacer el deleite de las generaciones venideras”. No solo relataban sino que también ponían las cosas en sus justos términos.
H.A.

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